La atomización, pérdida de fuerza del trabajador

Resulta tragicómico, indignante, risible o no se como definirlo, ese discurso lleno de arengas cargadas de odio, contra quienes se oponen a prolongar la vida de lo que debe morir, para dar paso a la nueva criatura que pugna por nacer. Nos referimos a los textos que circulan por la red a propósito del momento crítico que vive el trabajador venezolano desde el punto de vista de su organización como o clase, como locomotora que impulsa el vagón del desarrollo nacional.

Con la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, en los albores del 23 de Enero (Jornada victoriosa del pueblo y secuestrada por la mafias politiqueras de la oligarquía nacional), el trabajador venezolano tuvo una esperanza, vio una luz al final del túnel y se creyó que a partir de entonces la unidad proletaria forjaría la nueva fuerza revolucionaria que requería la patria en ese momento histórico para emanciparse como clase de una vez por todas, pero la injerencia partidista frustró esa oportunidad y el movimiento de los trabajadores fue secuestrado por los bonzos que se enquistaron en feudos denominados sindicatos, federaciones y confederaciones, para junto a los patronos evitar la emancipación proletaria y el avance hacía la Venezuela socialista y soberana soñada por las nuevas generaciones.

Luego vino el letargo de 40 años, durante los cuales se impuso, la justicia amañada, la cabilla y el sicariato contra los fundadores de la Central Unitaria de Trabajadores de Venezuela (CUTV) liderada por Horacio Socott Power, Cruz Villegas, Miltiliano Torín, Elisaul Puchi, Carlos Delvechio y otros, quienes con conciencia de clase insurgieron contra las mafias, nos dejaron aleccionadoras enseñanzas históricas que no deberiamos olvidar en estos momentos, cuando se necesita la reorganización y unidad de clase para convertirnos en motor de la revolución socialista, pero con alma y corazón, no con franelas y gorras rojas, que solo sirven para solaparse los verdugos del proceso y como en la tauromaquia engañar a la víctima.

El letargo impuesto por la oligarquía y los lacayos del Departamento de Estado y el capitalismo mundial, que en su turno ocuparon el Palacio de Miraflores, icono del poder político, fue interrumpido con la irrupción en la arena política del autor de aquel histórico “Por ahora”, como líder de la rebelión patriótica del pueblo joven en uniforme, aquel 4 de Febrero de 1992, el Comandante Hugo Rafael Chávez Frías, líder de la revolución bolivariana.

El fenómeno Chávez, acabó con la partidocracia que en el intento de cerrarle el paso a sus aspiraciones presidenciales, en las elecciones del 98, conformaron el TOCOCHA,(Todos contra Chavez) nucleados alrededor del inefable “Frijolito” Enrique Salas Rommer, connotado falangista carabobeño, que se convirtió en el anti Midas para el bipartidismo, porque fue la última contienda electoral, donde participaron como fuerzas políticas mayoritarias, de allí salieron pulverizados, con la paliza que les dio el pueblo que apoya a Chávez.

Los restos putrefactos de esos feudos, cavaron su fosa con la alianza criminal del 11 y 12 de abril de 2002, con la mafia empresarial, atrincherada en Fedecámaras, para dar el golpe de Estado, intentar asesinar al presidente y luego cometer esa fechoría de alta traición a la patria, como lo fue el criminal paro petrolero, que costó al país cientos de vidas humanas de todas las edades y 20 mil millones de dólares a la economía nacional.

Pero la euforia del triunfo, llevó a los líderes honestos a olvidarse del movimiento de los trabajadores como célula fundamental para alimentar el cuerpo de la revolución y, los SOMBIES de las estructuras sindicaleras de la IV República cobraron vida y aquí los tenemos de nuevo contaminando a este segmento de la sociedad.

Como buenos camaleones cambiaron de ropaje y aún cuando el colorcito les causa urticaria se forraron en rojo para colarse y acercarse a las instancias del poder.

Entre esa regata de pescadores en río revuelto, los herederos y herederas de la IV República, lograron establecerse y crearon sus parcelas para seguir dividiendo y traicionando a la clase trabajadora.

La Unión Nacional de Trabajadores (UNT) con todos los defectos heredados, nace con asomos de dar el debate nacional en busca de los derroteros que puedan marcar una direccionalidad al movimiento popular venezolano. Allí surgieron las divergencias, más individuales que ideológicas y hubo los desprendimientos.

Pero ahora la situación se complica y la clase se divide más con el acto de Vargas, avalado con la presencia del Comandante Chávez, que de buena fe lo hizo con la finalidad de hacer el llamado a la unidad del sector, pero eso fue aprovechado para legitimarse quienes están siendo cuestionados por los trabajadores y posicionarse en un reparto burocrático complaciente, que tiene más puestos que el Consejo de Seguridad de la ONU, para continuar secuestrando las libertades sindicales.

Ese mismo día la UNT marchaba reclamando debate nacional, nueva Ley Orgánica del Trabajo y Ley de los Consejos Socialistas de Trabajadores, que están engavetadas en la Asamblea Nacional, producto de los intereses adversos que allí hacen vida, incluso en la fracción pesuvista.

Frente a esta realidad se requiere la unidad y conciencia de la clase trabajadora, para desenmascarar a quienes se bañan de revolución, pero solo con la intención de buscar poder para su beneficio y proyección personal, como ha ocurrido en muchos espacios con el llamado “control obrero”. No nos llamemos a engaños Comandante, la unidad de la clase trabajadora y sus líderes tiene que ser producto de un gran debate nacional, mediante la convocatoria de una constituyente, donde se discutan nuevas formas organizativas, nuevos fundamentos ideológicos acordes con la realidad actual. No basta con buenas intenciones, necesarias son las buenas ejecuciones.

Sin conciencia de clase no hay organización sindical, sin probidad, humildad, solidaridad y amor no podemos tener un movimiento popular consistente, fuerte, disciplinado. No podemos repetir los mismos errores del pasado, santificando bonzos para que nos traicionen. Debemos apostar a la verdadera unidad popular, porque la atomización es la pérdida de fuerza del trabajador.

Periodista

CNP 2414 cd2620@gmail.com cadiz2021@yahoo.es


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Cástor Díaz*

Periodista CNP 2414

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