"Chávez me hizo visible"

En una rutinaria visita de inspección en el proceso constructivo en una de las 44 Bases de Misiones que bajo la coordinación de Francisco Rangel Gómez estamos llevando a cabo en el estado Bolívar, y sí lo admitimos, en esos lugares de extrema pobreza donde aún la mano noble de la Revolución Bolivariana no había llegado; allí nos encontramos con un pueblo antes invisible, quizás porque son los más carentes de bienes materiales, con escasas posibilidades de surgir, gente menesterosa, con piel maltratada por el sol, con indumentarias raídas e incoloras; y aun así, ellos se muestran llenos de alegría, con esperanza y con ilusiones de tener un mundo mejor.

Son personas tan optimistas y llenas de buenos sentimientos que cuando los visitamos gastan hasta lo que no tienen por comprar un refresco y ofrecérnoslo en pocillos de peltre o un cafecito recién colao. Esa gente noble y pura nos hace la piel más sensible al oírlos hablar de cómo se han organizado –tal como se los dijo nuestro comandante Chávez- en consejos comunales y UBCH para conseguir que el Estado socialista le dote sus calles de asfalto, su comunidad; de simoncitos y de viviendas dignas, o que al menos le consigamos útiles escolares o un uniformito para sus hijos porque nunca han portado uno. Esa gente es la razón de ser de la Revolución y el Legado de Chávez; porque esas personas carentes de todo activo material, pero orgullosos de ser venezolanos y con convicción de lucha por alcanzar sus sueños, por ese pueblo, fue que Hugo Chávez dio su vida.

Me decía una doñita con unos cuantos años encima pero muy vivaz y lidereza del sector Sendero de Luz de Vista al Sol, “mire comandante Herrera aquí tiene su cafecito y venga para mostrarle mi palacio (realmente un ranchito), yo quiero que ustedes me hagan una vivienda digna porque aunque pobre yo me la merezco, Chávez me lo prometió por la televisión; él me hizo visible”.

En estos espacios olvidados por las élites que gobernaron lucrándose felonamente el país, es donde se aprecia en grado sumo la conexión amorosa, religiosa y hasta divina que logró el Gigante con su pueblo humilde. Esta gente cada día se une más al legado del arañero de Sabaneta, y lo entiende más. Él definitivamente no aró en el mar, por el contrario, su palabra, su fuerza y entereza en la búsqueda de apoyar a los más desposeídos vive punzante en los corazones de las barriadas, de las esquinas, de los campos. A Dios Gracias, Nicolás Maduro tomó el Morral de Chávez y está concretizando todo ese mundo plasmado en la Constitución Bolivariana cuya brújula es el Plan de la Patria.

Las Bases de Misiones apuntaladas por el gobierno del camarada presidente Nicolás Maduro tienen como propósito fundamental erradicar la pobreza extrema, y por tanto, vienen a continuar la gesta emancipadora de Chávez, que busca la redención social de los descamisados, de los sin tierras, de los ignorados de siempre. Sin embargo, la clase media trabajadora también es impactada positivamente por la Revolución Bolivariana.

En definitiva, es responsabilidad de primer orden de cada dirigente o gobernante revolucionario, que estas plantas físicas que estamos construyendo no se conviertan en meras edificaciones frías, sino que estén cargadas de amor por la gente humilde, que desde allí se les de ese impulso necesario hacia la salud, la cultura, la educación, la vivienda digna y una vida libre de violencia, tal como ese pueblo noble y puro se lo merece.





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Hector Herrera Jiménez


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