La lucha entre el conocimiento nacional y neocolonial

En esta indignante coyuntura que sufre el pueblo venezolano, cruzada de traiciónes, y retrotraída la nacion a la condición humillante de colonia del decadente imperialismo norteamericano, se debe, entonces, tener el suficiente coraje para aceptar que esta es la nueva realidad que estamos atravesando, lo que requiere producir un conocimiento y una filosofía de la liberación para que no nos engañemos nosotros mismos, pensando que nada ha pasado, porque lo verdaderamente real, es que ya nada es igual, todo cambió, y desafortunadamente, por ahora, no ha ocurrido para benéfico del pueblo. 

El coraje, entonces, pasa por abandonar el confort de convicciones cómodas. Debe partir por reconocer la situación de precariedad en que estamos viviendo. Pasa por aceptar que la confusión y la incertidumbre nos impiden ver el tamaño del problema y por ende identificar una alternativa para salir de este laberinto. La incertidumbre y la confusión son los signos predominantes en la sociedad venezolana. El coraje  consiste también, en tomar distancia de cualquier solución que no rompa con el capitalismo. 

El coraje debe basarse en un pensamiento propio, nacionalista revolucionario que oriente las acciones para volver a ser un país, independiente, soberano de justicia social y libertad, porque eso hoy lo hemos perdido, y desgraciadamente, fueron venezolanos tanto de izquierda como de la derecha, los que más contribuyeron para que hoy volvamos a ser un país siervo de los intereses imperialistas norteamericano. 

Entonces, el coraje revolucionario hoy en Venezuela se resume, en la aparición de un conocimiento dialéctico que a su vez, ayude al nacimiento de la voluntad unitaria con metas organizativas claras que conduzcan a la construcción un movimiento emancipador, por ejemplo, de una Junta Patriótica de Salvación desde donde la furia y el arrebato que produce el malestar y la desigualdad social neocolonial, se articulen con una perspectiva utópica, con un programa político, desde el cual se organice el nuevo poder, el nuevo estado socialista comunal, la nueva sociedad de productores libremente asociados.

 Los seres pensantes y decentes,  que afortunadamente son muchos en la sociedad venezolana, hoy están obligados a buscarle respuesta a viejas y nuevas preguntas: ¿Puede la sociedad venezolana funcionar sin ser gobernada por alguien situado por encima de ella?. De acuerdo a Thomas Hobbes, no es posible. El pensador sostenía en su obra el Leviatán, que el hombre tiene un innato anhelo por el poder, que hace que el hombre se erija en lobo del hombre, «Creo -decía- que existe una inclinación general en todo el genero humano, un perpetuo y desazonador deseo de poder por el poder, que sólo cesa con la muerte». Éste creía que, debido a este innato anhelo de poder, la vida anterior (o posterior) al Estado constituía una «guerra de todos contra todos». Es por esa razón, afirmaba,  que la sociedad se veia obligada a aceptar ser dirigida y gobernada por un jefe fuerte que procurase el bien para todos, o un instrumento político como el estado en el cual depositaría la autoridad a cambio que le garantice protección.

En este sentido, también nos parece pertinente revisar a Enrique Dussell cuando dice que: 

"La corrupcion originaria de lo político, que denominaremos el fetichismo del poder, consiste en que el actor politico (los miembros de la comunidad político, sea ciudadano o representante) cree poder afirmar a su propia subjetividad o a la institucion en la que cumple alguna funcion (de allí que pueda denominarse "funcionario") -sea presidente, diputado, juez, gobemador, militar, policía, como la sede o la fuente del poder politico. De esta manera, por ejemplo, el Estado se afirma como soberano, ultima instancia del poder; en esto consistiria el fetichismo del poder del Estado y la corrupción de todos aquellos que pretendan ejercer el poder estatal aSl definido. Si los miembros del gobierno, por ejemplo, creen que ejercen el poder desde su autoridad autorreferente (es decir, referida a sl mismos), su poder se ha corrompido.

Cabe, asímismo, preguntarse, ¿Es suficiente, entonces, conque las revoluciones proletarias se limiten a negar el capitalismo y la propiedad privada, creyendo que eso sólo sería sufiente para terminar así con la alienación que generan las lógicas del capital sin extender la misma negación al nuevo estado?

