Venezuela y EEUU: Derechos humanos y tercerización

En junio 2012, los EEUU a través de Departamento de Estado en vocería de Hillary Clinton, hacía público su informe sobre el tráfico de personas, acusando a países como Nueva Zelanda, Indonesia, Camboya, Vietnam y Tailandia, de tráfico de personas siendo éstas sometidas a condiciones de esclavitud. Aparecía, por primera vez el gobierno de la hermana República de Siria en dicha lista bajo el burdo argumento que “el gobierno sirio no hace cumplir las medidas para eliminar el tráfico y no hace ningún esfuerzo en esta dirección”. Así actúa un imperio que no tiene moral, que ve en la paja del ojo ajeno sus propias vergüenzas, ese es su doble rasero. “El imperio ve solamente maldades por el lado de los otros, acciones diabólicas y entiende su política como un gran exorcismo” (El asalto al poder mundial y la violencia sagrada del imperio, Franz Hinkelammert, 2003).

  Los EEUU, al pretender convertirse en referencia del mundo unipolar surgido a consecuencia de la caída de la URSS, ahora pretende marcar las pautas de comportamiento a la humanidad en su conjunto, y el que no encuadre en sus patrones, de facto, se convierte en un elemento condenable, repudiable, de ello se encargarán sus medios de comunicación. Los Derechos Humanos, se han convertido en su principal argumento para, precisamente, en nombre de ellos, violentar los Derechos Humanos de aquellos países que se salen de su órbita de dominio imperialista, declarándolos “estados rufianes”, por ende, en amenazas para la seguridad de los EEUU. “Los Estados Unidos poseen una fuerza y una influencia sin precedentes –e inigualables- en el mundo. Apoyada en los principios de libertad, el valor de una sociedad libre, esta posición llega con responsabilidades sin paralelo, con obligaciones y oportunidades. La gran fuerza de esta nación debe ser usada para promover un balance de poder que favorezca la libertad. La estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos estará basada en un internacionalismo  que refleje la unión de nuestros valores y nuestros intereses nacionales. El objetivo de esta estrategia es ayudar a que el mundo sea no sólo más seguro, sino mejor. Nuestras metas en el camino hacia el progreso son claras: libertad política y económica, relaciones pacíficas con otros estados y respeto a la dignidad humana” (Presidente George W. Bush, “Overview of America´s International Strategy”, Discurso en West Point, New York, junio 2002). Esa política del hegemón imperialista, esbozada por Bush y continuada por Obama, ha colocado la paz del planeta en un estado de conmoción permanente, al límite que, el líder de la hermana República de Rusia, Vladimir Putin, se ha expresado en términos dramáticos frente a las agresiones provenientes desde los EEUU contra su pueblo: “Existe un intento de dejar congelado el orden mundial establecido en la última década, después de la caída de la Unión Soviética, un orden mundial dirigido por tan sólo un líder indiscutible, que quiere seguir siéndolo, quiere seguir creyendo que puede hacerlo todo mientras que los otros pueden hacer solo lo que se les permite hacer” […] “Si a alguien le gusta vivir en este estado de semiocupación, esa no es Rusia” (actualidad.rt.com, 08-02-2015). No por casualidad, en alguna oportunidad la propia Hillary Clinton acusó a Putin de ser el nuevo Hitler.

