¿Qué oculta Biden caotizando la región?

En octubre, 1969, apareció por las pantallas de la televisión estadounidense el entonces presidente, Richard Nixon, anunciando a la nación la retirada gradual de las tropas imperialistas del territorio Vietnamita. Oficializaba, Nixon, la derrota militar de la principal potencia militar del planeta que luchaba contra la guerrilla y pueblo en armas, organizado en el Frente Nacional de Liberación de Vietnam y el Ejército de la República Democrática de Vietnam, que contaron con la solidaridad y apoyo de la República Popular China y la Unión Soviética. La guerra se prolongó hasta 1975, año en que el FLN toma la ciudad de Saigón y pone en huida los últimos reductos imperialistas. Se estiman entre 3 y 5 millones las pérdidas humanas. EEUU, contabilizó en 58 mil 159 el número de sus bajas y un millar de desaparecidos en la confrontación. Fue, la guerra más prolongada para las tropas estadounidenses hasta llegada la guerra de Afganistán. Vo Nguyen Giap, Comandante Supremo del Viet Minh, comentaría: «Era la primera vez que una nación feudal pobre derrotaba a una gran potencia colonial que tenía una industria moderna y un ejército inmenso. La victoria significó mucho, no sólo para nosotros, sino para todos los pueblos del mundo». Pasado medio siglo de aquella histórica derrota, nuevamente, los EEUU anuncian al mundo, por intermedio de su presidente Joseph Biden, iniciando este mes de julio: «Estamos poniendo fin a la guerra más larga de Estados Unidos», afirmando que la retirada de las tropas imperialistas concluirá el 31 de agosto, antes de su fecha límite inicial del 11 de septiembre. En su intercambio con los periodistas, Biden, se permitió desmentir a quienes compararon Afganistán con lo ocurrido en Vietnam, dijo: «El Talibán no es el ejército de Vietnam del Norte» (…) «No son ni remotamente comparables en términos de capacidad». Lo cierto es, que nuevamente -medio siglo después- una guerrilla derrota militarmente al otrora ejército más poderoso del planeta. La guerra asimétrica, demuestra su superioridad y somete a humillación la prepotencia imperial. No pudieron doblegar el espíritu indómito y rebelde de ese pueblo, como no lo lograron tampoco con el pueblo vietnamita en su «Chien Tranh Chong My Curu Nuoc» o «guerra contra los norteamericanos para salvar la nación».

La retirada furtiva, nocturna y hasta vergonzosa de las tropas estadounidenses acantonadas en la base aérea de Bagram, Afganistán, este mes de julio, constituye el epílogo de una derrota histórica encauzada por la milicia talibán contra lo que en algún momento de nuestra historia reciente, se le denominara como la maquinaria de guerra más poderosa del planeta: el ejército de los EEUU. Hoy, pulverizado y hecho añicos por la voluntad de milicianos que han proclamado formar un gobierno islámico regido por la ley sharia, algo que ya la humanidad sabe de lo que se trata: un gobierno conservador y machista, en que la mujer debe utilizar su burka en una sociedad en extremo patriarcal, muy propia del feudalismo. Una sociedad tan conservadora como lo es la sociedad estadounidense, en que su presidente, George W. Bush, justificó esa guerra con delirios de locura y grandeza, edulcorados con licor y polvo blanco colombiano: «Dios me dijo: lucha contra esos terroristas de Afganistán. Y lo hice. Y me dijo: derroca a esos tiranos de Irak. Y lo hice. Y me dijo: da un Estado a los palestinos y seguridad a los israelíes. Trae la paz para Oriente Próximo. Y lo haré» (BBC Mundo, 07 de octubre de 2005). El mismo estilo que otro presidente de EEUU, William Mckinley, 1898, declarase que en una conversa con Dios, mientras caminaba por los corredores de la Casa Blanca, éste le ordenó invadir Filipinas para civilizar y cristianizar sus habitantes, lo cual cumplió. Locura y teocracia o gobierno de Dios, no es solo patrimonio talibán. Mucho de ese fanatismo religioso, rige la gobernanza imperialista con el ultra católico, Joseph Biden, en su propósito de rescatar «el alma de EEUU» de la mano de las políticas instrumentadas e iniciadas por Donald Trump. ¡El mismo musiú con diferente cachimbo!

