La situación de la clase obrera ante la crisis capitalista y las perspectivas del socialismo

RESUMEN

La revolución tecnológica de la computación y la inteligencia artificial ha modificado profundamente la infraestructura productiva de la sociedad contemporánea y las relaciones sociales dentro de ella. El presente estudio propone una investigación de las transformaciones acaecidas a la clase trabajadora en las últimas décadas al hilo del desarrollo capitalista de las fuerzas productivas, para acceder a una comprensión cabal de la actual crisis social y afrontar conscientemente los próximos desarrollos históricos.

ABSTRACT

The technological revolution of computing and artificial intelligence has deeply modified the productive infrastructure of contemporary society and the social relations within it. The present study proposes an investigation of the transformations that have taken place for the working class in recent decades along the lines of the capitalist development of the productive forces, in order to gain a full understanding of the current social crisis and consciously face the coming historical developments.

PALABRAS CLAVE/ KEY WORDS

Capitalismo, clase obrera, desarrollo social, plusvalía, socialismo.

Capitalism, working class, social development, plusvalue, socialism.

Introducción: una propuesta teórica para actualizar el marxismo.

En esta reflexión propongo comprender la dinámica social impulsada por el desarrollo moderno de las fuerzas productivas, a partir de la clasificación de la actividad económica en tres sectores: primario –agrícola y extractivo-, secundario –industrial en sus diversos aspectos- y terciario –abarcando los servicios-. A partir de esa clasificación ensayo una explicación de las transformaciones en la formación social del modo de producción capitalista y las perspectivas de avance humano hacia el socialismo como nuevo modo de producción.

Para esta investigación, voy a establecer el concepto de un desarrollo capitalista de las fuerzas productivas, caracterizado por dos factores: la explotación de una clase obrera proletarizada y la aplicación de los conocimientos científicos a la producción económica. Ese desarrollo es compatible con diferentes formaciones sociales: (neo)-liberalismo, economía mixta bajo un Estado burocrático (Estado del Bienestar, Capitalismo de Estado, etc.), alguna de las cuales podrían constituirse en estructuras políticas que hicieran posible la transición hacia el socialismo bajo determinadas condiciones.

La necesidad del socialismo viene dada por la destrucción de la biosfera, originada por el desarrollo industrial en las últimas décadas, de modo que podríamos definir el socialismo como el modo de producción que hará compatible el desarrollo sostenible de las fuerzas productivas con la conservación de la biosfera terrestre. El capitalismo tendrá que ser superado para garantizar la sobrevivencia de la humanidad y de la vida en los próximos tiempos. Un corolario de esa categorización es considerar que el socialismo no puede consistir en imitar el desarrollo capitalista de las fuerzas productivas, intentando mejorar su eficacia y su productividad, como a veces se ha entendido desde el punto de vista de las instituciones del movimiento obrero, sino en la creación de un desarrollo económico y social completamente diferente.

En tercer lugar, voy a utilizar la categoría capitalismo de Estado, tomada de la formulación de Lenin para denominar la NEP (Nueva Política Económica), caracterizándola por la nacionalización de los sectores productivos fundamentales, (finanzas, industria pesada, infraestructuras, educación, sanidad, comercio exterior, etc.), además de otros sectores en distintos grados según los países (agricultura, comercio interno, etc.), permitiendo en alguna medida la pervivencia de propiedad privada y el funcionamiento del mercado. La NEP volvió a establecer las clases sociales en la estructura social soviética, pero estas no desaparecieron cuando el partido bolchevique decidió terminar con ella. Al liquidar la NEP el capitalismo de Estado soviético se convirtió en una dictadura burocrática, establecida por Stalin con las siguientes características:

a) la burocracia sustituye a la burguesía como clase dominante en sus funciones de dirección, extrae plusvalía del trabajador, acumulando capital para el desarrollo planificado de las fuerzas productivas.

b) el marxismo se convierte en una ideología justificadora, que deja de realizar su función de ciencia social crítica para la emancipación.

c) el comunismo se interpreta como el problema subjetivo del desarrollo de la conciencia, para estimular el trabajo sustituyendo los incentivos materiales (consumo) por morales (solidaridad) (Guevara 2010: 99-100).