  La apropiación imperialista de los Derechos Humanos, hace que éstos se vean despojados de todo su sentido ético, antropológico y emancipador, a favor de una fundamentación puramente económica que privilegia el predominio de los derechos individuales liberales, particularmente el derecho de propiedad privada y, con ello, la supremacía estadounidense sobre el resto del mundo. Así, mientras el imperio de los EEUU se da el tupé de acusar a otros gobiernos y países de violentar Derechos Humanos, a lo interno de su territorio la realidad supera las acusaciones que realiza a terceros. La realidad es, que en su propio territorio, la esclavitud, el trabajo forzado, la discriminación en el trabajo por  color de piel o nacionalidad, constituyen realidades que reflejan un estado de descomposición total de la realidad laboral que sucumbe a la vigencia plena de los Derechos Humanos en los EEUU. La ocupación de niños en labores agrícolas, deja al descubierto la barbarie imperialista en lo que concierne a calidad de vida laboral. Niños traídos de la frontera sur estadounidense, atraídos por la esperanza de accesos a una buena vida que, una vez en el “paraíso”, en la granja, se ven sometidos a jornadas de trabajo extenuantes y temperaturas extremas, expuestos a herbicidas y pesticidas, situaciones que en un informe la Human Right Watch se han descrito: “La agricultura es el trabajo más peligroso (…) y la tasa de mortalidad por accidente laboral es ocho veces más alta que la media”, destacando que los niños no disponen de ninguna seguridad social y mucho menos de medidas de seguridad adecuadas. Los granjeros y propietarios, defienden el trabajo infantil, señalando que si no fuese por el trabajo de los “sin papeles”, como les llaman a los inmigrantes, y los niños, su negocio sería inviable y tendrían que vender sus tierras y dedicarse a otra actividad.

  La realidad laboral del trabajador en los EEUU, es totalmente vergonzante, por llamarlo de alguna manera, según cifras de octubre 2014, del Consejo Nacional de Seguridad Laboral que analiza cifras del Departamento del Trabajo, un promedio de 11 trabajadores mueren al día en los EEUU en su lugar de trabajo y otros casi 50 mil, pierden la vida cada año a causa de enfermedades contraídas, producto de las condiciones de trabajo a las que son expuestos. En los empleos no considerados de alto riesgo, son los accidentes durante su transportación al sitio de trabajo, la causa principal de muerte, seguido de hechos de violencia, casi siempre actos intencionales cometidos por una tercera persona. Trabajadores y trabajadoras que, en la mayoría de los casos no disponen de ningún tipo de seguridad social y encima, mal remunerados. En 2014, 17,4 millones de estadounidenses entre 25 y 64 años, ganaron menos de 10,10 dólares la hora, que es el salario mínimo propuesto por el presidente Obama. La mal llamada “recuperación económica” de estos tiempos del Obama, ha sido criticada por sus mismos compañeros de partido, como es el caso de la senadora por Massachusetts, Elizabeth Warren, tildada de izquierda en el Partido Demócrata, quien critica que “la recuperación económica de EEUU, funciona para el 10% de los ciudadanos”, los de mayor renta. Y, en relación al salario mínimo la senadora Warren apuntaba: “Si trabajas en Wal-Mart y tu sueldo es tan bajo que todavía necesitas cupones de comida para llevar comida a tu mesa, de qué sirve que los accionistas cuenten con más dinero o un repunte en el Producto Interior Bruto (PIB)”.

  Uno de cada siete estadounidense vive en el límite o debajo del nivel de pobreza, también uno de cada siete recibe cupones de alimentos (programa de asistencia nutricional, 133 dólares mensuales en promedio ó 4,38 dólares diarios)  y uno de cada seis vive en inseguridad alimentaria. Al respecto señala Ross Fraser, vocero de la ONG Freeding America: “La mayoría de la gente necesita ayuda porque simplemente no gana el dinero suficiente para proporcionar a sus familias tres comidas diarias”. Esa ONG da alimentos a 37 millones de personas cada año, así privatiza la distribución de los cupones de alimentación la Administración Obama, quien en un discurso se refirió al tema: “Esta tendencia a la desigualdad creciente no es única de la economía de mercado de los Estados Unidos. La desigualdad ha aumentado en todo el mundo desarrollado (…) Pero esta desigualdad creciente, es más pronunciada en nuestro país y desafía la esencia misma de quienes somos como pueblo”, agregando autocríticamente el Presidente Obama: “esa inequidad es mala para la economía, porque fragiliza el crecimiento y hace más frecuente la recesión, afecta la cohesión social y daña la democracia”. Ese ha sido un punto en que llamó la atención el Premio Nobel de Economía Paul Krugman en The New York Times: “Las encuestas entre los más ricos han mostrado que ellos –a diferencia del público en general- consideran que el déficit fiscal es un tema crucial y favorecen los grandes recortes en los programas de protección social. Y, por cierto, esas prioridades de las elites han copado nuestro discurso sobre políticas”. En los EEUU, los programas tradicionales de beneficios sociales consumen los 59 mil millones de dólares, mientras que los subsidios a las corporaciones superan en creces los 92 mil millones de dólares por año según la fundación Think By Numbers.

