A propósito de la autoproclamación de un polichinela

1 Como es de sobra conocido, el presidente de la Asamblea Nacional, un tal Guaidó, basándose en el Art. 233 de la Constitución Nacional, que se refiere a las ausencias absolutas del Presidente de la República, se fue a una plaza pública y, delante de un grupo de sus seguidores, se proclamó presidente de Venezuela.

Quien esto escribe no es abogado y mucho menos constitucionalista, pero estoy seguro de que nada de lo hecho por ese sujeto tiene validez legal. Porque aunque en ese mismo artículo se habla: "el abandono del cargo, declarado como tal por la Asamblea Nacional…" esa declaración tenía que haberse basado en algunas de las causales contenidas en el citado 233. Y resulta que el Presidente Maduro no ha estado incurso nunca en ninguna de las esas causales, y ni quien o quienes declararon la falta mencionaron ninguna de ellas para fundamentar tan ilegal como disparatada declaración.

Ahora, lo sorprendente, por decir lo menos, es que quienes han salido a denunciar la inconstitucionalidad de los hechos protagonizados por Guaidó, y entre ellos su ridícula proclamación, se hayan limitado a mencionar sólo las causales y a omitir una parte tan importante como la que se refiere a que en el caso de que se produzca una ausencia absoluta en los primeros cuatro años del período para el cual fue electo el Presidente, éste será reemplazado en el cargo por el Vicepresidente Ejecutivo o por la Vicepresidenta Ejecutiva. En este sentido, no estaba demás hacerlo, sino que, por el contrario, era muy importante que esa disposición se hubiera destacado lo más enfáticamente posible. Es decir, que en el caso negado de que efectivamente se hubiera producido una falta absoluta del Presidente, éste no podría ser reemplazado en el cargo por el presidente de la Asamblea Nacional, o sea por el polichinela del Guaidó sino por los vicepresidentes mencionados, puesto que el Presidente electo ya se había posesionado del cargo.

En esta falla incurrió, incluso, el canciller venezolano, cuya intervención en la OEA debió estar dirigida, además de demostrar la ilegalidad de todo lo ocurrido en relación con la proclamación de marras, a recordar también la naturaleza criminal y rapaz del imperialismo norteamericano. En este sentido, debió recordar, además de todas las invasiones perpetradas por los Estados Unidos en nuestro continente, como en efecto lo hizo, la que realizó contra Panamá, donde en escasos 20 minutos arrasó con cinco barrios completos –Chorrillos, Nuevo Panamá, San Miguelito y otros dos cuyos nombres no recuerdo en estos momentos- pero cuyos habitantes, más de cinco mil, perecieron como consecuencia de los bombardeos indiscriminados realizados sobre esos barrios; bombardeos, por cierto, que nada tuvieron que envidiarle a los realizados por la aviación nazi contra pueblos indefensos.

Pero ¿como hablar de Panamá y dejar de mencionar a Vietnam, donde el imperialismo norteamericano cometió los más bárbaros y atroces crímenes de la historia de la humanidad? Porque fue allí, precisamente, donde los Estados Unidos se graduaron con máximos honores como el más sanguinario, inmoral e inescrupuloso genocida que haya existido jamás, que haya existido desde que apareció la vida en este planeta. Y si habría alguien con quien comparar los demenciales gobiernos de ese país en materia de crímenes aberrantes y violaciones de derechos humanos, no podría ser otro que con Hitler.

Aunque es justo decir en favor de la bestia alemana, que ésta nunca utilizó armas químicas contra sus enemigos, como, en violación de todos los tratados de regularización de la guerra, los Estados Unidos utilizaron de manera masiva en el mismo Vietnam y Fluya, ni utilizó armamento atómico contra nadie, ni torturó con el refinado sadismo con el que los regímenes norteamericanos lo hicieron en Irak y continúan haciéndolo en Guantánamo y en otras cárceles clandestinas. Este es el monstruo desalmado que amenaza a nuestro país, un monstruo que separa niños de sus padres y los mete en jaulas como animales. O los enjuicia -a niños de 5,6 y 7 años-, por el horrendo delito de permanecer ilegalmente en ese país, o los deja morir de sed después de haberlos arrestado.