El desarrollo económico en la URSS imitó las técnicas capitalistas de producción (taylorismo y fordismo), pero resultó incapaz de introducir la computación en la industria ni en la administración, lastrado por el autoritarismo y el dogmatismo; su hundimiento en la década de los 90 del siglo XX corroboró su carácter subalterno respecto del capitalismo imperialista. Por tanto, resultó errónea la hipótesis del ‘socialismo en un solo país’ que utilizó Stalin para justificar el desarrollo de la URSS –al menos en la variante histórica de ‘socialismo en un solo país en contexto histórico imperialista’, denominación que debería sustituir a la formulación tradicional-.

Como la hipótesis de la II Internacional, de una evolución paulatina hacia el socialismo a partir del capitalismo avanzado, fue destruida por el fascismo en la primera mitad del siglo XX, considero necesario establecer una tercera hipótesis de transición al socialismo para el siglo XXI. Teniendo en cuenta el actual desarrollo de la economía mixta en la República Popular China, capitalismo más Estado, podría considerarse la forma adecuada para la estructura social de un capitalismo pos-liberal. Ante la crisis actual del imperialismo neoliberal, el actual desarrollo del capitalismo de Estado en la República Popular China podría constituirse como primera fase de transición hacia el socialismo, cuya misión consistiría en liquidar la hegemonía liberal, superar el desarrollo capitalista de las fuerzas productivas y establecer un sistema mundial pacífico fundado en la forma republicana del Estado.

Como segunda fase de la transición, se tendría que proponer el concepto de dictadura del proletariado como República Democrática –un sistema político de democracia participativa, sin prejuzgar la estructura económica alcanzada según las relaciones de propiedad de los medios de producción, en parte estatalizados, en parte cooperativistas, o incluso privados en algunos casos-; teniendo en cuenta que el desarrollo socialista solo será posible a través de la lucha de la clase obrera por alcanzar la emancipación, y no por las buenas intenciones ideológicamente teorizadas de la burocracia estatal. Podría considerarse que la República de Cuba constituyó la estructura social que más se ha acercado al modelo de República Democrática, sin llegar a establecer un auténtica democracia participativa.

Consideraciones previas: las transformaciones de la fuerza de trabajo en el desarrollo capitalista de las fuerzas productivas

Expongo en este punto una sucinta explicación de algunas categorías esenciales para la explicación de la economía capitalista según la teoría marxista, que considero necesario actualizar para ser aplicadas a los desarrollos históricos recientes. La dinámica capitalista está impulsada por los beneficios que obtienen los inversores de capital, y éstos vienen determinados por la ley de la baja tendencial de la tasa de ganancia, definida por Marx y Engels en el volumen 3 de El capital. Esa tendencia a la baja de los beneficios se origina en la estructura misma de la sociedad mercantil basada en la competencia, y es causa de crisis periódicas en la economía e ineficiencias sistémicas del orden social –sobreproducción, estancamiento, recesión, etc., con las consecuencias políticas subsiguientes de guerras civiles e internacionales, fascismos, golpes de Estado, etc.-. Los problemas económicos agudizan los conflictos internos de la sociedad, principalmente la lucha de clases por el excedente y su uso social, entre la burguesía cuyo objetivo es restablecer las ganancias del capital invertido y el proletariado que aspira a terminar con la explotación. Estamos atravesando uno de esos momentos críticos de la dinámica capitalista, como se muestra por la depresión económica del centro imperialista, los movimientos fascistas y xenófobos en todo el mundo y el aumento de la tensión bélica internacional con peligro de guerra atómica.

Marx y Engels explican el beneficio capitalista a partir de la explotación de los trabajadores, mediante el concepto de plusvalía en dos aspectos principales: plusvalía absoluta, el tiempo extra de trabajo que el empleador exige a sus obreros contratados, y se convierte en excedente de producción que una vez vendido se transforma en beneficio; y plusvalía relativa, generada por el aumento de productividad cuando se introduce una innovación tecnológica, lo que da origen a ventajas comparativas y la creación de ganancias extraordinarias que compensan la tendencia descendente de la tasa de ganancia. La plusvalía absoluta garantiza la pervivencia del sistema, basado en el lucro del empresario –el beneficio empresarial es la expresión monetaria de la plusvalía absoluta cuando ésta es vendida en el mercado-. La plusvalía relativa determina la dinámica del sistema por la innovación tecnológica y el aumento de la productividad, que permite crear ganancias extraordinarias.

