El propósito del imperio norteamericano: destruir a Venezuela

Si bien es cierto que Venezuela se encuentra viviendo una de las etapas más decisivas como República, también está viviendo momentos peligrosos de su historia como Estado-Nación. Para nadie es un secreto que el imperio norteamericano ha estado obstinadamente trabajando desde afuera y desde adentro para destruir todo el estamento político-social y todo lo que representa su estructura como nación. Queremos aquí asomar algunas reflexiones de cuán lejos se quiere llegar por parte de los Estados Unidos y sus aliados en su proceso de destrucción contra Venezuela.

Para iniciar su escalada formal de agresión el imperio norteamericano monta el guión donde consideran a Venezuela como una "amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad de los Estados Unidos", pasando a ser de inmediato su enemigo. En base a esas consideraciones, se estructuran los pasos de agresión sistemática y con escalas bien definidas para debilitar al gobierno, al Estado y al pueblo venezolano. De esa manera, se crea el panfleto, la estructura y la fachada para esconder el propósito de sus reales intenciones. En ese sentido, el gobierno de los Estados Unidos ha venido trabajando abiertamente para minar la capacidad del Estado Venezolano. Es así como a través de su aparataje, amenaza constantemente y representa un peligro extremo para la soberanía de Venezuela y los pueblos de América Latina y el mundo.

Veamos un poco de historia para comprender mejor los planes imperialistas contra Venezuela. En el año 1999 se inicia una nueva política en el país y con las elecciones del 6 de diciembre de 1998 y el triunfo de Hugo Chávez se le pone fin al puntofijismo y se avanza hacia otro sistema político. Chávez había recogido el sentir y el clamor de un pueblo y con su inteligencia y creatividad convoca en 1999 a una Asamblea Nacional Constituyente para aprobar una nueva Constitución, acorde con los tiempos de refundación que se iniciaban. Ante esta intención manifiesta, se prendieron las alarmas en los patios interiores de los sectores opositores, quienes se unieron en una especie de secta, alrededor de cuya pila bautismal llegaron los partidos políticos, la cúpula de Fedecámaras, la Conferencia Episcopal, la extinta CTV, los Agentes de espionaje de los Estados Unidos y muchos representantes de la oligarquía criolla venezolana. El acuerdo fue destruir al gobierno revolucionario que recién se iniciaba y restablecer la Constitución de 1961 y con ello el modelo de democracia puntofijista. A partir de allí, todo fue conspiración, pactos secretos, idas y venidas hacia y desde los Estados, desde donde se fue articulando todo el entramado de agresión contra Venezuela.

En medio de esa maraña se fue tejiendo el ataque continuo contra nuestra patria de parte de la oposición venezolana y del propio Estado norteamericano, precisamente para destruir los derechos expresados en la nueva Constitución, aprobada en referéndum a finales de 1999. Ahora bien, a esta fecha debemos señalar que existe una conspiración abierta y en plena acción contra Venezuela bajo la dirección de los Estados Unidos, quien, reconociendo su incapacidad para vencer a esta nación libre y soberana, intenta lograr sus propósitos por medio del bloqueo, las sanciones, chantajes, la manipulación, la fuerza y el poder de las armas. De allí, el arreglo con el traidor Guaidó para llevar a cabo sus operaciones de agresión y lograr sus objetivos: la destrucción de Venezuela.

A la luz de estas primeras líneas surgen varias interrogantes. Si desde el mismo momento de 1999 los Estados Unidos están involucrados en esta conspiración contra Venezuela, donde nada se interpone en su camino, ¿todas las operaciones de sabotaje han sido dirigidas por los Estados Unidos? ¿La muerte de Hugo Chávez, William Lara, Carlos Escarrá, Robert Serra y otros, han sido planificadas y ejecutadas por los Estados Unidos? En cuanto al golpe de Estado de 2002, el paro petrolero de 2002-2003, las guarimbas de 2014 y 2017, la "guerra económica, el ataque a nuestra moneda, el chantaje, el bloqueo, las sanciones; en todo eso están metidas las manos de los Estado Unidos. Y que decir de los intentos de invasión reciente, de todos los ataques de los últimos meses para destruir los logros y los derechos que se han obtenido en los últimos 21 años, donde los Estados Unidos han confesado participar. Para el imperio norteamericano la meta es desestabilizar los gobiernos que representan un obstáculo a sus intereses y se interpongan en el camino de sus ambiciones. Así pues, la meta es destruir a Venezuela a cualquier precio y restaurar el poder de la oligarquía.

