Las Negras Hipólita y Matea no estuvieron ayer frente al Panteón Nacional

Omar me envía un mensaje de texto. Me comenta que se quedó esperando la representación de la Negra Hipólita Bolívar y la Negra Matea Bolívar, en el simbólico acto que en la mañana de hoy, 8 de marzo de 2010, en ocasión de la celebración del Día Internacional de la Mujer, fue realizado frente al Panteón Nacional de Venezuela, el templo físico más alto de los libertadores, hombres y mujeres que han entregado su existencia a la Patria de Simón Bolívar. Sin entrar en mayores consideraciones de “sí sin son todos los que están, o están todos los que son”, respuesta negativa en ambas partes.

Precisamente, apenas amaneció, envié a muchas luchadoras sociales el mensaje “Feliz Día Internacional de la Mujer. Hipólita y Matea al Panteón Nacional”.

Por algún motivo pensaba que este día si escucharíamos la noticia que nos quedamos aguardando el 8 de marzo del año pasado, sobre la elevación al altar que guarda los restos del Padre de la Patria, de estas emblemáticas mujeres, la primera “madre y padre” de Simón como la llamó el mismo; la otra, la “Primera maestra del Genio de América”. Para marzo de 2008, habíamos terminado una intensa campaña de sensibilización sobre estas mujeres, además de hablar sobre Juana Ramírez la Avanzadora y la Jefa Apacuana. Guárico todo hizo suya la iniciativa de ver a Hipólita y Matea Bolívar en el Panteón. Y poco a poco toda Venezuela, en especial la gran población afro, negra o mestiza. La prensa nacional e internacional, historiadores, académicos, conocedores, africanistas, se sensibilizaron con la buena nueva de ver junto al Libertador a las dos mujeres que colmaron su infancia y adolescencia de cariños y sabiduría. Por allá lejos, en África, escuelas le rinden homenaje con su nombre. Por aquí le cantan y recitan poemas.

Hoy vimos a talentosas actrices venezolanas representando frente al pueblo, Presidente de la República, y los poderes públicos en cadena nacional, a varias de nuestras grandes heroínas, Luisa Cáceres, Josefa, Francisca, Eulalia, Ana María, Cecilia Mújica, Consuelo, entre otras que coincidían en su valentía para alzarse en arma o infiltrar al enemigo durante la gesta emancipadora. Algo nos hizo pensar que las buenas de Hipólita y Matea no estarían en la cadena nacional. La lastimera historia conocida no las presenta como guerreras, sino como niñeras. Les niega el sustantivo aporte que hicieron al Simoncito huérfano, al Simon viudo. Enseñarlo a caminar, cabalgar, a silbar, hablar, cantar, a bailar, a no discriminar entre blancos, negros e indígenas, a pensar en la libertad. Hipólita y Matea, filosofas naturales, maestras de la vida, tan importante como Simón Rodríguez, como Bello.

Sin embargo, yo las imaginaba allí frente al Panteón Nacional, diciendo la aragüeña:

“Yo soy Hipólita Bolívar, de mi pecho se alimentó Simón Bolívar, con mis manos le preparé sus primeras comidas, lo enseñe a montar a caballo, lo cuidé, enjugue sus lagrimas y cuando estuvo en batalla, serví como enfermera, como soldada en la logística. En plena emigración a Oriente, cuide de su hermana Juana por mandato de él, que tanto quería a su familia. Ofrecí mis hijos para que lo acompañaran a libertar a Venezuela.”

Y luego la guariqueña

“Yo soy Matea Bolívar. Cuando Simoncito tenía un año y yo nueve ya me ocupaba de él. Le enseñe a caminar, a correr, a trepar los árboles, a cantar en la cuadra de mis amiguitos negros. Le contaba cuentos y canciones que él aprendía de memoria y vi como hablaba más y más como nosotros los del pueblo. Acompañe a Simoncito y a los patriotas en varias batallas, como cocinera, enfermera, mensajera. Por sus órdenes, protegí a su hermana María Antonia a quien acompañe en el exilio en Cuba, mientras él dirigía la emigración a Oriente. Y continúe al cuidado de su familia hasta mi muerte. Muchas de las historias de Venezuela la conté a varios señores para que no se olvidara la gesta de mi Patria.”

Hoy, en la representación de las heroínas, Hipólita y Matea no estuvieron frente al Panteón Nacional, fueron excluidas. No sólo es heroína quien toma un fusil o un arma. Hay variadas expresiones de heroicidad, en lo militar, en la milicia, en la guerrilla, en lo civil. Esas mujeres negras, descendientes de africanos, tan poco documentadas por la historiografía oficial, son base fundamental en la formación del alma y espíritu del Padre de la Patria.

Como Omar y yo miles esperábamos verlas dramatizadas para todas las mujeres venezolanas. Pero comprendemos que ellas están en el altar de las almas agradecidas que constituyen el Pueblo de Venezuela. Lo de más, bien lo dice Cristo “viene por añadidura”.

reibol@gmail.com


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Reinaldo Bolívar

Investigador, fundador del Centro de Saberes Africanos, vicecanciller para África

 reibol@gmail.com      @BolivarReinaldo

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