La plusvalía absoluta está garantizada por la existencia del ejército de reserva, la bolsa de trabajadores parados que venden su fuerza de trabajo en el mercado a cambio de un salario; el exceso de oferta de fuerza de trabajo presiona los salarios a la baja, y hace posible el sometimiento de los trabajadores y la producción de excedente del que se apropia el empresario. El ejército de reserva se crea por la emigración de campesinos desde el campo a la ciudad, lo que en determinados momentos históricos se realiza mediante procedimientos coactivos del Imperio burgués. Este proceso voy a denominarlo proletarización, coincide primero con los procesos de acumulación primitiva de capital y posteriormente con la industrialización, y todavía continúa con fuerza en la sociedad contemporánea; la forma en que se produce varía según la historia política de los diferentes Estados y regiones geográficas.

A finales del siglo XX y comienzo del XXI existen todavía enormes corrientes migratorias desde las zonas rurales hacia las metrópolis industriales en todos los continentes. Sin embargo, un aspecto característico del desarrollo capitalista en el último medio siglo ha sido el enorme crecimiento del sector servicios a costa de los demás sectores productivos, con importantes repercusiones en la composición de la clase obrera y su conciencia colectiva. Ese proceso se denomina terciarización, y se distingue netamente del proceso de proletarización. El desarrollo de los servicios o terciarización de la economía se ha hecho posible por la revolución informática, que ha incrementado fabulosamente la productividad del trabajo, automatizando y robotizando la producción industrial. Esto significa que la dinámica de crecimiento capitalista tras las crisis de la primera mitad del siglo XX se ha mantenido fundamentalmente gracias a la plusvalía relativa, generada en el sistema por las innovaciones tecnológicas recientes fundadas en la computación y la inteligencia artificial. Puede observarse también que una vez completada esa revolución tecnológica el sistema ha vuelto a entrar en crisis.

Esa evolución de los sectores productivos imprime características especiales a las relaciones sociales, de modo que nos exige interpretar la estructura social desde esa perspectiva. Las transformaciones acaecidas en la infraestructura productiva durante las últimas décadas en los países imperialistas no han modificado las relaciones de producción entre los trabajadores y la clase dominante, basadas en la propiedad privada de los medios de producción; pero han transformado la estructura productiva –los modos de la apropiación de la plusvalía por la clase capitalista- y hasta la propia naturaleza del trabajo –la relación de la clase obrera con los otros factores productivos, tierra y capital-, originando así la aparición de una nueva formación social capitalista, y condicionando las luchas de clases y la dinámica política resultante.

Por tanto, los cambios que han modificado la composición de la clase trabajadora en el capitalismo han seguido una pauta universal, aun con peculiaridades propias en los diferentes Estados y regiones globales. Esa evolución puede describirse en dos fases, una primera de proletarización, y la segunda de terciarización. Entiendo por ‘proletarización’ el trasvase de fuerza de trabajo desde el sector primario –agrícola, minero, pesca- al sector secundario o industrial –incluyendo el transporte además de la producción de bienes de consumo y bienes de producción, energía y tecnología-. La fase de terciarización consiste en el trasvase de fuerza de trabajo desde el sector industrial o secundario al terciario de los servicios –educación, sanidad, administración, finanzas y comercio, funcionarios públicos, etc.-. Este proceso se caracteriza al mismo tiempo por la educación básica universal y el acceso masivo de la población a los estudios superiores, por lo que también puede entenderse como la cualificación de la fuerza de trabajo.

