La hojilla tiene dos bolas de cristal

Observamos que Mario Silva se equivoca cuando solicita la Misión Robinson para el mercachifle de Rosalito. El Compatriota y vernáculo bachiller marginal ignora que el burrillo estuvo en la Misión Yo si Puedo, y se le escapó a la facilitadora del ambiente. El conductor de la Hojilla no es manco desmontando los pastiches de las jineteras de la oposición, lo que ocurre es que él, ni tampoco nosotros podríamos entender a Rosalito, porque para entender a este borrico hay que ser tan burro como él. Si convenimos en esto tendríamos que admitir que para votar por este escapado de Robinson hay que ser más burrillo que un burro adeco, es decir más Rosalito que el afrecho de Alfaro Ucero.

Disfrutamos de la Hojilla, y casi nos mojamos de la risa cuando el Burrillo monta el Teatro bufo del muchacho endrogado subido a una cabria. Rosalito tiene ocho años imitando a Chávez, pero burro adeco como sigue siendo, sus imitaciones son tan burdas que uno no puede más que sentir una extraña sensación mezcla de pena, repudio y afrechera; al recordar que la imitación del muchacho incontrolable, tuvo su originalidad en la Avenida libertador de Maracaibo, cuando Chávez en medio de su discurso se percata de que un joven carcomido por la pobreza generada por el capitalismo salvaje, está subido en una torre de hierro contigua a la tarima; y entonces lo conminó a que se bajara de la cabria; habló con él, imbuido como siempre ha estado de esa sensibilidad ancha profunda, que es inimitable.

Qué buen video ese, donde el burrillo le da el beso de Judas a la negra confundida, y después se limpia la jeta. Para nosotros no es nada nuevo, nuestros estudiantes nos cuentan que Rosalito es asquiento con el Pueblo, lo que en buen maracucho se llama “hediondito”. Los muchachos lo han visto desde que fue candidato a Alcalde, cómo se lavaba las manos con alcohol y se bañaba en colonia, después de haber rozado con su cuero de burrillo las manos y las caras de nuestros viejitos. Rosalito, es en verdad un cretino, un ser abyecto, pervertido en la lisonja de “la filosofía adeca”; quien fue sacado por el capo Carlos Andrés Pérez, de un lugar difuso que aun no se ha podido determinar, quizás en el Estado Mérida, a lo mejor en el Sur del Lago. Rosalito fue protegido por la flor y nata de la impunidad adeca, y cuentan algunos viejos que lo conocieron, que lo pusieron de portero en Cabimas, y que después lo pasaron para Maracaibo. Ya poseía el título de maestro sin haber estudiado el primer grado de instrucción primaria. El Burrillo medio aprendió a leer en las Revistas de Caballos, actividad en la que muchas veces, solía “ganar y cobrar”.

Estamos con Mario, con la Hojilla que no es de él, sino de toda la Venezuela decente que ha encontrado en ese espacio el instrumento ideal para el desmontaje de la Tramoya mediática del golpismo y de la burrología con pelabolistas pretensiones presidenciales. Hay que seguir arreciando la contraofensiva. La defensa integral de la Revolución Bolivariana es el primer deber de todo el Pueblo venezolano que así se sienta.


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Eduardo Mármol


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