Escribe Marx, en su 18 Brumario de Luis Bonaparte: «Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa…». Es así como el pueblo estadounidense después de haber vivido la tragedia del gobierno neofascista de Donald Trump, ahora vive la comedia de un gobierno imperialista en declive ante el ascenso imparable de potencias emergentes que como China y Rusia, que hoy le han desplazado del liderazgo mundial. Una en lo económico, la otra en el terreno militar y ambas en lo tecnológico, desplazando el eje del mundo actual hacia Eurasia. La hegemonía de EEUU sobre los pueblos del planeta, se desploma y solo le ha quedado a su clase dirigente caotizar al mundo todo. Es, en esta fase de declive imperial, que EEUU abandona –paulatinamente- la ideología liberal y asume una de tipo conservador. Donald Trump, apenas mostró la nariz del rostro en lo que se convertirá el Frankenstein imperialista, otrora paradigma democrático. Joseph Biden, será peor que Donald Trump en sus jactancias criminales contra aquellos países y pueblos que se le resistan a sus apetitos de recolonización. «Sembrando el caos en la Unión Soviética sustituiremos sus valores, sin que sea percibido, por otros falsos, y les obligaremos a creer en ellos. Encontraremos a nuestros aliados y correligionarios en la propia Rusia. Episodio tras episodio se va a representar por sus proporciones una grandiosa tragedia, la de la muerte del más irreductible pueblo en la tierra…» (El Arte de la Inteligencia, Allen Dulles fundador de la CIA, 1963). En su desesperación, Biden, hará uso extensivo por no decir abusivo de la política del caos constructivo, sin dudas, superará a su predecesor.

Finalizando junio, el actual director de la CIA, William Burns, visita su virreinato de Colombia, solo se hace público la declaración del embajador de dicho virreinato en Washington, Francisco Santos, quien comunica las motivaciones del innombrable funcionario imperial: «Prefiero no decirle, es una misión delicada, una misión importante en materia de inteligencia que logramos coordinar». El alerta temprano, lo lanza desde Caracas el Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, quien declara: «Nuestras fuentes en Colombia nos aseguran que el jefe del Comando Sur y el director de la CIA han venido a preparar un plan para atentar contra mi vida y contra la vida de importantes líderes políticos y militares de Venezuela». No era para menos, la presencia en un sitio de un criminal de guerra siempre da para pensar en muertes, desestabilización y caos. El Ministro del Poder Popular para la Defensa, G/J Vladimir Padrino López, reforzó lo aseverado por el Presidente Maduro, recalcando que: «resulta imperativo recordar a la comunidad internacional que estos grupos irregulares cuentan con el patrocinio del gobierno de Colombia y de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), razón por la cual, sus incursiones en el espacio geográfico venezolano deben considerarse como una agresión auspiciada por Iván Duque, toda vez que les proporciona apoyo logístico-financiero». En pocas horas, los hechos develarán en qué consiste la anunciada «misión delicada».

En la madrugada del 7 de julio, se ejecuta el magnicidio del presidente de la República de Haití, Jovenel Moise, y es herida su esposa Martine Moise. Las primeras versiones de los hechos, son controladas por la CIA mediante sus medios «libres», tan libres que solo reportan información clasificada y censurada por sus agentes en Haití. Las primeras versiones periodísticas dejan entrever la especie de que fueron venezolanos los integrantes del comando criminal que actuó en la residencia presidencial. Jovenel, fue un aliado incondicional de las políticas de Washington contra Venezuela. Con el transcurrir de las horas, quizás minutos, se supo que el comando criminal pudo eludir los tres anillos de la seguridad presidencial, «chapeándolos» como agentes de la DEA. Rápidamente, se pudo conocer con las primeras detenciones de los integrantes del comando criminal, que el magnicidio fue ejecutado por miembros activos del ejército colombiano, dirigidos por ex soldados estadounidenses, tal cual ocurriera con el abortado plan de infiltración ejecutado desde Colombia y que denominaran Gedeón, con el fin de secuestrar en Caracas, al presidente Nicolás Maduro. El modus operandi, se asemejaba también con el empleado para ejecutar el golpe de Estado en contra del presidente en funciones, Jean-Bertrand Aristide en 2004, bajo el gobierno imperialista de George W. Bush. Aristide, fue secuestrado de la residencia presidencial y exiliado contra su voluntad a la República Centroafricana el 1ro. de marzo de 2004. En definitiva, lo ejecutado por la CIA en Haití, no es otra cosa sino la concreción de un nuevo Golpe de Estado, ante el silencio de la opinión pública internacional, aterrorizada por la criminal y gansteril actuación de las fuerzas militares del virreinato de Colombia. Organizado desde territorio de ese virreinato por el propio director de la CIA y cuyo autor intelectual no es otro sino el propio presidente de EEUU, Joseph Biden, quien de manera farisaica condena su brutal asesinato calificándolo de «atroz», mientras su jefa de prensa, Jen Psaki, más consternada por lo que es capaz de hacer el gobierno del cual forma parte, califica el crimen como «trágico y espantoso». No se equivocó, Vladimir Putin, quien ante los señalamientos del presidente Biden, calificándolo de asesino, le respondió diplomáticamente: «No se trata únicamente de una expresión infantil, de una broma. Tiene un sentido profundo y psicológico. Siempre vemos en los demás nuestras propias cualidades, pensando que son como nosotros». Los hechos de Haití, demuestran cuánta razón tenía Putin y quién es el verdadero asesino. Rece mucho Mr. Biden, ya los pueblos del mundo lo están conociendo y saben lo que es capaz de hacer en función de resguardar los intereses imperialistas.