La vinculación entre terciarización de la economía y cualificación de los trabajadores no parece necesaria, pero en la práctica se produce una cierta correlación entre ambas, por cuanto los trabajos del sector servicios están dirigidos a mejorar las relaciones sociales y aumentar la calidad de vida, y requieren por eso mejores aptitudes intelectuales. Esa evolución consiste la sustitución del trabajador de mono azul por el empleado de bata blanca –por emplear una imagen descriptiva-. La cualificación del trabajo puede entenderse como desarrollo humano, y habría de medirse por los años de estudio de los trabajadores y la aplicación de sus conocimientos en la producción. Del mismo modo en la ciencia social y económica habría de sustituirse el PIB (Producto Interior Bruto) como indicador del crecimiento económico en función de la producción medida en términos monetarios, por el IDH (Índice de Desarrollo Humano) como indicador de las mejoras educativas y la salud de la población.

La automatización ha creado un excedente de fuerza de trabajo en la industria, que se ha derivado hacia el sector servicios, de modo que desde la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días el desarrollo económico ha consistido en la sustitución de los trabajadores industriales, y la cualificación de la fuerza de trabajo para desempeñar tareas en el sector servicios. De ese modo, actividades que permanecían fuera de la organización capitalista de la producción han pasado a realizarse cada vez más como tareas laborales –trabajo doméstico, cuidado de personas dependientes, enfermos, ancianos y niños, salud, educación, etc.-, tareas definidas en la estructura económica regulada por la normativa social. Esto es, el trabajo de servicios, realizado de forma equivalente a la producción artesanal en el pasado, ha pasado a realizarse bajo criterios establecidos científicamente como producción social organizada sistemáticamente. Terciarización y cualificación de la fuerza de trabajo son procesos paralelos y complementarios. Añadir finalmente que la terciarización de la economía ha creado un ejército de reserva completamente nuevo de trabajadores con alta cualificación que no obtienen empleo, y que presionan a la baja el valor de la fuerza de trabajo expresado en el salario, a través de la competencia en el mercado de trabajo.

De la crisis económica a la crisis política del imperialismo

En un principio, el desarrollo del sector servicios vino acompañado de un fortalecimiento del sector público, que llegó a representar el 40% del PIB en el centro imperialista, siendo el 100% en algunos Estados de transición al socialismo. Pero desde la década de 1980, bajo la inspiración del neoliberalismo, comenzó un proceso de privatización que se dirigió primero contra las empresas públicas, y desde principios del siglo XXI contra los servicios públicos. Al mismo tiempo, se produjo una ofensiva económica y política fundada en el liberalismo y la globalización, que eliminó los controles políticos y la planificación estatal dentro de la economía mixta, devolviendo el poder político a la oligarquía financiera internacional. De ese modo, el centro hegemónico del imperialismo agrupado en la OTAN pudo sostenerse frente a las potencias emergentes hasta el estallido de la crisis económica en el año 2008. Entonces se hizo patente lo que ya se podía intuir desde finales del siglo XX: el ascenso imparable de la República Popular China hacia la hegemonía mundial, y el establecimiento en Asia del centro económico mundial.

En España, por poner un ejemplo, la crisis económica y política se manifiesta con especial intensidad, a pesar de que el proceso de terciarización se ha producido desde los años 80 del siglo XX con los gobiernos del PSOE bajo la monarquía parlamentaria. La terciarización de la estructura económica se ha completado en todas los sociedades más desarrolladas, pero ese proceso no ha impedido que intervengan los factores estructurales de la economía capitalista, que conducen a la depresión cíclica del sistema y los conflictos sociales y políticos derivados de las dificultades económicas.

Las políticas adoptadas para superar la crisis han supuesto un duro ataque contra las clases trabajadoras; la depresión económica en los Estados imperialistas está afectando al bienestar de las capas sociales más pobres. Pero la ola de protestas que apareció en la década pasada parece apagada, y las dificultades económicas, lejos de despertar críticas contra la gestión capitalista neoliberal de la economía, han generado movilizaciones de derecha y extrema derecha en la mayor parte de los países de la OTAN y sus satélites. Por lo tanto, la política económica a nivel mundial está desarrollando medidas liberales de modo cada vez más intenso, incluso en países sin estructura económica liberal, y organizados como capitalismos de Estado –China, Vietnam, Bielorrusia, Cuba,…

