Soñar no cuesta nada

La Revolución Venezolana comenzó desde el primer momento que el periodista Fabricio Ojeda, inició su lucha y vio la injusticia que se estaba cometiendo contra los que se habían revelado al gobierno dictatorial del general Marcos Pérez Jiménez para derrocarlo.

La oligarquía oportunista y facinerosa se había adueñado del poder, traicionando y dando la espalda a los que habían luchado para conquistar la paz, la justicia y la libertad de nuestra patria.

El periodista Fabricio Ojeda fue secundado en su causa revolucionaria por los camaradas Argimiro Gabaldon, Chema Saher, Víctor Soto Rojas, Américo Silva y miles de combatientes de la Juventud venezolana, incluyendo a la camarada universitaria Livia Gouverneur, quien dejó su sangre derramada en busca de un mundo mejor para llevar luz, alegría y bienestar a nuestros pueblos.

No pudieron llegar a cumplir sus objetivos, pero dejaron arado el terreno para que otros con iguales patriotismos continuaran su lucha revolucionaria.

Así continuaría germinando dentro de las Fuerzas Armadas Venezolana un grupo de soldados patriotas, encabezado por el Comandante Hugo Rafael Chávez Fría, quienes el 4 de Febrero de 1992, se revelaron en un acto heroico contra un sistema de gobierno corrupto y corrompido, para sacar del poder a quien estaba entregando la soberanía del País con el apoyo de la oligarquía apátrida.

El país se encontraba viviendo una situación caótica, donde agonizaba el patriotismo y vacilaba la virtud y la fe desmayaba por encima de una corrupción enquistada en los círculos siniestros que se habían adueñado del poder, practicando el egoísmo. Nada más miserable, todos los oprobios y ninguna vergüenza, bajo la mascara del servilismo que se distinguía la cobardía de quienes hoy se han convertido en un espectro siniestro del pasado.

Ellos solo viven calumniando y difamando de todos aquellos que no se arrastran como ellos, al lado de la prostitución política y que viven en la desesperación de construir un gobierno servil, que someta a nuestro pueblo al dominio yanqui.

Esta oposición dejó una huella insondable de crueldad que arrojó sobre aquellos espíritus luchadores (Masacres: Yumare, Cantaura, el Amparo, entre otros).

Ahora se presentan con un candidato que finge al pueblo con su arrogancia y lo humilla con su jactancia:”Yo soy empleador”, se considera dueño del Estado Miranda, no del pueblo que lo eligió para que lo gobernara y que lo tiene en el abandono, ya que nunca se encuentra en la casa de gobierno para que resuelva los problemas que aquejan a la comunidad, uno de tantos que no resuelve: la inseguridad.

El estado Miranda le quedó grande, le faltó talante para gobernarlo, ahora sueña con la presidencia de la república, “Soñar no cuesta Nada”.

Patria socialista, viviremos y venceremos.



rangeljuan1@hotmail.com


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Juan Rafael Rangel Ortiz


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