Relato de la historia para los anti maduristas de hoy y no se olviden quién es el enemigo…

“La organización era una necesidad, porque «el camino al socialismo» muy pronto se convirtió en un campo de batalla. Mientras el pueblo celebraba la victoria dejándose crecer los pelos y las barbas, tratándose unos a otros de compañeros, rescatando el folklore olvidado y las artesanías populares y ejerciendo su nuevo poder en eternas e inútiles reuniones de trabajadores donde todos hablaban al mismo tiempo y nunca llegaban a ningún acuerdo, la derecha realizaba una serie de acciones estratégicas destinadas a hacer trizas la economía y desprestigiar al Gobierno.

Tenía en sus manos los medios de difusión más poderosos, contaba con recursos económicos casi ilimitados y con la ayuda de los gringos, que destinaron fondos secretos para el plan de sabotaje.
A los pocos meses se pudieron apreciar los resultados.

El pueblo se encontró por primera vez con suficiente dinero para cubrir sus necesidades básicas y comprar algunas cosas que siempre deseó, pero no podía hacerlo, porque los almacenes estaban casi vacíos.

Había comenzado el desabastecimiento, que llegó a ser una pesadilla colectiva. Las mujeres se levantaban al amanecer para pararse en las interminables colas donde podían adquirir un
escuálido pollo, media docena de pañales o papel higiénico.

El betún para lustrar zapatos, las agujas y el café pasaron a ser artículos de lujo que se regalaban envueltos en papel de fantasía para los cumpleaños.

Se produjo la angustia de la escasez, el país estaba sacudido por oleadas de rumores contradictorios que alertaban a la población sobre los productos que iban a faltar y la gente compraba lo que hubiera, sin medida, para prevenir el futuro.

Se paraban en las colas sin saber lo que se estaba vendiendo, sólo para no dejar pasar la oportunidad de comprar algo, aunque no lo necesitaran. Surgieron profesionales de las colas, que por una suma razonable guardaban el puesto a otros, los vendedores de golosinas que aprovechaban el tumulto para colocar sus chucherías y los que alquilaban mantas para las largas colas nocturnas. Se desató el mercado negro.

La policía trató de impedirlo, pero era como una peste que se metía por todos lados y por mucho que revisaran los carros y detuvieran a los que portaban bultos sospechosos no lo podían evitar. Hasta los niños traficaban en los patios de las escuelas. En la premura por acaparar productos, se producían confusiones y los que nunca habían fumado terminaban pagando cualquier precio por una cajetilla...”

Extracto de la novela "La casa de los espíritus" de Isabel Allende, escrita en el año 1982

En este relato corto trato de expresar fervorosamente en especial a aquellos a quienes el desaliento les ganó, la desesperanza los paralizó y comenzaron a comportarse como, precisamente nuestro enemigo quiere, ya que sabe que cualquier política o ideología no resiste mucho la prueba del sacrificio, y que esta prueba que pega mucho en el estomago suelta la confusión entre las masas para hacer que esta les responda con lo que quieren.

Esta historia nos la contó Chávez varias veces, nos alertó que el enemigo utilizaría todas las herramientas, incluso las autodestructivas, todo para hacer ver que la vida en revolución siempre será una confrontación, una pelea, una enemistad constante. Y ellos saben que eso cansa hasta a los soldados.

A Daniel Ortega en Nicaragua se lo hicieron. Le hicieron la guerra para que nunca pudiera gobernar, y por supuesto para que utilizara todos los recursos no para progresar sino para sobrevivir. Cuando llegó el momento de las elecciones, la guerra mediática cuyos medios siempre estuvieron en contra de la revolución Sandinista pues, hicieron lo que saben hacer. Y así convencieron al pueblo en su mayoría para que pensara que si el sandinismo ganaba la guerra seguía. Los mismos medios y estrategias psicológicas de siempre.

Y aquí en APORREA es un ejemplo de cómo muchos se han entregado a la guerra psicológica. Tanto que ya no hay forma de que piensen distinto y algunos son incluso más efervescentes que la mismísima oposición.
Y mientras algunos escriben que quieren firmar y votar en contra, nuestros enemigos se frotan las manos y se saborean.


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Joel Romero


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