La crisis económica ha demostrado que la cualificación del trabajo no es una garantía frente a los problemas del desarrollo en el modo de producción capitalista; el optimismo liberal de finales del siglo XX –el llamado fin de la historia por Fukuyama- se ha visto completamente defraudado. Más bien al contrario, en los Estados imperialistas la clase obrera fuertemente vinculada al sector terciario de los servicios está sufriendo gravemente la crisis económica y adopta ideologías contra la razón que ya demostraron su absurdo en el siglo pasado. Esa vía evolutiva propiciada por la derecha radical, que demostró su inviabilidad en el siglo XX con las guerras mundiales, parece destinada al fracaso a tenor de los siguientes acontecimientos históricos:

la superioridad militar de la OTAN no ha sido capaz de imponerse en Oriente Medio, al haberse enredado en sus propias contradicciones –apoyar y combatir el Estado islámico al mismo tiempo-.

el rearme fascista de las sociedades imperialistas es profundamente contradictorio con la racionalidad científica necesaria para el desarrollo humano.

se puede destacar la incongruencia de privatizar los servicios públicos esenciales como educación, sanidad, infraestructuras, transporte, etc., que resultan mucho menos eficientes en manos privadas que organizados por las instituciones públicas.

el desarrollo capitalista de las últimas décadas es inviable a largo plazo por su consumo desmedido y despilfarrador de la riqueza terrestre, que lleva al desastre ambiental y el agotamiento de los recursos.

Los instrumentos ideológicos de la dominación capitalista han sufrido modificaciones importantes a través de la cultura de masas posmoderna y la disolución de la subjetividad mediante los espectáculos y el consumo. Se ha hecho necesario bloquear el desarrollo de la conciencia de los trabajadores cualificados mediante la disolución de los lazos afectivos en la dinámica emocional de masas, para lo que se utiliza eficazmente la tecnología comunicacional moderna –tv, radio, prensa, internet, etc.-. La realidad deviene representación, lo que no está en los medios no existe, y viceversa, es real lo que aparece en el medio de comunicación; como diría Nietzsche, la verdad se convierte en una fábula. Ese proceso consiste en la creación de una sociedad líquida, según una expresión reciente, es decir, una sociedad de masas manipulable a través de la propaganda y la publicidad.

Perspectivas de futuro

Parece difícil que el fascismo, esa representación distorsionada de la realidad, pueda afrontar con éxito los graves problemas que se presentan a la humanidad en el siglo XXI. Por tanto, es cuestión de tiempo que se manifieste con plenitud la hegemonía política y cultural del bloque asiático, ya efectiva en el plano económico. En el movimiento global del desarrollo capitalista comprobamos que la periferia se ha convertido en centro; la larga depresión económica de los países que componen el bloque imperialista, agrupado en la OTAN, contrasta con el gigantesco desarrollo de la economía asiática, que se presenta como centro mundial en el próximo futuro. La crisis actual anuncia el abrupto final de la hegemonía imperialista y la posible emergencia de un mundo multipolar, con cierto predominio de la República Popular China, la fábrica del mundo con el sector industrial más importante de la economía internacional. El crecimiento exponencial de la economía china en las últimas décadas plantea la superioridad de la economía planificada por el Estado sobre la economía de libre mercado, y llama la atención sobre la necesidad de establecer una economía capaz de combinar la planificación pública con la iniciativa privada. Por el contrario, la evolución europea a través del neoliberalismo en las últimas décadas ha supuesto un auténtico retroceso en el desarrollo de la humanidad, lo que ha quedado patente por la depresión económica y el ascenso del fascismo que afecta a los países imperialistas.

China se nos presenta como una República dirigida por las instituciones tradicionales del proletariado industrial –partido comunista, sindicatos, diversas organizaciones de solidaridad social-, si bien esas estructuras se encuentran intensamente burocratizadas, generando una capa social de funcionarios privilegiados. A pesar de que la existencia de un importante sector de economía privada ha desarrollado una burguesía enriquecida con los excedentes de la enorme producción industrial, la dirección política de la sociedad continúa en manos del Estado, especialmente porque no hay un sector financiero privado que domine la vida social con sus intereses particulares. En consecuencia la ley de la baja tendencial de la tasa de ganancias no condiciona el desarrollo de la economía china, que sigue creciendo a ritmos sorprendentes.

