Medios irremediables

No tiene nombre ni re-versa el inconmensurable daño que la manipulación mediática le ha hecho a Venezuela, no digamos sólo a su población, en buena parte enajenada y convencida de que la única solución para sus variados problemas personales es que Chávez salga de Miraflores metido en un cajón, sino a su economía, a su imagen, a su sociedad y a sus instituciones.

Esto no pasa en ninguna parte. El único caso parecido a este es el de los llamados "medios del odio", sobre los que alguna vez escribí aquí y que condujo a Ruanda a una guerra civil que terminó con un genocidio de un millón de personas. De resto, en ningún país se suceden reiteradamente las descaradas manipulaciones que aquí se dan sin cesar y que son sistemáticamente repetidas, con iguales intenciones, en los medios de comunicación internacionales. Chávez es incómodo para el capitalismo. Es un enemigo común a todos ellos; por eso hay que destruirlo.

Estamos llegando al llegadero, al límite de lo posible. Los periodistas estamos inmersos en un combate sin cuartel que no nos corresponde. Lo deberíamos asumir como ciudadanos, lo deberíamos hacer como militantes de una causa, tendríamos el derecho a defender nuestros ideales en las trincheras que fueren. La única vía vedada para tal fin es justamente la que se está utilizando: la de la manipulación de la noticia para que la gente crea lo contrario de lo que está sucediendo. Es como si un psiquiatra usara su diván para alienar mentes o un cirujano esgrimiera su escalpelo como chantaje. Eso pasa con el ejercicio de lo que antes fue periodismo, en los medios del odio venezolanos. Acusan al Gobierno de propiciar justamente lo que ellos están haciendo: terrorismo. En Venezuela se practica el terrorismo mediático de manera constante, despiadada. Es una guerra psicológica que busca infundir temor en la población, miedo a perder sus cosas, sus derechos civiles, sus libertades. Nada de eso está amenazado, pero ese es el flanco por el que atacan, el lado débil del ciudadano que siente su estabilidad en peligro. No tiene otro nombre ni se le puede buscar excusa en la libertad de expresión. Sólo esa palabra lo define, es vulgar terrorismo.

mlinar2004@yahoo.es


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Mariadela Linares


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