Pescadores sin costas

El artículo 305 de la Constitución que aprobamos en el año 1999 consagra el deber del estado venezolano de proteger a las pescadoras y pescadores artesanales en sus caladeros y sitios de trabajo como una de las formas de encaminarnos hacia la soberanía alimentaria. De esta forma además, la revolución bolivariana reivindica a un amplio y vigoroso sector del pueblo trabajador venezolano: Los pescadores artesanales.

“Por el camino que vamos llegaremos a convertirnos en un país de pescadores sin costas” Expresaba en una asamblea hace algunos años Domingo Lugo, para entonces presidente de la Federación de pescadores artesanales del estado Sucre.

Tenaz y atropellantemente desigual ha sido la pelea del pueblo marinero venezolano y particularmente de nuestras costas orientales para defender sus espacios ante la arremetida de los grandes capitales turísticos nacionales e internacionales. El recuento de playas perdidas por las comunidades pesqueras en Margarita y el resto del oriente venezolano son clara expresión de lo acertado de la predicción del compatriota Lugo.

En base al artículo 305 y a la nueva Ley de Pesca comunidades pesqueras organizadas han logrado importantes victorias como la de Manzanillo, donde derrotaron con el pueblo organizado los intentos de los consorcios turísticos, por desplazarlos a ellos también, convirtiendo sus playas y rancherías en detalles turísticos del pasado. O la pelea que mantienen los pescadores de Playa Moreno, ubicados en el centro del “lomito” de los terrenos para el turismo al sur de las costas insulares, cercana a Pampatar. Y la contundente victoria de los pescadores insulares al detener la amenaza de un Puerto de Cruceros en el corazón mismo del mayor caladero del mar Caribe. En cuyas instalaciones hoy funciona la Universidad Bolivariana de Venezuela en Porlamar.

Importantes luchas se avizoran en el futuro mediato en la península de Macanao. Donde sus comunidades pesqueras todavía descontaminadas de las deformidades del Puerto Libre, representan lo más puro y genuino del pueblo pesquero margariteño y cuyo peligro más apremiante son sus maravillosas playas y hermosísimos paisajes. Con la llegada del chorro de agua a Macanao, a buen seguro se desatará la pelea a muerte entre los capitales terrófagos y playófagos del gran turismo internacional y las sencillas, humildes y revolucionarias comunidades pesqueras macanagüeras

A la orilla de la bahía de Juangriego, en espacios tradicionalmente de pescadores, un restaurant llamado “La Mamma” ha sembrado en la playa varias hileras de maticas de cocoteros y otras especies, impidiendo así que estas sean utilizadas por los pescadores para “varar” sus botes. Ante el reclamo de estos últimos, los dueños del restaurant los amenazan con la Guardia Nacional Bolivariana, con quienes al parecer además de las autoridades municipales mantienen muy buenas relaciones. Ya de por si cualquier establecimiento o construcción pegado a la orilla de la playa, está violando la ley de ordenamiento territorial. Por otro lado, es mentira que en Venezuela las playas no tengan dueño, todas pertenecen a la República Bolivariana de Venezuela y en consecuencia al pueblo venezolano; en este caso a los pescadores artesanales

La herramienta legal la tenemos. Ahora todo será cuestión de organización popular, con el respaldo o por lo menos el respeto de los organismos gubernamentales.


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