Rojo rojiiito...negro negriiito ¿y las intenciones?

La “marea” petrolera es decir la marea negra del excremento del diablo que
para bien o para mal arropa a Venezuela, es noticia como parte de la campaña
electoral y por enésima vez permite comprobar la absoluta democracia sincera
que vive la nación venezolana. El análisis es simple, bien intencionado y
cierto, pues sólo me anima salvaguardar mi credibilidad de comunicador
social, sin caer ni en el fanatismo rojo rojito, ni en el odioso fanatismo
asesino del 2002, negro negrito por la utilización del petróleo como
elemento político con la anuencia de la elite eclesiástica y fedecamarista
desprestigiada e irresponsable, medios entregados a la desinformación, e
infaltables malos hijos de la patria dispuestos a todo para volver a
encargarse del presupuesto nacional. Apoyaron entonces un golpe de estado
“fabricado” con francotiradores sicarios encargados de asesinar
manifestantes, francotiradores que fueron detenidos por la colectividad y
entregados a la policía pero recibieron la libertad por disposición del
gobierno brevísimo del dictador Pedro Carmona Estanga. Mas tarde esa misma
gente incursionó en la política comprometiendo a PDVSA en el intento de
tumbar al gobierno a finales del 2002 y comienzo del 2003, uniéndose a la
golpista CTV adeca y al apoyo vergonzoso de ciertos dueños de medios locos
sin remedio. Hoy se horrorizan porque la revolución bolivariana demanda
lealtad a los proyectos gubernamentales por la nómina de funcionarios de
confianza en PDVSA y a la fuerza armada nacional, olvidando quienes hoy se
la dan de santos inocentes y cumplidores de la ley, que nos obligaron a
perder el béisbol y la navidad 2002 ejecutando un sabotaje perolero. Aún
dicen que los revolucionarios en Puente Llaguno cuando dispararon en defensa
propia contra la policía del hoy prófugo y entonces Alcalde Mayor Alfredo
Peña, le estaban disparando a los opositores que marchaban pacíficamente...

Tal disparate me lleva a pensar con toda razón que no pueden tener
credibilidad ni confianza, pues son muy evidentes sus intenciones
desestabilizadoras y mentirosas, repetidas no sólo por políticos de
profesión u oficio sino por periodistas y analistas quienes deliberadamente
no dan por verdadera la afirmación del jefe policial Henry Vivas, redomado
antichavista hoy detenido en espera de sentencia, cuando dijo en la
Asamblea Nacional ante las cámaras de televisión en las interpelaciones con
motivo de los sucesos de Abril 2002, que “gracias a Dios la marcha no llegó
a Miraflores”, hecho comprobado por los videos donde se muestra que no había
ninguna manifestación subiendo por la Avenida Baralt hacia el puente donde
estaban los chavistas a quienes la policía de Peña masacró, víctimas no sólo
del fuego de los agentes policiales sino de los francotiradores. En cuanto a
las intenciones de la PDVSA que ahora es del pueblo y de la Fuerza Armada,
ambas “rojas rojitas”, está claro que no se incurre en delito ni va contra
el Artículo 328 de la Constitución el discurso con las opiniones del
Ministro y Presidente de PDVSA Rafael Ramírez, ni las opiniones del
Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional, pues no involucra al
personal en nada que viole nuestra Carta Magna.

Por otra parte y en referencia a la FAN, siempre los hombres y mujeres del
sector castrense han sido no deliberantes. Lo que si cabe recordar es la
forma vergonzosa como anteriormente los puestos de comando eran asignados a
fin de premiar oficiales partidarios leales de los sucesivos gobiernos
verdes... verdeciiiitos..., o blancos... blanquiiiitos... Bastaría recordar
también que PDVSA no le cobraba impuestos a las compañías gringas y las
fuerzas armadas entreguistas en los regímenes blanquiverdes recibían en sus
Tribunales Militares a detenidos políticos, para evitar que la justicia
ordinaria se encargara de esos casos. En aquella “justicia militar•” de la
democracia representativa, ni los periodistas podían cubrir a fondo las
circunstancias, menos opinar dudando de la actuación de los jueces y
fiscales uniformados. Afortunadamente en estos años iniciales del siglo
veintiuno y del cambio social, el colectivo político o no, está “pila” y
sabe diferenciar el rojo rojito de la atención a la Venezuela de las buenas
intenciones, frente al negro futuro de ciertas intenciones excluyentes,
racistas y pro imperialistas, porque la colectividad no es lerda ni
masoquista y en cualquier estrato social desde el mal llamado marginal hasta
las más altas categorías, no se cala ni apoya mentirosos de la politiquería
antivenezolana, especialmente si tienen antecedentes y rabo de paja en su
vida politicoide, e igualmente desenmascara a quienes no entienden que es un
insulto a la inteligencia del televidente, oyente o lector, no decir las
noticias con equilibrio informativo.


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Luis Sánchez Ibarra


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