Sin exagerar, con Chávez reafirmamos nuestro carácter soberano y con la revolución aprendimos a navegar en las corrientes del tiempo que se fue abriendo entre nosotros. Hoy nos damos cuenta que navegamos en el tiempo propicio y vamos en la dirección correcta; aunque los Estados Unidos sea un imperio depredador, nuestro destino es ser un pueblo respetuoso con todos los países de América Latina y el mundo. Por supuesto, denunciando todo tipo de violaciones a los derechos humanos y el derecho de las naciones a ser libres e independientes. En ese sentido, siempre debemos oponernos a las intervenciones forzosas que comprometen el destino y el futuro de los pueblos.

Enfrentándose a un enemigo tramposo y mañoso electoralmente, Hugo Chávez fue electo presidente el 6 de diciembre de 1998. Gracias a su valentía y carisma que había despertado el 4 de febrero de 1992, se ganó la simpatía del pueblo, que luego se reflejaron en simpatía y en votos. Sin embargo, la clase opositora y el imperio norteamericano no se conformaron con esa derrota y comenzaron a trabajar en las sombras y aplicar la traición como forma de lucha política, convirtiéndose en una amenaza real para la revolución venezolana. Decimos que un enemigo visible muestra sus costuras, pero el traidor se mueve entre las sombras, murmullan en silencio y caminan sigilosos por los caminos de la traición. El traidor no parece traidor, tal el es caso de los Miquelenas, de los Ramírez, de los Ortega Diaz, de los Iseas y de tantos otros que se vistieron de revolucionarios y hablaron de revolución, pero en silencio iban tocando y pudriendo, trabajando para aniquilar las bases revolucionarias, infectando las instituciones con sus pensamientos de epidemia. Así vimos muchos casos de traidores que fueron saliendo del closet tras cada evento contrarrevolucionario, convirtiéndose en una llaga podrida, que utilizaban sus fachadas para cubrir sus actividades siniestras.

Como vemos, desde el inicio el imperio norteamericano y los traidores internos están determinados y resueltos a destruir el gobierno revolucionario de Venezuela. Con la victoria del 6 de diciembre de 1998, también se sella la sentencia de muerte para Hugo Chávez, ¿Qué nos dice el imperio del asesinato de Hugo Chávez? Los Estados Unidos son una fachada que se esconden detrás de una mascara de democracia para no ser sospechosos de todo el daño que diariamente causan a nuestra patria y a los países del mundo. Que Dios nos libre de caer en las garras de ese imperio criminal.

Nos asesinaron a Chávez, quien poseía un gran sentido de patria y una energía y un poder intelectual que le permitió soñar a Venezuela. Como líder de Estado desarrolló grandes habilidades que lo hicieron merecedor del apoyo y admiración de su pueblo. Por eso decimos, sin temor, que Chávez fue asesinado por orden del imperio norteamericano. No fue una conspiración para matar únicamente al presidente Chávez sino también para destruir al pueblo venezolano. ¿Acaso no hemos visto desde el mismo día de la muerte de Chávez la mano del imperio metida en todos los eventos para destruir esta nación? Ellos vieron ésta como la oportunidad de oro para reinar sobre las ruinas sangrantes de nuestra patria, pensando que la hora de su triunfo había llegado. El imperio siempre quiere degradar para gobernar.

Finalmente, La historia reciente de los últimos 21 años nos dice que el imperio norteamericano es un arma de destrucción de los pueblos soberanos y que cada vez que surge una revolución, desde adentro y desde afuera la contaminan para prevenir el avance de la misma. Lo han hecho antes en muchos países del mundo y lo continúan haciendo hoy en Venezuela; por eso debemos entender que la maldad del imperio norteamericano no tiene límites. ¿Hacia dónde está enfocada la agenda imperial? Hacia Venezuela, de allí la agresión sistemática e intensa contra nuestra patria, porque desde el principio ese es su propósito: la destrucción de Venezuela.



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Eduardo Marapacuto


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