¿Será qué los margariteños seguiremos entre la bazofia?

Parece ser que nuestro mal no tiene cura ni dentro de la sepultura -diría- un avispado de esos que están en todas partes, menos en misa y, más con la tarde hirviendo de calor, que por más que veas para los lados, no se pega nada bueno con el cielo todavía pintado de azul y, la noche por entrar, pero es verdad, antes éramos felices cuando todo lo que no producíamos nos venía de afuera de contrabando, barato y bien abrigado, y después por el Puerto Libre en contenedores que entraban por Puerto El Guamache que, desde allí todos los días salían camiones cargados de toda la bazofia que llegaba a bodegones y tiendas y hasta en bodegas que atraía a margariteños como a los de tierra firme que venían por su bazofia.

Felices éramos y, Margarita nada encorvada, se hacía internacional, Margarita rodeada de agua sin agua que ni por los tubos llega, pero es ahora, y la bazofia venía y se quedaba, ya no la del exterior sino la de tierra firme que hasta los colombianos nos invadieron y, para qué ir a Cúcuta, si aquí había vida, ¿y tú para dónde vas compai? ¿Qué es eso si tenemos de todo? Éramos felices. Unos se iban y otros llegaban y, la bazofia se iba acumulando, no estábamos ciego, no. ¿Quién iba a pescar y, para qué? Si había sardina en latas en aceite de oliva de Portugal, bacalao de Noruega y huevas de esturión como caviar de Irán, rosados, y negros como cagarrutas de chivo y, quién iba a comer huevas de lisa sin olvidarnos de las anchoas italianas como españolas en aceite de oliva -¡mamma mia!- y, sino atún, quiero atún en aceite de oliva y, a comer y, la gente moría feliz. Somos: Zona Franca, ¿y, la bazofia? Se iba acumulando, qué vida, qué mala vida ¿no?

Y la Avenida 4 de Mayo con los brazos abiertos todo el día y, la bazofia entraba y salia, nadie le ponía inconveniente y, las bolas de queso de Holanda, pequeñas, medianas y grandes salían, no como Bola de Sebo cuento de Maupassant que ya existía, pero quién se iba a ocupar de leerlo y las bolas rodaban y, los paquetes y las bolsas guindaban, eran caras contentas que uno veía que para esos eran los dólares, para que cuatro o cinco familias engordaran y la bazofia entraba y salía y, muchos vinieron y se quedaron, no como bazofias, no señor, sino como gente pensante, gente de negocios, gentes esparciendo su tiempo y, Margarita más que feliz que nunca y, los servicios no servían, pero los aviones llegaban atestados de familias así como los ferris y, el margariteño palo abajo que se comían su arepa sola que, lo que hay es para los turistas.

Y en la noche a brindar con 8 o con 12 años que el mismo ratón da y, los hoteles y casas de alquiler iban en progreso con Margarita lo mejor del Caribe y en sus alrededores, italianos, portugueses, colombianos que nunca faltan que el que compra uno compra dos o, quizás lleve tres y pague dos y, los trapos guindaban en cualquier rincón y los espejos para que te vieras hermoso y feliz, pantaletas no hay, lo que tengo son leonisas en todos los colores, ¿y sostén? El sostén lo dejé en la casa cuidando a los muchachos, y la gente entraba y salía mirando, escarbando, tragando con la vista y cuando no, vámonos para Conejeros, allá es más barato y además se como chivo margariteño con aguacate carupanero.

Y en las calles de Porlamar los vendedores ambulantes haciendo de las suyas y, el dinero corría, la bazofia no, estaba estancada, aunque a veces salían de paseo y, porqué no, una canita al aire de la playa que nos sirve de talasoterapia que también se come sabroso y barato y no hay tanta bazofia y como tú eres melindroso te va a gustar y además, podemos ir a La Restinga a comer ostras con limón y le empujamos brandy, y al regreso vemos las ricas tetas de María Guevara de frente con su espejismo de baño de sol para olvidarnos un poco de la bazofia, porque la isla está contaminada por demás que, ríen y cantan y hasta bailan y hablan bonito cuando quieren y, sus razones tendrán para vivir amargados atapuzados de rabia permanente que no se pueden purgar que, cuando ellos cogen el trompo con sus uñas se babean solitos y, el que se mete con ellos muere dos veces, de tristeza y desolación que son como los pájaros que en cualquier parte echan la cagada, pero son felices.

Ellos y sólo ellos tragan mucha bazofia. Bazofia en la mañana. Bazofia al mediodía. Bazofia en la noche y, duermen con la bazofia embazofiados, es decir, el que se acuesta con bazofia con bazofia se despierta o, durante el día lo muerde un perro callejero.

Se acabó la Zona Franca, pero la bazofia sigue, a veces allá a veces acá.



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Esteban Rojas


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