Televisión por cable o satélite

La transmisión de la señal de un canal de televisión a través de una empresa de cable o satélite (al estilo de Directv) es algo relativamente novedoso y con un sustento legal que no ha tomado en cuenta la magnitud de este fenómeno y su impacto en la teleaudiencia nacional.

El Estado venezolano a través de Conatel emite dos tipos de concesiones de señal abierta (capaces de ser captadas por un receptor normal de TV) para operar estaciones televisoras. Una mediante el sistema VHF, con amplia cobertura de carácter nacional o poco menos y otra en la modalidad UHF, para canales que operan en una zona restringida.

Como ocurre con las emisoras radiales AM y FM, las primeras tienen mayor cobertura, dependiendo de la potencia del equipo transmisor, y las segundas tienen cobertura limitada a una región que a veces no pasa de un municipio o, incluso, una ciudad. En materia de radio hace décadas surgió una modalidad llamada ambiente musical, consistente en la transmisión continua de música, sin anuncios o cortes comerciales. Para ello el cliente o suscriptor pagaba una cuota mensual y era dotado de un aparato receptor o decodificador de la señal.

Algo similar ocurrió con la televisión al llegar las empresas de cable, cuya oferta inicial consistió en permitir el acceso a decenas de canales de entretenimiento al estilo de Disney, HBO, Sony, Discovery, Nacional Geographic, etc., que podrían ser vistos sin necesidad de calarse cuñas o publicidad comercial, aparte de las promociones del propio canal.
Poco después ocurrió lo inaudito. Las empresas de cable y satélite incluyeron en su plantilla ciertos canales comerciales UHF, con lo cual no solo nos metían mensajes publicitarios sino además ampliaban la cobertura de los mismos hacia regiones fuera de su zona primaria de cobertura, con lo que se convertían en competidores desleales de los canales UHF locales, si éstos no eran incorporados a la plantilla de dichas empresas.

De hecho las empresas de cable se adueñaron del espectro radioeléctrico mediante un "bypass" que se saltaba a la torera las restricciones impuestas a la concesión original. Ello ante la mirada inerme de Conatel.

Para colmo de colmos, las empresas de cable o satélite, al momento de instalar el decodificador, cortan o impiden la posibilidad de que el suscriptor tenga acceso a los canales de señal abierta, VHF o UHF, con lo que, de hecho, convierten al televidente en un cliente cautivo. Con ello le imposibilitan ver otros canales cuya recepción resulta gratuita.

Esto produce aberraciones como, por ejemplo, mi situación en Margarita, donde puedo ver a través de Directv decenas de canales gringos o europeos, pero no tengo acceso a la televisora local (Telecaribe), que no será mucho, pero al menos trasmite eventos de la propia isla.

A ningún espectador con dos dedos de frente se le escapa que nos están colonizando en nuestros propios hogares con canales cuya programación incluye preferentemente series y películas donde los héroes son agentes de la CIA, el FBI o la DEA y los bandidos son tipos iguales a nosotros: negros, latinos o árabes. Si esto no es un lavado de cerebro por favor díganme cómo llamarlo.

Todo ello gracias a la complicidad de funcionarios que tienen el cinismo de proclamarse revolucionarios.
augusther@cantv.net


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Augusto Hernández


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