El manual de la estupidez diplomática

En un escrito mío, publicado hace varios días, afirmaba que cuando el gobierno de los Estados Unidos designaba a un embajador en un país poseedor de grandes volúmenes de materia prima que a ellos le interesara (es decir, ¡el mundo entero!) debían conocer en detalle el “Manual del Golpe de Estado” para aplicarlo adecuadamente. Debo disculparme, porque no incluí el “Manual de la Estupidez Diplomática” que Brownfield está aplicando acorde con su contenido. Mi disculpa la expreso porque este funcionario estadounidense también lo hizo.

“El embajador de Estados Unidos en Colombia, William Brownfield, dijo ayer (26/02/08) que se ha disculpado con las autoridades de Bogotá por haber provocado un impasse con Venezuela por unas declaraciones que formuló recientemente sobre el tráfico de drogas por ese vecino país. No me disculpo por las palabras, porque las palabras emitidas representan la posición, las opiniones, las decisiones del gobierno que represento yo, pero sí me disculpo, por supuesto, por haber causado un momento sensible y complicado para el gobierno anfitrión, al gobierno ante el cual estoy yo acreditado”, dijo el embajador ante periodistas en la Cancillería tras un acto protocolar.

Agregó que “un diplomático tiene la obligación de no causar problemas entre el gobierno ante el cual está acreditado y otros gobiernos, por eso me disculpé la semana pasada; me disculpo hoy y si es necesario me disculparé otra vez”. Le queda pendiente explicar por qué nunca se ha disculpado con Venezuela por la sarta de declaraciones falsas que emitió cuando fingió su cargo (perdón, fungió) en nuestro país, ya que cada vez que emitía una opinión buscaba incrementar los problemas de Venezuela con su propio país y el resto del mundo; todo ello para justificar la aplicación de “sanciones económicas” que les permitiera recuperar el control sobre nuestro petróleo.

Las declaraciones sobre el supuesto paso de grandes volúmenes de droga a través de Venezuela, rayan con una estupidez que no se sabe si le es propia o considera que la condición de desprecio que siente por esta región la hace implícita a nuestra idiosincrasia. Es propia de la prepotencia de que “si yo lo digo, es cierto”. El gobierno venezolano ha desafiado al estadounidense en diferentes oportunidades para que compruebe ante organismos internacionales la veracidad de sus acusaciones y éste no ha podido ratificarlo. A pesar de ello continúa aplicando las teorías de la propaganda política de aquellos a quienes combatieron, los cuales afirmaban que si una mentira se repite mil veces, se acaba creyendo que es verdad.

Parafraseando a Brownfield, puede afirmarse que el ataque mediático de Estados Unidos contra Venezuela no se ha multiplicado en los últimos meses, es la explosión de una “bomba sólo mata revoluciones”, recargada con mentiras cuyo estiércol ya bañó a Colombia y tiene “empatucado” al embajador y su gobierno de turno que en los estertores de su agonía alarga su brazo criminal tratando de arrastrar con él a todo cuánto pueda; sin importarle si para ello es necesario destruir el mundo que lo rodea, porque “si no es para ellos, no será para nadie”. ¿Mentirá también cuando sea llamado a declarar en su país, una vez que culminen sus funciones y sea juzgado junto con el resto de su pandilla, por los daños económicos causados a su nación?

luiserangel@hotmail.com


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Luis E. Rangel M


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