Pero, a pesar de las hobbesianas premisas, y asumiendo las advertencias de Dussell, cabe la esperanza, que lo más pensante de la sociedad venezolana, se atreva en las actuales circunstancias históricas, romper “las cadenas forjadas por la mente” para superar un estilo de vida impuesto, convertido en la peste de este tiempo, como lo es el capitalismo que estamos viviendo, el cual se desarrolla en el sendero de una inclemente noche de todos los diablos. Porque no hay nada más  ensordecedor y que enturbia el entendimiento y la capacidad de imaginar experiencias nuevas de vivir, que la cansada civilización del capital. 

Es precisamente, la crisis del sistema del capital de características subrayadas por una infinita maldad que se aleja cada vez más de lo humano alterando así la naturaleza humana. Por tal razón, necesitamos sacar la dialéctica de los callejones académicos y burocráticos y traerla a la realidad concreta de la vida cotidiana y en ese lugar reunir lo ideal y lo real como el material para construir un mundo nuevo.

Hay comportamientos de este sistema (el capitalismo) que llegan a un verdadero paroxismo del horror (el genocidio del pueblo palestino por Israel y las matanzas en algunos países africanos) Nada en este sistema se muestra claro, todo es tan morboso como confuso, y no se sabe con certeza si se encuentra atravesando una crisis terminal, o si mas bien, se abastece, con estos crimes de vida nueva. Hay ocasiones, en las cuales, los mitos y leyendas nos informan, aunque la ciencia se resiste a admitirlo, que los muertos pueden también andar… el capitalismo es una de esas ocasiones. Por tanto, una cosa así no se le puede destruir sino contraponiéndole mucho humanismo pero armado.

Sin embargo, aun recibiendo el azote de los vientos de ésta crisis civilizatoria, lo más pensante y decente de la sociedad venezolana, tiene menester de salir del letargo y exprimirse colectivamente el cerebro para poder situarse en el camino correcto para construir las bases sobre las cuales ha de levantarse un estado y una sociedad comunal, levantada en los principios y valores de los productores libres asociados. Para definir y conseguir esa meta histórica, será necesario realizar un sistemático trabajo arqueológico que desentierre los vestigios de vida comunal que estuvieron vigentes entre nosotros, en la Venezuela remota y profunda. Y que al mismo tiempo desmonte en nuestro imaginario social, aquella visión metafísica, de que el capitalismo siempre estuvo entre nosotros. Y para romper con eso, debe producir una «ruptura epistemológica»

 En tal sentido, necesitamos de un contrapoder popular que produzca su propio conocimiento, su propia ciencia. Un contrapoder popular que parta de la realidad,  que aplique las siguientes técnicas: la investigación participativa, la recuperación de la memoria histórica, la valoración de la cultura popular y la producción de la  comunicación critica alternativa. El contrapoder cognitivo que necesitamos no puede agotarse en  los límites del despotricar contra las diferencias de clase sino que contribuya con su abolición.

No es suficiente conque el conocimiento que se elabore para la libertad niegue la condición de propiedad privada del sistema, lo fundamental es que el mismo este libre de la enajenación del trabajo y pase a formar parte esencial “del desarrollo pleno y libre de cada individuo", lo cual ponga fin a toda relación de servidumbre. La experiencia fracasada del modelo del socialismo en el siglo XX demostró que si se utilizan las mismas categorias economicas del capitalismo para edificar el socialismo, el resultado sera el fracaso.5

En este sentido, en Venezuela desde el 3 de enero los acontecimientos se precipitan, y si algo se ha puesto en evidencia, es que se nos está imponiendo un conocimiento neocolonial, para desarticular nuestra identidad como nacion, desmantelar la venezolanidad y más allá, desmontar el sueño bolivariano de la Patria Grande. La estrategia de dominacion del imperialismo norteamericano es clara y consiste, de acuerdo al documento denominado: Estrategia de Seguridad Nacional, en someternos nuevanente como su patrio trasero. Y eso tiene pasa esencialmente, con instalar en el  imaginario colectivo venezolano, el conocimiento neocolonial, que borre todo conocimiento soberano, independiente. En este sentido, seamos como “el niño de Piaget”,  de volvernos capaces de crear e imaginar un mundo propio.

 


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Arnaldo Aguilar Dorta


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