La República Popular China es un capitalismo de Estado, por la forma en que se produce el desarrollo de las fuerzas productivas: bajo este régimen se ha producido la proletarización de la fuerza de trabajo china, con millones de campesinos arrancados a la tierra para vivir en las ciudades y trabajar en el desarrollo industrial bajo condiciones de explotación. Y una vez completado con éxito el proceso de proletarización de la fuerza de trabajo, la cuestión principal es que China tiene que dar paso a la terciarización y cualificación de su clase obrera: ¿cómo se va a desarrollar ese proceso? Al mismo tiempo que se incrementa el consumo interno y el nivel de vida de los trabajadores, en detrimento de la exportación y la inversión, la estructura sectorial de la economía china debe dirigirse hacia el desarrollo del sector servicios, especialmente en los aspectos sanitario y educativo.

La Federación Rusa se convirtió en un Estado liberal tras el hundimiento de la URSS, lo que significó el saqueo de su economía por la antigua oligarquía soviética convertida en burguesía capitalista. Tras esa transición al capitalismo liberal, el desarrollo de la economía rusa ha consistido en el proceso de terciarización de la clase obrera, y una vez realizado ese proceso en estos momentos la evolución de Rusia parece mostrar una tendencia a la nacionalización de los sectores básicos de la economía y el predominio estatal de los mecanismos económicos y sociales. Si consideramos que China y otros capitalismos de Estado (India, Corea) deben transitar hacia la terciarización económica, la cuestión es si lo harán tras una liberalización económica como en Rusia, o si existe una vía alternativa hacia el desarrollo de los servicios y la cualificación de la clase trabajadora. La existencia de una vía no capitalista hacia la terciarización es patente en el desarrollo de la República de Cuba desde la revolución hasta nuestros días, si bien todavía permanece la incógnita de su evolución futura.

Para pensar esta situación desde categorías políticas que orienten el proceso histórico hacia socialismo, propongo considerar la República Popular como el inicio de la transición hacia el socialismo, dentro de una etapa histórica que consistirá en construir un orden mundial pacífico y multipolar. Pues solo el final del imperialismo liberal, con sus tendencias inherentes hacia el fascismo, pondrá las condiciones históricas para realizar esa transición al socialismo. En una siguiente fase, la República Popular tiene que dar lugar a una República Democrática donde el proletariado pueda ejercer efectivamente el poder político a través de instituciones de participación y realice la transformación hacia el desarrollo sostenible de las fuerzas productivas.

Ese proceso debe producirse al hilo de la terciarización y cualificación de la fuerza de trabajo en el bloque asiático. Resulta interesante ahora una comparación con el caso cubano desde estos parámetros; para ello, podríamos incluir la esclavitud como una forma especialmente compulsiva de proletarización, de modo que ese proceso se habría dado durante los siglos de la colonia con el desarrollo de la industria del azúcar, mientras que la terciarización y cualificación de los trabajadores con el acceso universal a la educación se ha producido durante el periodo revolucionario desde 1959; en dos fases, caracterizada la primera por su pertenencia al área económica del COMECON, y la segunda por el periodo especial y el aislamiento económico. La crisis provocada por el hundimiento del Bloque del Este y el llamado periodo especial ha profundizado la transformación de la estructura económica cubana en una economía de servicios.

Hoy en día, la distribución por sectores de la economía cubana es similar a la vigente en el Estado español: 4,6% en el sector primario; 26,1% en el secundario; 69,3 en el terciario; el trasvase hacia el sector servicios se ha producido bajo un capitalismo de Estado durante el periodo revolucionario con un éxito reconocido mundialmente en el avance de desarrollo humano, gracias a la educación y la medicina. En este aspecto se muestra la superioridad de la planificación pública, y el modelo social cubano habría de convertirse en referente para la previsible evolución de la República Popular China hacia la República Democrática. Habría que determinar en qué grado la planificación pública debe ser completada con la iniciativa privada para alcanzar la eficiencia, y en qué sectores económicos y productivos; pero como ha subrayado la revolución cubana, el desarrollo de la conciencia colectiva y personal es una condición para conseguir una planificación pública consistente.

