Obama, Gaza y la nueva coyuntura

El imperio, justo cuando se despeñan al abismo su economía, sus aventuras
coloniales, su liderazgo, el consenso doméstico y las certezas en que
sustentaba la hegemonía, intenta empujarnos a la autocomplacencia ante la
asunción de la presidencia por Barak Hussein Obama. Es precisamente la
catastrófica coyuntura lo que forzó a los mandamases de la nueva Roma a
aceptar que alguien relativamente ajeno al círculo de los elegidos, surgido
del activismo comunitario, con inusitada simpatía popular y, para colmo,
mitad negro y de padre musulmán, llegara por primera vez al más alto cargo
gubernamental. El enroque en la Secretaría de Estado de la aspirante blanca,
rubia y anglosajona a la presidencia, que junto a un equipo de veteranos
servidores del sistema garantice la continuidad, no impide que el flamante
mandatario tenga licencia para dar a sus palabras un tono conciliador,
crítico de algunas prácticas anteriores y una dosis de realismo, siempre
que, como se verifica en su discurso inaugural, no se aparten del canon de
nación elegida para regir el destino del planeta y ensalcen su historia
belicista. Pese al hecho notable de que alguien de su origen ascienda tan
alto, es más cuestión de imagen que de sustancia.

Como el Supermán de las tiras cómicas, al margen de la realidad social, y de
los límites que le imponen ser prisionero, y producto, de las rígidas reglas
del capitalismo y de la estructura del poder estadunidense, según el patrón
mediático debemos cruzarnos de brazos a esperar por los milagros que hará el
nuevo inquilino de la Casa Blanca. Suplantadas en los televisores de un
plumazo las dantescas imágenes dejadas por años de férreo bloqueo,
represión inmisericorde y casi un mes de ametrallamiento de Gaza “en vivo y
en directo” por las del espectacular show de toma de posesión del nuevo
mandatario, la consigna es portarse bien.

Entre la absoluta impunidad que, con la incondicional aprobación y apoyo de
la elite estadunidense –republicana y demócrata- Israel ha ejercido su
barbarie inaudita, y la infundada idea de confiar nuestro destino a la
ejecutoria de un solo individuo podemos discernir el mensaje del sistema
dominante. En el campo simbólico no puede ser más gráfico: no habrá
clemencia con los que disientan. Y dónde sentar mejor el precedente que en
Gaza, corazón de la identidad, los anhelos y el indoblegable espíritu de
lucha palestinos; ejemplo, por su insignificancia territorial, su insondable
miseria material y carencia de armas para defenderse, de la posibilidad de
los pequeños e inermes de resistir frente a las armas más modernas y los
métodos más crueles.

La oportunidad escogida para dar una lección a Gaza no es fortuita. Quienes
se han enriquecido y apoyado su poder con el fraude electoral, financiero,
empresarial y guerras justificadas con burdas mentiras a expensas de hundir
en un agujero negro la economía mundial y hambrear a cientos de millones,
ahora temen la insubordinación generalizada. Irak, Afganistán, Líbano,
Nepal, Grecia, la emergencia en América Latina de novedosas alternativas y
una voluntad de integración que acoge a Cuba con todos los honores,
anuncian la reacción, que podría multiplicarse, contra un sistema de
explotación y depredación sin precedente, sustentado en el creciente terror
de Estado.

Salpicada su investidura por la sangre palestina, Obama no ha proferido una
frase que lo distancie de quienes la hicieron derramar y juegan
festinadamente con la paz mundial. Su perdón anticipado a los crímenes de
Bush y compinches refuerza la impunidad para los que detentan el poder, como
ha escrito el premio Nobel Paul Krugman, y mina la esperanza de quienes
confiaban en que el nuevo ocupante de la oficina oval honrara su juramento
de defender la Constitución.

La situación que enfrentará el nuevo gobernante, en casa y en el mundo, es
mucho más grave de lo que se reconoce por sus causantes y puede suponerse
que lo haga reajustar la magnitud de las ambiciones hegemónicas de su
antecesor. Pero por más que atempere sus modales, retórica y escala de
acción, el imperio no cambiará su naturaleza agresiva, depredadora y
expansionista.

aguerra_123@yahoo.com.mx


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Ángel Guerra Cabrera

Periodista, profesor en Casa Lamm, latinoamericanista, romántico y rebelde con causa. Por una América Latina unida sin yugo yanqui. Vive en México, D.F.

 aguerra21@prodigy.net.mx      @aguerraguerra

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