Alquimia Política

Filosofía de la Hipermodernidad

Apenas hace unos días se publicó a nivel internacional mi nuevo libro académico, en el género ensayo científico, titulado "Filosofía de la Hipermodernidad", salió en el portal de http://espanol.free-ebooks.net/ebook/Hipermodernidad, el cual pueden descargar de manera gratuita, y en esta ocasión ahondamos un tema que va más hacia la comprensión del hombre moderno y la necesidad de crear condiciones adecuadas desde donde comenzar a resguardar el medio ambiente y las relaciones humanas en razón de la tolerancia, el respeto y la paz. La locura de expresiones como que el "Cambio climático" es una fantasía creada por países con intereses en influir en los grandes mercados y apoderarse de los espacios que otros países con conciencia conservacionista vayan dejando, es un asunto grave en un mundo que lo ha sentenciado el propio hombre a desaparecer. Ya los Imperios están doblegándose ante la naturaleza y es tiempo de tomar consciencia porque lo "hiper" hace referencia a la profunda aceleración que lleva el hombre en su trayectoria auto-destructiva. Estamos en el filo de la espada y no entendemos aún ni quién la porta ni cuál es la razón de estar en posición de ataque, solamente nos sentimos espectadores y pensamos que con nuestro silencio salvaremos el planeta. Al planeta solamente lo salva la consciencia del hombre y su humildad para volver al camino originario que lo une a la naturaleza y la grandeza espiritual que nos ha dado Dios como morada. Sobre este tema y otros versa el nuevo texto que lo compartimos con ustedes, siempre con la intención de contribuir, de ayudar en ese proceso de reflexión interna, jamás con interés alguno de hacerlos pensar como yo pienso, porque respeto las posturas de los demás, pero sí, exijo se respete la mía que con sus errores o aciertos, es en la creo y he venido trabajando siempre.

L hombre moderno, a todas estas, tiene un perfil muy particular en la presente obra titulada "Filosofía de la Hipermodernidad": es un ser que vive en razón de sus máscaras, siempre ocultando una verdad. El filósofo polaco Zygmunt Bauman, lo expresó claramente al describir el contexto en el que ese hombre se desenvuelve: "… mundo donde la única certeza es la certeza de la incertidumbre, en el que estamos destinados a intentar, una y otra vez y siempre de forma inconclusa, comprendernos a nosotros mismos y a los demás, destinados a comunicar, con y para el otro".

Es un hombre que habita en una sociedad que condiciona la actuación de sus miembros, cambiando antes de que las formas puedan consolidarse en unos hábitos y en una rutina determinada; un hombre cuyos logros individuales no pueden solidificarse en algo duradero, los activos se convierten en pasivos, las capacidades en discapacidades; el hombre triunfador en esta sociedad se impone en razón de su habilidad, agilidad, superficialidad y volatilidad, en sus acciones consumistas y económico-financieras. Es un hombre hedonista y egoístas, para quien una buena noticia, es la incapacidad de los semejantes de lograr éxitos o felicidad, porque para este hombre moderno la vitalidad de su existencia se funda en la precariedad como un valor, la inestabilidad como un ímpetu y lo híbrido como una riqueza.

El hombre moderno que se describe en el texto "Filosofía de la Hipermodernidad", es un nuevo modelo de héroe que aspira a la fama, al poder y al dinero, por encima de todo, sin importarle a quién se lleva por delante; lleva hasta la máxima consecuencia el precepto de Maquiavelo "el fin justifica los medios". Pero a su vez, es un "hombre light", tomando la categoría del sociólogo Enrique Rojas (2000), que lo define en razón de cuatro características: Hedonista, que es el hombre que solamente tiene interés por vivir el instante inmediato, teniendo como interés único, el placer y la comodidad son sinónimos de la felicidad; Permisivo, donde todo está permitido, no existen límites, y no tiene valores definidos, ya que éstos representan fronteras que moderan las acciones; Relativista, donde para el hombre no existe ni el bien ni el mal, ya que todo depende del enfoque con que se percibe la realidad, es un ente amoral, un manojo de instintos y deseos sin un sentido; Materialista, característica del hombre que lo hace coexistir en un mundo plástico donde todo es desechable y no existe trascendencia, siendo los ámbitos espirituales y culturales ignorados; y Consumista, formando parte de una cultura del exceso, donde el hombre es poseído por sus pertenencias, teniendo como meta única tener más. Es decir, es un hombre que vale por lo que se tiene y no por lo que se es; en su actuación profesional se impone la permisividad, todo vale, en un relativismo lógico, donde nada es bueno ni malo y en última instancia todo depende del pensamiento de cada uno, es decir, un hiper-individualismo activo.