  Un informe de la central de inteligencia del imperio, la CIA, hecho público el año 2000, en The New York Times, llamado “Tráfico Internacional de Mujeres en los EEUU: una manifestación contemporánea de la esclavitud”, según la CIA, son casi 50 mil las mujeres y niños que ingresan a EEUU provenientes de América Latina, Europa del Este y Asia, en los países donde operan las mafias de trata de personas se colocan avisos en los diarios ofreciendo puestos de niñeras, vendedoras, secretarias o camareras, una vez que llegan a EEUU no existen tales empleos y entonces son forzadas a trabajar en condiciones infrahumanas o prostituirse en el caso de las mujeres. Y bien vale la pena, le añadamos a la crónica del empleo en los EEUU, la situación de las cárceles norteamericanas, el gran negocio del siglo XXI. Es allí, donde gran parte de la industria armamentística gringa ha obtenido mano de obra barata, en el trabajo penitenciario, sin protección sindical, ni pago por horas extras, sin días de vacaciones y mucho menos pensiones, beneficios de salud o Seguro Social. El trabajo en las cárceles federales es contratado por UNICOR, antes conocida como Federal Prison Industries, una corporación cuasi pública, con fines de lucro, dirigida por la Oficina de Prisiones. En 14 fábricas de prisiones, más de 3 mil prisioneros fabrican equipos electrónicos para la comunicación por tierra, mar y aire. UNICOR es ahora el trigésimo noveno mayor contratista del gobierno de los EEUU, con 110 fábricas en 79 centros penitenciarios federales. La mayoría de los productos y servicios de UNICOR, son contratados por órdenes del Departamento de Defensa. Estados Unidos encarcela más personas per cápita que cualquier otro país del mundo. Pero, el hecho de que el hegemón imperialista, haya encontrado otra forma más brutal, para reducir drásticamente los salarios de los trabajadores y las trabajadoras, y garantizarle mayores tasas de ganancias a las empresas militares, cuyas armas producen matanzas y estragos en todo el planeta, es un hecho ominoso, despreciable, muestra de la mayor barbaridad posible.

  Los derechos de Segunda Generación, así llamados, Derechos Económicos, Sociales y Culturales, tienen como objetivo fundamental garantizar el bienestar económico, el acceso al trabajo, la educación y la cultura, son aquellos fundamentales para garantizar el desarrollo de los seres humanos y los pueblos. Su reconocimiento en la historia de los Derechos Humanos, es posterior a la de los derechos civiles y políticos, de allí su denominación de derechos de segunda generación. Su razón de ser, se basa en el hecho incuestionable de que el pleno respeto a la dignidad humana, a su libertad y a la vigencia de la democracia, solo es posible si existen las condiciones económicas, sociales y culturales que garanticen el desarrollo de esos hombres, esas mujeres, esos pueblos. El derecho al trabajo, a la seguridad social, a gozar de estabilidad en el mismo, a formar sindicatos, a la educación, a la salud, a la alimentación, a la vivienda, son parte del conglomerado de derechos de segunda generación sin los cuales, los Derechos Humanos de primera generación sería imposible garantizarlos a ningún Estado. De qué vale, a los EEUU, autoproclamarse como el máximo defensor de la libertad de prensa en el planeta cuando los medios de comunicación en el planeta están cartelizados y mediante las llamadas agencias se concentran en informaciones que solo le interesan al imperialismo que se hagan pública, apuntando a la uniformidad de la información a nivel planetario. El caso venezolano es más  que dramático, pues, de los 2.896 medios que operan, 2332 (65,18%) son medios privados, apenas el 3,22% son del sector oficial y el restante por ciento de los medios son del sector comunitario o alternativo. Derechos Humanos para quién, se referirá Obama cuando habla de Venezuela, y la presumida violación de los mismos para justificar sus insolentes sanciones.

