Alberto Nolia, un tropiezo con la pequeña burguesia

El Estado, según Weber, por su naturaleza tiene el uso y monopolio de fuerza, principalmente la fuerza física; ya sabemos que este sociólogo prominente, nacido en 1864 en Alemania, fue un defensor del mantenimiento del capitalismo, frente al pensamiento marxista.
El aparato de estado venezolano, como instrumento de dominación y de coacción capitalista, mantiene intactas sus estructuras; los pocos cambios que se perciben están su apariencia, como por ejemplo, en el Ejecutivo Nacional, la denominación de los Ministerios, que se les denomina: “Del Poder Popular para”, por lo tanto, no tiene nada de extraño que hayan sacado del aire y del juego social y político a Vladimir Acosta, Mario Silva, Un grano de Maíz, Eduardo Samán y ahora a Alberto Nolia, como las victimas más representativos de las reacciones clásicas del Estado en su definición Weberiana de garantizar el uso de la fuerza para mantener el orden, en este caso la fuerza política.
El caso del Periodista Alberto Nolia, resulta emblemático, dado que su salida se da por su cruda y clara opinión técnica, política e ideológica frente a la Ley Desarme, considerada por el alto gobierno como una de las aristas claves del principal problema del país, la inseguridad de bienes y personas. En ese último programa de Nolia, “Los Papeles de Mandinga”, que he escuchado y visto varias veces, Nolia entrompa con arrojo y valentía a la pequeña burguesía, redactora de Ley Desarme; se trata de esa clase vacilante que Marx ubico entre los capitalistas y los obreros, es decir, una clase que vive de su trabajo, de su profesión o de un pequeño negocio, pero que no explota a la clase obrera.
Esta posición frente a la crítica de algunos burócratas y pequeños burgueses que comandan algunos espacios dentro de los poderes del estado se torna cada día más peligrosa, sobre todo, si se tiene la firme convicción de hacer revolución y acercarse al socialismo que soñó Chávez, lo cual no será posible sin la crítica y la autocritica, por muy dura que esta sea. La crítica es un proceso claramente definido, que busca la rectificación del criticado, a quien se le recomienda procesar bien la critica recibida antes de reaccionar, ya que, no todo el que esgrime una crítica está en la posición correcta.
Más allá del fetichismo de la Leyes como soluciones mágicas a ciertos y determinados problemas, planteado por Nolia; hay que tener claro que las Leyes no hacen revolución, es la revolución la que hace las Leyes, y que, las leyes sin marco político e ideológico son una pelea perdida.
Camarada Nolia, lo seguiremos en su nuevo espacio de opinión donde se encuentre, este tropiezo en las escaramuzas propias de una lucha dura y sostenida frente a la burocracia y la pequeña burguesía, no llega ni a rango de batalla, a decir de Argimiro Gabaldón, “El camino es duro, pero es el camino”.
Ing. Roger Lázaro
lazaroroger@gmail.com



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