El capitalismo es inviable por su consumo despilfarrador de recursos escasos del planeta Tierra y su destrucción del medio ambiente y los ecosistemas vivos de la biosfera. En cambio, la República de Cuba ha conseguido un desarrollo humano similar a los países imperialistas con gastos de consumo bastante menores. Es decir, mientras la racionalidad capitalista se basa en la eficacia, medida por el incremento del PIB, la racionalidad socialista se basa en la eficiencia, medida en ahorro de recursos. El factor decisivo es la actitud hacia lo público, si entendemos que la riqueza terrestre es un bien público de toda la humanidad, incluida la futura. El enlace entre lo público y lo privado se encuentra en la actitud personal hacia la justicia. Debemos entender esto como la versión moderna de la filosofía práctica clásica, que consideraba la complementariedad de la ética y la política, y que en la tradición filosófica cubana aparece compendiada en el apogtema de Luz y Caballero recogido por Cintio Vitier: ese sol del mundo moral, la justicia.

Como el español, el caso cubano muestra que los progresos en la cualificación de los trabajadores no son garantía para alcanzar mayores niveles de consumo y riqueza material; sin embargo, más allá de las insatisfacciones que puedan ser resentidas por la falta de consumo, el acceso a la cultura parece proporcionar a los cubanos un alto nivel de satisfacción en el plano del desarrollo personal y las relaciones sociales. En mi opinión, con las críticas que quieran y puedan hacerse a los errores que se hayan podido cometer, Cuba ha mostrado el camino del futuro, pues su hazaña histórica de resistencia antimperialista ha sido coronada con la superación del periodo especial. Ante la crisis ambiental que se avecina en el siglo XXI, es posible que el futuro de la humanidad sea una especie de periodo especial generalizado con el agotamiento de la riqueza terrestre, y la gesta cubana nos brinda la esperanza de que ese difícil momento previsible pueda ser superado con éxito. La condición para ello reside probablemente en una estructura equilibrada y justa de relaciones sociales, que venga acompañada por un alto grado de conciencia política. Debemos pensar la República Democrática a partir de la experiencia cubana, intentando mejorar el modelo histórico que nos ofrece.

La República de Cuba puede proponerse como modelo de desarrollo para los procesos de cualificación que deben producirse en Asia a lo largo del siglo XXI. La clave del asunto consiste en que el conocimiento deja de ser valor de cambio en una sociedad justa y orientada hacia el socialismo, para ser considerado como una cualificación para servicio público. Eso significa que el conocimiento debe considerarse un valor en sí mismo, como una vocación humana que nos permite el desarrollo personal, deseado por sí mismo independiente del mercado y de las remuneraciones. El reconocimiento social y la satisfacción personal tienen más valor que los incentivos materiales, de modo que se desarrolla el lado espiritual de la personalidad humana. Por otro lado, se produce una desvalorización económica del trabajo intelectual, que recibe remuneraciones inferiores a los trabajadores por cuenta propia en otros empleos que envuelven esfuerzo físico.

Conclusiones

La actual coyuntura histórica se caracteriza por la confrontación entre el centro imperialista y las potencias emergentes de Asia, con la previsible victoria de éstas y la constitución de un orden mundial multipolar. Sin embargo, la República Popular China, después de haber afrontado con éxito la industrialización económica y la proletarización de la población, tiene por delante el proceso de terciarización de su economía, desarrollando la educación y la sanidad, además de otros servicios públicos. La República de Cuba puede mostrarse como un ejemplo no capitalista de terciarización y cualificación de la fuerza de trabajo, que podría ser desarrollado en China, y esa parece ser la intención de las nuevas medidas políticas del PCCh. Existe, no obstante, el peligro de una burocratización autoritaria, que también se manifiesta en la República de Cuba, como problema importante del desarrollo social y fuente de desequilibrios sociales.

BIBLIOGRAFÍA

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MANDEL 1979, Ernest. El capitalismo tardío, México, Era, 1979.

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