Creo que así debió haber empezado el canciller su intervención en el Consejo de Seguridad: enarbolando parcialmente el siniestro prontuario criminal de los Estados Unidos, para luego pasar a demostrar las violaciones a nuestra Constitución perpetradas por Juan Guaidó.; para demostrar que, en el caso de que el presidente Maduro hubiera incurrido en algunas de las causales de faltas absolutas, no era a este infeliz polichinela a quien le correspondía llenar la vacante sino al Vicepresidente o Vicepresidenta de la República. Y eso únicamente lo podía hacer mencionando el hecho de que ya el Presidente electo se había posesionado del cargo para su nuevo período. Pero no lo hizo. Lo que hizo fue invitar a los participantes en el cónclave a leer el Art. 233 de la Constitución, y constatar que allí no existía la figura de la autoproclamación. Es decir, los invitó a hacer algo que debió haber hecho él mismo, pues obviamente ninguno de los presentes podía hace lo que él les estaba pidiendo que hicieran. Con lo cual la defensa de Venezuela no fue todo lo efectiva que debió ser.

¿A qué se debió la débil defensa del país? A la nefasta costumbre de improvisa los discursos, no importa el escenario donde se pronuncien ni las causas que los motiven. Pésima costumbre, porque al improvisar se corre el riesgo de no decir lo que se debe y expresar lo que no se debe. Por eso, en esta reunión del Consejo de Seguridad todos los que intervinieron en ella, consciente de la trascendencia de esa reunión, leyeron sus discursos. Menos Arreaza, con el resultado que ya hemos expresado.

Al respecto, y ya que tratamos el tema, siento que tengo la ineludible obligación de expresar mi opinión en relación con el discurso del señor Presidente pronunciado en la pasada Asamblea General de la ONU. Al respecto, quien esto escribe siente que la mencionada intervención no estuvo a la altura, no sólo de lo esperado sino también de lo necesitado. Fueron muchas las cosas de vital importancia que se dejaron de decir, y, para completar, a las que se dijeron les faltó "punch", contundencia. Por tal razón, sugerimos, con la mayor buena fe, que se deseche el síndrome Cicerone y se haga lo que se estila en asambleas de tanta importancia como la mencionada; es decir, que se escriban y se lean los discursos. Como en la misma tribuna del organismo multilateral lo hizo el Canciller de Cuba en el marco de la reciente Asamblea General. Este diplomático leyó en esa ocasión un discurso que no le dejó al imperio un solo hueso sano. O lo que es lo mismo: que le dio, como suele decirse, hasta con el tobo.

¿Por qué? Porque, en primer lugar, fue un discurso escrito. Lo que evitó olvidos, imprudencias y omisiones. En segundo término, porque se vio a las clara que fue una obra minuciosamente elaborada por varias personas; el producto de un intercambio de opiniones entre los principales dirigentes de la Revolución. Esto es, que en la elaboración de ese extraordinario documento se actuó como se debe actuar cuando está de por medio el interés de la patria. En situaciones como ésta, los egos estorban.

NOTA: Citgo es una refinería que sólo procesa petróleo pesado como el venezolano. Estados Unidos no los produce ni los importa. Por lo que en ese país se podría presentar una situación de escasez de gasolina, acompañada del aumento de los `precios.

En estos momentos estoy siendo víctima de una feroz gastritis aguda, que me esta produciendo un intenso dolor a la altura del epigastrio, o sea, en la boca del estómago. Y lo peor de esta alarmante situación es que la Cimetidina, medicamento con el cual solía controlarla, no se consigue por ninguna parte. Por lo que estoy expuesto a sufrir una hemorragia a la altura del píloro, lo cual .podría provocar, inevitablemente, un desenlace fatal.

 

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Alfredo Schmilinsky Ochoa


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