Sobre el poder de los derrotadas el poder del pueblo: El pataleo de la oligarquía criolla

Quitarle a la oligarquía criolla la posibilidad de dirigir los destinos de nuestra nación, acomodados a sus intereses, es la acción más demoledora que ha sobrevenido en la historia de la Venezuela del presente siglo.

Acomodada a los vaivenes del imperialismo y de la clase política de turno, la oligarquía criolla se admiró en su caminar por la Venezuela dependiente de su destreza para percibir prebendas nacionales sin la consulta popular. Actuando como dueños de lo ajeno, se apropiaron de las riquezas del país y concedieron al amo imperial, la potestad de explorar y extraer nuestros yacimientos petroleros y de otros minerales, sin el menor temor de ser censurados. La alianza estratégica para el robo manifiesto se observo como articulación necesaria para mantener el control de un país que se debatía entre la riqueza y la pobreza., las dos caras de una misma moneda como decía Oswaldo Sunkel, el subdesarrollo creciente, construido a lo largo de la historia por la dominación y la usura, la sobreexplotación y la insensibilidad, el descaro y el desnacionalismo.

Los cambios suscitados en la Venezuela actual, nos permiten reflexionar sobre la paciencia de un pueblo, su aguante, su fuerza para resistir los debacles originados por el pillaje de los gobiernos de turno y sus alianzas vitales para salvaguardarse en el poder. Un bipartidismo teñido de irrespeto a un pueblo, se mantuvo de pie nutrido por la mala fe, la charlatanería, la trampa y el elogio chocarrero con dadivas que acorralaban a los venezolanos pobres y les creaban conductas obligadas por la penuria. Las bolsas de comida y de cemento en época de elecciones presidenciales, era lo único merecedor, era el maíz que tiraban a las palomas: el pueblo pobre venezolano se vestía de paloma con resignación.

No hay fortaleza más hermosa, que la fortaleza de un pobre. Su aguante, su energía para sobrevivir en medio de tanto infortunio e inconsciencia. Pero así como resiste, y asume con estoicismo los roles que le imponen para vivir en sociedad, el capitalismo salvaje que se anclo en la vida de sus pueblos, le dio grandes lecciones sobre el manejo de los recursos, sobre el patrimonio nacional, sobre la apropiación indebida, sobre la destrucción y la injusticia. Y esas lecciones fueron asimiladas con mayor interés por quienes no tuvieron nada, por aquellos que no se ajustaron a un modelo consumista neoliberal, los que observaron pasar los años en el mismo lugar, en la misma cañada, en la misma cumbre del cerro, con niños descalzos, sin medicinas para eliminar las lombrices que se apostaban en sus vientres.

Lecciones que dio un modelo político-social en Venezuela para las elites, enmarcado en un cuadro de relaciones internacionales capitalistas. Un modelo capitalista a la venezolana, construido para usurpar, para dar al capital transnacional y a la oligarquía criolla, nuestras riquezas con la mirada sabia y paciente de su pueblo.

El estímulo a un pueblo, se logra cuando las lecciones que le dan sus dirigentes lo cobijan para su bienestar o para su destrucción. Los gobiernos adecos-copeyanos en Venezuela, para las minorías, generaron adversidad, hambre, exclusión social. La llegada de un nuevo líder que hacia realidad los sueños de la mayoría empobrecida, avivó la conciencia y despertó la conciencia de pertenencia.

Como demonios enfurecidos han emprendido los abusadores nacionales e internacionales. La oligarquía criolla sumida en la molestia por la pérdida económica cuantiosa que le proporciona la ausencia de un liderazgo acomodado a sus intereses, mediante el control que ejerce sobre los medios de comunicación, ha orquestado una campaña de desprestigio a nivel nacional e internacional, sobre el nuevo líder que acompaña el pueblo venezolano. Las injurias contra el presidente Chávez y el uso que le da a los recursos de la nación, son el contenido de los mensajes que a diario dan al pueblo y al mundo para soliviantar a los ciudadanos y para precipitar la intervención por la fuerza de Estados Unidos en Venezuela.

La incitación a la sublevación de los grupos opositores al gobierno de Chávez, la incitación a la violencia por cualquier vía, sin importar la decisión de un pueblo, irrespetando la voluntad popular, es la respuesta que da y sigue dando, la oligarquía criolla ante la hecatombe de su supremacía. Movimientos como los suscitados en la Universidad de los Andes, los secuestros y muertes a niños, jóvenes y ancianos para demostrar la incapacidad del gobierno en materia de seguridad , la corrupción montada como cerco de vergüenza, realizado por personas sin escrúpulos que se adhieren con fina habilidad a las filas de los partidos que apoyan el gobierno, la presencia de paramilitares en zonas estratégicas, la resonancia curtida de odio, de mujeres y hombres venezolanos que huyen del país y se asilan en Miami para asegurar el apoyo de los Estados Unidos y sus residentes, son muchas de las acciones que a diario se ejecutan en perjuicio del gobierno bolivariano.

Sobre el poder de los derrotados el poder del pueblo, a pesar de la guerra mediática y de terror, encumbrada para asesinar los anhelos de los venezolanos y venezolanas que han asumido con valentía la construcción de la nueva sociedad, se erige el poder popular como muralla inalcanzable a la catástrofe anunciada por la oligarquía criolla y el imperialismo, cuyas manos fueron quitadas de la riqueza nacional, manejada a su antojo. El libre albedrío para los poderosos, aplicado en un país de ricos y pobres.

Mientras la oligarquía criolla funda fabricas de maldad, el poder del pueblo se agiganta organizándose y participando en el desarrollo de sus comunidades. La organización y participación comunitaria expresada en los consejos comunales, las asambleas de ciudadanos, la contraloría social y los bancos comunales, son una demostración de la importante tarea que hoy cumple los ciudadanos venezolanos, ignorados en el pasado.

Mientras la oligarquía criolla se burla del poder popular, menospreciando su capacidad para manejar recursos y dirigir los destinos de sus comunidades. El pueblo asume como verdad su rol de constructor de la nueva república, posesionándose con responsabilidad de los programas sociales y elaborando nuevos proyectos de desarrollo comunal mediante el establecimiento de prioridades.

Mientras la oligarquía criolla, critica con comparaciones grotescas las lecciones de solidaridad y amor que le brinda el presidente Chávez a su pueblo. El pueblo se educa entendiendo la importancia de aplicar el intercambio de producto para su bienestar, sin la utilización del dinero como medio de cambio y el aporte social que debe hacer su empresa familiar o comunal para favorecer al progreso de la comunidad.

Sobre el poder de los derrotados, el poder del pueblo estremece la nación, la toma de conciencia, su formación política, la conciencia colectiva es un hecho. Sobre el poder popular la oligarquía criolla patalea, no hay vuelta atrás.


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Carmen Arelis Contreras M


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