La reciente confesión de Donald Trump en el Foro Económico Mundial de Davos no es solo un alarde de arrogancia imperial; es la admisión formal de un crimen de agresión y la confirmación de que Venezuela ha sido seleccionada como el polígono de pruebas para una nueva generación de guerra tecnológica.
Al jactarse del bombardeo del 3 de enero y del secuestro del Presidente Constitucional Nicolás Maduro y la Primera Combatiente Cilia Flores, Washington ha roto definitivamente el precario orden del Derecho Internacional.
Lo descrito por Trump (soldados apretando gatillos que no responden y sistemas de defensa que no logran despegar) apunta directamente al uso de armas de energía dirigida y tecnologías de interferencia electromagnética (EW) de última generación. No estamos ante una invasión convencional, sino ante un "experimento de campo" donde la soberanía venezolana es el objetivo y el control total del espectro radioeléctrico es el arma.
De acuerdo con el relato imperial, el ataque neutralizó la capacidad de respuesta de los sistemas de defensa fabricados por Rusia y China. Esta declaración busca dos objetivos geopolíticos claros:
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Desmoralizar a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), sembrando la duda sobre su capacidad técnica.
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Desacreditar la tecnología militar de las potencias euroasiáticas, enviando un mensaje de supremacía tecnológica al mercado armamentístico global.
Desde la perspectiva del Derecho Internacional, el secuestro de un Jefe de Estado en ejercicio constituye una violación flagrante de la Convención de Viena y de la Carta de las Naciones Unidas. Al tratar a Venezuela como un "laboratorio", el imperialismo estadounidense está ensayando un modelo de guerra híbrida donde la tecnología secreta anula la defensa nacional, permitiendo la extracción de líderes políticos sin necesidad de una ocupación terrestre masiva inmediata.
"La agresión no fue solo contra hombres y mujeres, sino contra la arquitectura misma de la seguridad global. Si el mundo permite que Venezuela sea el laboratorio de estas armas 'invisibles', ninguna nación del Sur Global estará segura mañana."
La soberanía no reside solo en los sistemas de armas, sino en la doctrina de defensa integral. El "caos" que Trump describe con burla es, en realidad, un desafío para el rediseño estratégico de las naciones que no se subordinan al mando de Washington.
Venezuela, “fue la excusa” para ensayar nuevas armas de ataques ultrasónicas y anti radares, y lejos de ser un laboratorio de sumisión, se convierte hoy en el epicentro de una nueva doctrina de resistencia ante la guerra tecnológica del siglo XXI.