Ni faculto en el tema ni calima

—Paisano, cómo le va. Está ahí pensativo, como esperando mayo.

—Aquí con este verano tan apretao que está y viendo esa bruma que tiene días sobre la ciudad, ¿maluma es que la llaman, verdad?

—No paisano, eso se llama la calima.

—Ah hombre, usted es entendío en la materia, por eso da gusto hablar con usted.

—Déjese de esos halagos, que eso no es nada. Dígame paisano ¿Qué le parece la situación? Mire hasta donde hemos llegado en este berenjal.

—Yo le voy a decir una cosa, sin ser faculto en ese asunto de la política. Para mí que toda esa gente que llegó al coroto, esos no tenían nada en la mollera. Esos eran puro cuento.

Esos andaban más perdios que el hijo de Linber, usted sabe ese muchachito que se perdió y nunca lo encontraron. Porque estos lo que han hecho es tirar pura flecha, y esos desde hace rato. El mismo difunto, cuentero como todo llanero, creo a la final tampoco tenía nada en el mate.

—Usted cree, paisano.

—Ya le dije que no soy faculto en esos asuntos. Pero por el hambre que lo han hecho pasar a uno, uno no tiene que ser doctol para imaginarse que esos andan más extraviados que becerro sin mama.

Es que estos van para una esquina y van para la otra, y nada que la pegan. ¿Y quién paga los platos rotos? Uno que lo tienen como tonto de esquina. Y así lo llevan a uno arreao para el matadero, a cuento de político meloso.

—Eso sí es verdad, a punta de muela lo tienen a uno desde hace años.

—Estos que tienen el coroto se la dan de santicos, no rompen un plato. Y se la pasan echándole la culpa a los demás, como si los otros gobernaran. Para mí que esto es un fracaso y todos se hacen como que si nada pasara.

Dejando correr la arruga se la pasan, ya de tanto correrla están estirados como esos que parecen que le hubiesen estirado el pellejo a punta de chancletazos. Y si alguien dice algo, de una vez le mandan a los colectivos diciendo que esos son unos cristianos, para que hable con el mampuesto que dijo algo. Así no se puede.

No les gusta que los critiquen, pero criticones si son.

—Usted sabe, que el que más crítica es el que menos hace. Y así están estos.

—Ansina e, si algo pasa en otro país comienzan con el alboroto, pero no se fijan lo que pasa aquí adentro ni les interesa. Como dice el dicho, aquel de la paja en el ojo ajeno y no ve la viga en el propio.

Son unos santurrones y además dando fiestas en esos convites, para tener a la gente atontada. No cree usted.

—Embolatando a la gente, a punta de cuento viejo.

—Yo para donde miro lo que veo son hilachas. Y si no son hilachas son trapos usados. Nada nuevo hay en todo este estero, todos son refritos. Lo mismo de siempre, están como disco rayado.

Todo está deformado, solo es verdad la versión que ellos dicen. Los demás no tenemos razón ni sabemos de qué hablamos, y con eso le callen la boca a uno. Por ellos son los únicos que saben y entienden el asunto.

—Paisano, así es esa cosa en verdad.

—Se las dan de campechanos mientras lo que comen es puro lomito, y para los demás el puro pellejo. Verdad que da calentera esa guarandinga, y todo eso en nombre de no sé quién. De una monserga vieja, que nadie cree.

Si usted se fija todo está esfaratao, nada sirve ni funciona. Pero ellos dicen que todo está de maravilla. Que este erial es el mejor del mundo.

—Pero, esa la estamos pagando nosotros.

—Y quién más. ¿Usted los ha visto haciendo cola en un banco o comprando en el mercado municipal? Esos andan a cuerpo de rey abusando del tonto y de quienes se creen tanta embuste, porque de estos últimos sobran.

Le dijo, que lo que se hace en la política se paga caro y por lo general es uno el que más lleva. ¿Usted se cree ese cuento del siglo XXI?

—Con esta hambrazón hay que ser orate para creerse ese cuento chino.

—El hambre mata toda ilusión, eso se lo dijo yo. A quien se le ocurre decir que esto es un reino de paz, si lo ancho es para ello y lo angosto pa uno. Así cualquiera se mete a dirigente del Partido pezuña. Porque pa zapatear a los demás están mandados a hacer.

¿Para qué sirve tanto discurso y tanta cadena para decir algo que nadie cree? Se las dan de ciegos, sordo y mudos, andan como Shakira. Lo que dicen es intragable, ni con agua pasa.

—Y agua del chorro, porque ni para un refresco hay.

—Qué va a haber. Si estos se lo han agarrado todo para ellos, no dejan para nadie. Son un saco sin fondo.

Uno se reúne con alguien y no hay otra cosa de que hablar sino de puras tragedias; esto parece aquella gente que escribía esas obras trágicas, no sé cómo se llamaban pero usted entiende. No hay manera que uno hable nada bueno, tampoco es que hay para mucho.

Mire, como esta esa maluma que no deja ni respirar.

—Maluna no, paisano. Es calima.

—Bueno, esa misma. Será por el llorón ese de calimero, porque esto es un solo yanten. Yo he hablado mucho sin ser faculto en nada de esto. Mejor nos vemos luego, si es que seguimos vivos.



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Obed Delfín


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