Mercosur: independencia y desarrollo

Si alguna cosa se ha puesto en evidencia en el devenir del desarrollo histórico del Mercado Común del Sur (MERCOSUR), es la condición de lucha de clases, muy activa, ahora, en especial con la entrada formal de la República Bolivariana de Venezuela el pasado 31 de julio de 2012 a ese organismo. Desde luego, a diferencias de otras fases de sus más de dos décadas de existencia, en la actualidad, los gobiernos progresistas de esta alianza, -con la excepción del Paraguay-, se encuentran trabajando arduamente en la profundización del tipo de democracia participativa y protagónica que antepone, en todo momento, el interés popular y la soberanía sobre sus recursos, frente a los intereses que le son propios a las oligarquías y rancias burguesías que siguen apostando por la consolidación de una América que navegue en la ecuación golpista bajo la cosmovisión neoliberal. Obviamente, en este momento se trata de relaciones basadas en el respeto, así como en la complementariedad y no en la imposición de normas como las que pretendía, en otrora, establecer el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Todo lo cual demuestra, como bien lo señalará nuestro presidente Hugo Chávez Frías, que hay un mundo multipolar que está emergiendo y que coloca en evidencia el fracaso de la política exterior norteamericana particularmente en América del Sur. Razón por la cual podemos señalar, en sentido más amplio, que de hecho América Latina está tomando conciencia de la necesidad de su independencia.

Al respecto, es importante subrayar que la República Bolivariana de Venezuela no llega con las manos vacía al (MERCOSUR), por el contrario su entrada marca un hito, algo al equivalente a un antes y después. Ciertamente, Venezuela cuenta hoy con las reservas certificadas petroleras más grandes a escala mundial –estamos hablando de 296 mil 500 millones de barriles de petróleo, un poco más de 20% del total de las reservas mundiales-. Igualmente, cuenta con las reservas de gas más grandes dentro de toda la América Latina y Caribeña  -196 billones de pies cúbicos- y además con un modelo de soberanía petrolera que, hoy por hoy, es un paradigma en el Tercer Mundo. Todo ello contribuye para que MERCOSUR con unos 300 millones de habitantes y un Producto Interno Bruto (PIB) anual superior a los Tres Mil Millones de Dólares o su equivalente, se convierta, desde ya, en el quinto bloque más importante del mundo. De allí, el impulso geopolítico y las prerrogativas para materializar las transformaciones sociales, políticas y económicas que reclaman todos nuestros pueblos.

En consecuencia, el MERCOSUR será, sin duda alguna, un esquema puntal en la búsqueda de la diversificación de la industria petrolera y petroquímica y en el uso más eficiente de tales recursos para el desarrollo armonioso de toda la región, sustituyendo, en la medida de sus avances y posibilidades, eficientemente importaciones, generando un mayor desarrollo de las fuerzas productivas a lo interno que le permita reivindicar el bienestar social para dar el salto “del reino de la necesidad al reino de la libertad” como cierta vez lo proclamó Carlos Marx. 

En igual sentido, podemos decir que acontecimientos de esta naturaleza han venido demostrando, por lo menos, en estos últimos años que el multilateralismo, la solidaridad, el respeto a la soberanía de los Estados, la no intervención en los asuntos internos de cada nación, con el fin de impedirle a cualquier Estado el ejercicio del derecho a escoger su propio sistema político, económico y social, y la cooperación regional como estrategia, entre otros derroteros, han sido garantes en el crecimiento y fortalecimiento de nuestros países y, por tanto de nuestra región. Todo lo cual demuestra que América Latina y el Caribe, como nunca antes, camina por la senda de la plena independencia y la soberanía de sus pueblos bajo los esquemas de MERCOSUR, ALBA (Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-TPC), UNASUR, Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, (CELAC), entre otros esquemas patriotas. 

Sin embargo, todavía queda un largo camino por recorrer y una ardua batalla que librar contra las pretensiones imperiales de instaurar en nuestros países los TLCs, entres otras estrategias, con las que intentarán por todos los medios de obstaculizar nuestra unidad y soberanía. Recuérdese que aun cuando en el 2002 se firma en Brasilia el acuerdo Comunidad Andina de Naciones (CAN)-MERCOSUR y en 2004 Ecuador, Colombia y Venezuela ingresan como miembros asociados según los Acuerdos de Complementación Económica de ALADI, tal proceso resultó frustrado porque los gobiernos de Colombia y Perú deciden firmar en 2006 un TLC con EEUU en detrimento de las condiciones comerciales que regían para el esquema de la CAN, todo lo cual obliga  la protesta y salida de Venezuela de la CAN y, por tanto, el Gobierno bolivariano enfila sus esfuerzos en aras de consolidar su ingreso en el MERCOSUR y también el fortalecimiento de otros esquemas como, por ejemplo, el ALBA. 

En efecto, en nuestra América latina y caribeña se evidencia claramente dos posturas antagónica, una de abierta tendencia neoliberal y, si se quiere, en franca correspondencia con el monroísmo, doctrina totalmente opuesta al bolivarianismo y otra de claros signos progresistas que aboga por el manejo soberano de sus recursos y cuyo desarrollo se ha venido expandiendo por el Caribe, Centro América y América del Sur, y es indudable que con el MERCOSUR continuaremos avanzando por la ruta de la soberanía y la unidad verdadera de nuestros pueblos.

Por esto y muchas otras razones, el MERCOSUR, tal como lo ha indicado nuestro presidente Hugo Chávez, “es sin duda la locomotora más grande para garantizar nuestra independencia y acelerar nuestro desarrollo”.

(*)  Profesor    

eleazarmujica14@yahoo.com



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Eleazar Mujica Sánchez (*)


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