Mujer y literatura

El boom literario desde el fin de siglo es la literatura escrita por mujeres. Hasta los grandes consorcios editoriales y sus estrategias de mercado se han dedicado a la busca de la mujer escritora. El fenómeno es tal que hasta los grandes monstruos de la literatura, Carlos Fuentes, por ejemplo, con Diana la cazadora (que usaba duchas vaginales de parchita para seducir a su adormecido compañero, cuya virilidad no se enfoca pero fue existente), estos escritores que aún aspiran al Nobel asumen la voz femenina para no quedarse fuera de la preponderancia del mundo femenino como tema y componente enunciativo del relato de nuestro tiempo.

Es recurrente en la mujer que escribe enfrentar el mundo que la oprime, desafiar la hoguera que la amenaza. Su cuerpo disminuido, hecho vehículo de la tentación, del pecado en un tiempo, es hoy la materia donde se levanta el ardid del mercado, el gusto por la cosa. No hay carro ni güisqui ni compota que no lleve su pretty woman consigo. La mujer inteligente, la mujer en el poder es un hombre mejorado, más trabajador, honrado, etc...

El mundo de la mujer, aún hoy es un mundo opresor, donde podemos salvarnos tras duras pruebas: la bulimia, la anorexia, la fertilidad inducida, los suburbios y su cultura de la casita feliz. Las adolescentes siempre están gordas, y a las gordas de verdad les cuesta mucho hacer amigos y hasta no las dejan entrar en los locales de moda. Los adolescentes se definen por las marcas y tiñen a placer sus cabellos o cualquiera que sea la campaña donde se fragüe la felicidad, ser otra, ser la imagen.

Esta patología global lleva a muchos cirujanos plásticos a la dicha de ser millonario tras haber inventado sistemas para tornar redondos los ojos de las asiáticas y voluminosos los pechos de las nórdicas y eternas las bellezas que casi habíamos olvidado, Raquel Welch, Catherine Denueve o el relanzamiento, siempre patético, de María Conchita Alonzo. El mundo del espectáculo lo ha invadido todo, los cuerpos y sus estancias, el deseo y su pasión. Aun así, en este teatro devaluado, la humanidad y su carácter subsiste, crea y añade objetos increíbles a la naturaleza.

Productos de la acción mediática, los hombre y mujeres del siglo XXI apenas pueden imaginar el mundo alternativo donde volver a ser sin ser vistos. La dictadura o el terrorismo mediático nos envuelven, son la forma toda de una mediación que alimenta el cuerpo y su necesidad tergiversadamente. Elabora estereotipando, homogeneizando, perfeccionando la imagen que no su humanidad. He allí el punto donde empieza a urdirse el simulacro del simulacro, hasta perder el vínculo con lo real, que eso solo debería ser el verbo, la palabra.

De Belén Gopegui me llegó la noticia de un manifiesto suscrito por escritores españoles en pos de la acción para recuperar lo real. Yo, desde esta otra orilla, coincido. Denunciar el simulacro, la dictadura mediática donde está inmerso el mundo, es un aporte indispensable de los hacedores de la palabra para los contemporáneos que hemos descubierto y heredado este abismo enorme y vacío.

Reivindicar el verdadero sentido de los cuerpos, lo sutil de la belleza, nuestra humanidad, nuestra memoria, cultivar el amor, la solidaridad, la fraternidad. Debe ser el contraste indispensable para construir otro orden más benévolo con la naturaleza y con la humanidad y el porvenir. La competencia y el consumo, por más que el mercado crezca y se sofistique, nunca podrán llenar la existencia, su sentido, la vida, su realidad.

Escritora


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Stefania Mosca


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