  En el campo laboral es más dramática la comparación, pues, mientras en el otrora “faro del mundo” las violaciones masivas a los derechos laborales de las y los trabajadores estadounidenses e inmigrantes es la norma, en la República Bolivariana de Venezuela se trabaja a contracorriente a esa indignante actuación del modelo neoliberal que caracteriza al imperialismo. La tercerización, práctica mediante la cual, la esclavitud fue adquiriendo connotaciones de modernidad, es un capítulo que nuestro país se encamina a sepultar y, en ello, trabaja el Ministerio del Poder Popular para el Proceso Social del Trabajo con el “Plan Nacional para la Erradicación de la Tercerización”. Esa nefasta herencia, que nos legaron los últimos gobiernos de la cuarta república, sobrevivió a la Revolución Bolivariana e incluso adquirió connotaciones más grandes, más desarrolladas. El Presidente Hugo Chávez, concientizó el problema y al proclamar la Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y las Trabajadoras, dispuso que dicha mala práctica laboral quedara PROHIBIDA por disposición de Ley, a partir del venidero 07 de mayo de 2015. A partir de esa fecha, todo trabajador o trabajadora, que se encuentre fuera de la seguridad social, sin beneficio de contratación colectiva alguna, sin acceso al salario mínimo nacional o más, sin la debida protección legal en situación de fraude laboral, debe incorporarse a la nómina de la entidad principal contratante de sus servicios, para que esa forma de esclavitud moderna, se elimine de nuestra sociedad. Contrastemos esa actuación del Estado Bolivariano venezolano y su defensa de los Derechos Humanos de su pueblo, con la actuación del Estado imperialista de los EEUU y su negada protección a los derechos laborales de sus trabajadores y trabajadoras. Una nueva dimensión ética debe adquirir el concepto de los Derechos Humanos, los pueblos deben posicionarse de ello y arrebatarle al principal violador de los mismos en el planeta, el imperialismo de los EEUU, esa bandera.

  Contrastemos la realidad palpable de la vigencia plena de los Derechos Humanos en la Venezuela de Bolívar y Chávez, y la triste realidad del invadido pueblo iraquí por parte del hegemón imperialista de los EEUU, objeto de una contundente violación de sus Derechos Humanos, de los derechos de los pueblos, enunciados en la Convención  Americana, “todo pueblo tiene derecho a su existencia, su identidad nacional y a su cultura” Artículo 5; “todo pueblo tiene el derecho inalienable a su autodeterminación, determinar su estatuto político sin interferencia extranjera, libre de toda dominación extranjera directa o indirecta”, Artículo 8; “todo pueblo tiene derecho exclusivo sobre sus riquezas y sus recursos naturales”, Artículo 9; “todo pueblo tiene derecho a participar del progreso técnico y científico que es parte del patrimonio común de la humanidad”, Artículo 9. Solo, para apropiarse de sus riquezas petroleras, justificando dicha invasión y genocidio de la población iraquí en los burdos argumentos de salvarlos del tirano de Hussein y salvar la humanidad del peligro de armas de destrucción masiva, lo que sin duda, es una muestra de las muchas, de lo peligroso que es para la Humanidad toda, el autoritarismo imperialista, el cuarto Reich.

 



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Henry Escalante


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