En este aspecto, como valor agregado del libro "Filosofía de la Modernidad", resaltando la postura de Bauman, el hombre asume una vida líquida, desde donde asigna al mundo y a las cosas, animales y personas, la categoría de objetos de consumo, objetos que pierden su utilidad en el mismo momento de ser usados; es un hombre que tiene como posesión objetos de consumo con una fecha limitada de vigencia y, cuando sobrepasan este límite, dejan de ser aptos para el consumo, se convierten en objetos inútiles. Pero ese hombre es también objeto de consumo, tal es el caso del trato que la sociedad da a las personas ancianas o con discapacidades, ni mencionar el uso sexual que tiene una vida útil muy limitada y es exponencial el abuso a que se somete.

Habida cuenta, el hombre moderno está inmerso en una sociedad sin lealtad ni compromiso, ya que estos valores lo hacen débil al enfrentar el consumismo en sus múltiples facetas en las mega-ciudades modernas. El valor de los hombres se traduce en su capacidad económica y en sus cualidades de insensibilidad ante sus semejantes y hacia cualquier acción que tenga que hacer para garantizar cierto margen de supervivencia. Morir, como etapa final de la vida y elevación del hombre a un plano inmaterial, no importa cómo se llegue ni si hay un legado que dejar, el hombre moderno solamente sobrevive y muere, en razón de esto se ha circunscrito su ciclo vital.

Otro aspecto destacado en el libro "Filosofía de la Hipermodernidad", es que el hombre moderno se ha perdido en su autenticidad; la individualidad, la singularidad en una sociedad moderna líquida le caracteriza como un hombre en contradicción; es decir, un hombre que ha pasado de estrategias de vida basadas en el misticismo y lo mágico, hasta converger en el uso de símbolos que lo marcan como producto de consumo, en un comportamiento que se orienta en razón de las modas y la satisfacción avariciosa de los placeres.

En un plano real, el hombre moderno en la sociedad líquida, está obligado a ser único, a satisfacer las necesidades en el estricto límite de un plano individualidad, donde ya nada se busca en el interior, ni es supremacía la conducta heroica humana, se puede presentar, pero es una conducta rara no extraordinaria, quedando la autenticidad restringida al uso, es decir, cómo ese hombre bebe un determinado producto, lleva una marca de ropa, habla desde un determinado móvil, conduce un determinado vehículo. Es como expresa Bauman (ob.cit.), la lucha por la singularidad se ha convertido en el principal motor, tanto de la producción en masa como del consumo en masa. El hombre moderno no vive, pervive en razón de las marcas y aparatos que él mismo ha creado para hacerse esclavo de una necesidad artificial, dependiendo su estado de ánimo y su autoestima a la capacidad de satisfacer esas necesidades artificiales quedando relegada la vida a fragmentos y a situaciones que van desde la aparición pública del producto para su venta y consumo, hasta que se adquiere y usa, repitiéndose el ciclo una y otra vez, hasta que un nuevo producto sustituya la necesidad artificial satisfecha.

A este hombre moderno cuya psicología consumista lo determina, Bauman, le ha dado una categoría especial: homo eligens. Es el hombre elector, no el hombre que realmente elige, sino un yo permanentemente-impermanente, completamente incompleto, definidamente indefinido, auténticamente inauténtico; un hombre que vive en simbiosis con el mercado y cuyo interés de consumo no gravita en razón de necesidades sino en razón de un instinto impulsivo, siempre insatisfecho. Es el hombre que acude a las vitrinas de los centros Comerciales y se deja seducir por las bambalinas y cartones coloridos donde colocan las ofertas. Para el homo eligens todo tiene un valor y todo tiene un uso.

El hombre moderno, se destaca en la obra "Filosofía de la Hipermodernidad", tiene conductas personales que cambian antes de consolidarse con los hábitos colectivos; sus logros individuales no llegan a solidificarse, no son duraderos; los valores se cambian por gratificaciones inmediatas y la insatisfacción constante se convierte en el impulso de la economía y el movimiento en la sociedad moderna, sobre todo en su satélite de auto-realización que se da en la trans-modernidad.

En un aspecto concreto, y haciendo de la visión de Bauman un horizonte común para situar al hombre moderno en el marco de sus intereses sin valores, es importante entender que ese hombre hace vida en una sociedad cada vez más débil y en extremo indecisa. Como expresa Mariano Dorr (2007), el hombre moderno pervive en el "…contexto líquido (que) favorece la fragilidad de los vínculos humanos, haciendo del amor un objeto de consumo como cualquier otro: Ni esos dolores morales surgirían con tanta frecuencia, ni haría falta recurrir al engaño de forma tan habitual si el mundo fuera menos líquido, es decir, si no cambiara tan rápidamente, si los objetos de deseo no envejecieran en él tan pronto ni perdieran su encanto a una velocidad tan vertiginosa, si la vida humana (más duradera que la vida de prácticamente cualquier otro objeto) no tuviera que ser dividida en una serie de episodios independientes y de nuevos comienzos. Pero ese mundo no existe y las probabilidades de que los lazos interpersonales se vean exentos de las pautas consumistas (que son cognitivas además de conductuales) son ínfimas. Son dolores morales; y tomemos la decisión que tomemos, Bauman nos asegura que no haremos más que acumular más problemas…"

 



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Ramón Eduardo Azócar Añez

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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