Tomar en cuenta la interacción dialéctica entre la parte y el todo, es de gran importancia en el proceso de conocer las situaciones de la vida diaria. Decía Hegel: «El todo es solamente la esencia que se completa mediante su desarrollo». Acontecimientos en pleno desarrollo, decía el maestro Walter Martínez. Que el todo es lo verdadero, quiere decir fundamentalmente que no puede comprenderse ningún fenómeno al margen del proceso de su devenir, y a su vez, que no puede comprenderse ningún proceso particular si no se explica su necesidad interna como una necesidad propia de otro proceso más abarcador. «La sociedad burguesa es una totalidad de antagonismos» nos recuerda, Theodor Adorno. «La célula más pequeña de la realidad observada pesa tanto como el resto del mundo» (Introducción a la dialéctica, Theodor Adorno, 2013). Los hechos de Haití, no son ajenos a los eventos que se desarrollaron en Caracas o San Antonio de los Baños, Cuba. Ya resaltábamos el hecho cierto que, Jovenel Moise, fue un aliado incondicional de la política de Biden contra Venezuela. ¡Así paga el diablo a sus diablillos más fieles!

Los hechos, han confirmado que Haití fue tan solo una distracción del gobierno de EEUU en su intento de alcanzar un interés superior. ¿Cuál? Sin dudas, Venezuela, la joya de la corona. Es así, que en el desarrollo del plan imperialista se contempla también la desestabilización de Cuba, para distraer la atención sobre eventos que ya se estaban desarrollando sobre territorio venezolano. La activación de la Operación Policial: «Gran Cacique Indio Guaicaipuro», se encargó de desmontar una nueva agresión paramilitar contra la paz de la República Bolivariana de parte de la ultraderecha radical liderada por Juan Guaidó y Leopoldo López, confabulada con los gobiernos de Joseph Biden e Iván Duque, que no han desistido del uso de las armas en su intento de derrocar la democracia y revolución bolivariana, en estrecha alianza con grupos de delincuencia organizada y el narcotráfico colombiano que se ubicaron en la Cota 905 y La Vega. Era, el mismo grupo delincuencial que organizó y ejecutó las llamadas «guarimbas» o violencia extrema de calles en los años 2015 y 2017. «El rasgo más característico del conocimiento consiste en la descomposición del todo…»«…Si los hombres captasen inmediatamente las conexiones, ¿para qué serviría la ciencia?» (Marx a Engels, carta del 27-6-1867). El rompecabezas de la campaña paramilitar, dirigida desde el virreinato colombiano por el director de la CIA se completa con la detención en territorio venezolano del jefe paramilitar alias: «José Peligro» y sus guardaespaldas, quienes se dirigían a Caracas para ser partícipes de un plan desestabilizador del país y propiciar acciones de terrorismo y violencia extrema que concluirían en la toma militar de la Capital. ¡Sueños no empreñan, Mr. Biden!

Bogotá, se ratifica como la capital del terrorismo internacional en la región, tal cual Tel Aviv en Oriente Medio. Y, Joseph Biden, Álvaro Uribe e Iván Duque como los principales gánsteres y narcotraficantes, líderes de las bandas criminales que pululan en la región. Los países libres e independientes de la región, deben colocarle precio a sus cabezas, que no valen –todas juntas- más allá de un simple dólar. La derrota militar de EEUU en Afganistán, se ha quedado corta ante esta nueva derrota militar que les asesta el FAES, CICPC y la GNB, organismos policiales a su ejército paramilitar del virreinato colombiano y sus bandas de delincuencia organizada de la Cota 905. Con razón, tanto odio de la Sra. Michel Bachelet contra el FAES. La pregunta final tiene que ver con Perú: ¿Se atreverá Usted, Mr. Biden, a dar su visto bueno al golpe electoral al Prof. Pedro Castillo? No se deje llevar por sus instintos criminales y asúmase, como lo que es: un Jefe de Estado…



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Henry Escalante


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