Unos se van otros llegan

La televisión y otros medios de comunicación nos mostraron el
espectáculo de ayer, cuando miles de manifestantes se congregaron en Caracas
para expresar su apoyo a RCTV, canal cuya concesión expira el próximo 27 de
mayo y no será renovada.

Mientras tanto mucho más de un millón de venezolanos en todo el
país procedían a inscribirse en el PSUV, el partido de la revolución
socialista que servirá de puntal o apoyo al gobierno de Hugo Chávez. A la
postre las cifras de seguro rebasarán los dos millones de inscritos.

Los diversos observadores, nacionales y extranjeros, entre ellos
agentes de inteligencia y analistas de encuestas de opinión que le hacen un
seguimiento constante a todo lo que acontece en el país, habrán notado la
desproporción en cuanto a los apoyantes de uno y otro acontecimiento.

Los manifestantes a favor de Radio Caracas Televisión, la estación
que desaparece como concesionaria del canal 2, asistieron al funeral de algo
más que una planta televisora. En realidad se trataba del réquiem para una
de las organizaciones que con mayor desenfreno adversó y conspiró, hasta el
último momento, contra el gobierno constitucional del Presidente Chávez
Frías.

De hecho, la oposición golpista intentó reeditar ayer las jornadas
del año 2002, cuando la alta sociedad civil, la clase media y algunos más,
se lanzaron a la calle a pedir y presionar la renuncia o destitución
presidencial. Esperaban un diluvio de manifestantes que se convirtiera en
una caudalosa demostración y apenas lograron una garúa de "errecetevistas"
que salpicó las calles de Chacaito, sin llegar a inundarlas.

Ciertamente en alguna medida, como lo señalaron distinguidos
periodistas cuya objetividad respeto, la desaparición de RCTV se traduce en
la pérdida de un medio de comunicación, lo que sin representar una campaña
oficialista contra la libertad de expresión, no deja de hacerle daño a la
imagen del gobierno y al mismo periodismo venezolano.

Para ser sincero, debo manifestar una vez más que el presidente
actuó con precipitación innecesaria al anunciar seis meses antes la no
renovación de la licencia de RCTV. Ello dio pie para una campaña mediática
que ha menoscabado el prestigio de la revolución bolivariana. Este proceso
de cambios políticos se había llevado a cabo, absurdamente, sin despojar al
adversario de sus poderosos vehículos publicitarios, incluyendo grandes
diarios, emisoras de radio, televisión y medios sofisticados, en plan
sedicioso o conspirativo. En mi opinión, el 13 de abril de 2002 todos ellos
debieron ser clausurados de conformidad con la ley.

Sin embargo ha sido una pelea pareja, sin que Chávez haya empleado
aplanadoras como las que usaban los jerarcas del bipartidismo para apabullar
a sus opositores.

Ello no quita uno que otro abuso oficial, como la excesiva
ingerencia de los funcionarios en la formación del PSUV, el empleo de
recursos públicos y la utilización indebida de los medios del Estado: VTV,
RNV y otros, como propagandistas del gobierno.

Con todo es innegable que, por otras razones, la inmensa mayoría de
la población, en especial los más pobres, respaldan sin titubeos el proceso
de cambios. No serán marxistas o socialistas a conciencia, pero chavistas lo
son hasta los teque-teques.

augusther@cantv.net


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Augusto Hernández


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