¡Qué desfachatez y qué ignorancia!

No tengo… y creo que nunca llegaré a tener la menor duda de que Estados Unidos es un país pacífico. No solo por mi observación rigurosa de su realidad, y por el amor que por él profeso, sino por deleitarme intelectualmente con opiniones de gente de allá, muy calificada, como el legislador republicano y candidato a gobernador de California, Tim Donnelly, que se atrevió comparar la política del laureado de paz, Obama; su posición acerca del control de armas entre los pacíficos gringos, con las de Hitler, Stalin, Mao y (creyendo que involuntariamente lo olvidó) con la de Maduro…

¿Y por qué? Bueno por la sencilla razón histórica, y además genética, de que Washington, Jefferson, Madison, Lincoln, Gandhi, y otros no menos eminentes seres, eran fervorosos partidarios del derecho a portarlas en cualquier calibre. Incluso Uribe también, quitándole por supuesto, lo de ser eminente. Y no solamente por eso, que ya sería suficiente, sino por el empeño que tienen de crear armas, tan personalizadas, que poseerán la gran virtud de poder ser disparadas solo por el indudable mérito de sus exclusivos propietarios; y que las portarían, más como un lujo, que por el eventual deseo de tener que matar a alguien… ¡Bien muérgano resultaría entonces el que piense, suciamente que, a los gringos les gusta matar, y mucho menos a civiles y niños, por los simples daños colaterales que genera su ejemplar sentido de justicia doméstica y foránea!

La preciosura de pistola se disparará pues cuando se sienta empuñada, que es como sentirse poseída, por la huella dactilar de su tirador, detonante ineludible e irrefrenable de lo que será su innovador orgasmo de fuego…

Así pues, que Estados Unidos pretende garantizarse, nada más y nada menos, que la absoluta fidelidad de sus armas de fuego. Que no puedan pegarles cacho a sus amantes propietarios, prestándose para que con ellas se complazcan otros tiradores. Porque es que según las estadísticas, en ese oasis, una media de veinte niños diariamente resultan heridos de bala (o balas), mientras que un tercio de ellos, muere. ¿Quién pudiera, que no resulte un muérgano regatearle a Estados Unidos tan senda voluntad de paz, con la invención de tales personalizadas armas?

Pero es que también los malvados confunden los conceptos deliberadamente para desprestigiarlos. Primero que todo, y maliciosamente pretenden confundir tiroteo con violencia. ¡Pero por dios!, ¿quién que no esté metido en su mundo sub desarrollado, pudiera pensar que los pacíficos tiroteos puedan constituir violencia?

¡Ah, sí! ¿El mero hecho de escucharse un ta ta ta ta, por todas partes y a toda hora, es sinónimo de violencia? Yo te aviso, chirulí. Todo eso no es más que el sano deseo de que surjan nuevos Terminatores por todas partes y nuevos sistemas cuánticos de goces gatilléricos. ¡Aspiración muy legítima, por lo demás! ¿Es eso condenable, que no obedezca la condena a la vulgar y corrosiva envidia, sobre todo, de los latinoamericanos y caribeños?

Segundo, y maliciosamente también pretenden hacer ver que en Estados Unidos hay delincuentes, cuando lo que en realidad hay son simples enajenados mentales, que es una cosa muy diferente, y que ni siquiera se escribe igual. Y que se enajenan mental, y precisamente, por insistir en la insólita torpeza de no creer en el sueño americano. Valga el ejemplo del tiroteo de la primaria de Sandy Hook, cuando un adolescente enajenado les disparara a 26 personas, entre ellos 20 niños, suicidándose luego. ¿Cómo se explica que un adolescente pudiera enajenarse mentalmente en un medio tan pacífico? Indudablemente que ese era un adolescente muy raro…

Un adolescente de esos que no alcanzan adaptarse a los ambientes pacíficos, categoría establecida por algunos científicos muy calificados de la policía, válido criterio que aceptan incluso hasta los jueces de todas las instancias, para juzgarlos y condenarlos.
Ahora…

Se me ocurre preguntar dentro de una sana lógica, ¿no resulta harto explicable que, dentro los frecuentes y festivos tiroteos, pudiera resultar muerto uno que otro despistado o despistada, que nunca falta? Recuerdo alguno de ellos, como por ejemplo en el protagonizado por la mano femenina de Sherrie Rhoades, que abriera fuego en un centro comunitario de indios americanos, y que, se la atravesaran a sus pacíficas balas para morir, cuatro despistados indios, y que, cuando se quedara sin municiones, pelara entonces por un disuasivo cuchillo de carnicero, para prudentemente evitar las molestosas detonaciones… ¡Lo qué es un país desarrollado! ¿No?

En un país tan pacífico, por dios, que la policía, para neutralizar una protesta de diez personas por la muerte de un indigente, les cae a democráticos carajazos y bombazos lacrimógenos. Cómo olvidar la detención por parte de la policía de Waseca, de un adolescente que pretendía matar a numerosos estudiantes de una escuela local, y para colmo, también a su entera familia. Igualmente recuerdo que, en el Paine College de Augusta, se produjeron dos tiroteos en un mismo día, lo que dice que el ambiente allí es burda de festivo. Pero es que tampoco los centros comerciales escapan a esta alegría.

Recuerdo que tal privilegio correspondió, entre otros, al Garden State Mall, cuando dentro de él se produjeran muchos salerosos disparos.

Indudablemente que la policía anda allá de tiroteo en tiroteo. Lo más normal del mundo. Pero es que no solamente algunos excepcionales de ellos con muertos se producen en el mundo civil y comercial, sino lo propio en el militar, como el habido en la base de Fort Hood…

Por cierto que se dice que exportan tiradores a Venezuela. Eso verdad que a mí no me consta. Y si me constara, en realidad no lo creería. En eso soy exacto al benévolo Leopoldo López, al virginal Capriles Radonsky… A la MUD. O mejor, ¿qué ganaría con creerlo? Lo único que sé es que la criminalidad aquí la creó Chávez con su manifiesta y mundialmente reconocida maldad, y ahora Maduro la ha incrementado con la reconocida maldad que a diario exhibe, y que heredara por supuesto de Chávez. Y que Chávez (no se escaparía), la heredaría de Bolívar.

Ahora… Y debo confesarlo, no deja de llegarse a la ridiculez de tomar por ejemplo el campus de una universidad, como el de la Keneesaw, por el mero hecho de que un criminal armado dizque merodeaba por allí... Y que abordado el sujeto, por la policía se determinara, que no era peligroso nada. Y me pregunto, para confirmar incluso la ridiculez, ¿en un país donde todo el mundo anda armado, por qué tenían que pensar que el bendito chamo este era un criminal? ¿Resultaba esa, una sana visión del estudiantado? ¿Andarían sobrios?

Tampoco es que el hecho de que un hombre abra fuego en un centro médico, sea para alarmarse en un país donde la gente es muy dada a anunciarse a tiros. Son simples costumbres. Y más cuando el autor de los disparos fuera un afroamericano con chaqueta de su mismo color e insignias de los Marines, que llegara al volante de una enorme camioneta dando aviso, con manifiesta prepotencia, de que era un veterano discapacitado.

En fin. ¡Hasta cuándo tanta perversidad contra ellos!


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Raúl Betancourt López


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