Comunicalle (I)

La buena nota que CiudadCCS publica este coincidente 5 de julio sobre el proyecto “Comunicalle”, presentado por el Minci el día anterior en la Sala 2 de Parque Central (en mi opinión, mejor que la exhibida por este en su página Web), me permite abordar el tema desde dos ángulos, uno: desde la crítica. Los compañeros deben mejorar tanto la redacción y el tratamiento en general de estas noticias, así como el montaje de los encuentros con los comunicadores de calle, que si bien son de factura doméstica, no deben estar reñidos con la excelencia de la calidad revolucionaria. Claro, el tema por su importancia amerita mayor dedicación, lo cual haré en otra oportunidad. Y dos: desde la ocasión de escribir sobre un asunto que hacía algún tiempo quería comentar, pero que las urgencias me habían hecho postergar, el cual no es otro que el de “los buhoneros en las camionetitas porpuesto de Caracas” (y hasta en el Metro). Aunque las premuras de todo tipo persisten, y no podía ser de otra forma en tiempos de revolución, la estrategia de Comunicalle me anima por su irreverente espíritu juvenil, y porque además, el maravilloso grupo de las artes escénicas y musicales, que tuvo a su cargo la responsabilidad de hacer la presentación, así lo recordó.

Lo primero que se nota en esta alterna manifestación urbana (los buhoneros del transporte público), es el trabajo de una escuela callejera detrás de ellos. Todos manejan estructuralmente un mismo discurso. Irrumpen con un reto a la buena educación de la audiencia para captar su atención: “¡Una Venezuela activa que me de los buenos días! ¡Buenos días!”, y la audiencia ni corta, ni mal educada, contesta apresurada, en coro: “¡Buenos días!”. El cuido de los buenos modales, el ejercitar el Manual de Carreño, tal vez, que no quita ni lo cortés, ni lo bailao, es el primer acicate para enganchar a los potenciales compradores. Acto seguido desarrolla un largo encabezado que pide disculpas por las molestias ocasionadas y la razón que obliga a este ser, digno de conmiseración, a ganarse la vida de tal manera: “Bueno señoras y señores, sin mucha charla. Sé que no es agradable para ustedes soportar a personas que como yo, no tienen otra posibilidad si no esta para llevarle el pan a sus hijos. Solo necesito que me permitan un minuto de su preciado tiempo. Porque prefiero hacer esto honradamente…”. A continuación sucede, entreverado en la verborrea apabullante, quizá lo más importante dentro de la estrategia de venta: El buhonero hace una primera ronda con el siguiente propósito: “El producto que voy a poner en sus manos, que no muerde ni pica…”. Y cede la mercancía al poder del cuasi comprador. Primero la ofrece con amabilidad a las manos del pasajero. Si por alguna razón este no la recibe, la deja en cualquier lugar de su humanidad que pueda sostenerla. La única forma de no dejársela es que el susodicho, la rechace con contundencia. Después, la decisión de devolverla o comprarla, depende casi de un acto reflejo, el provocado por la necesidad creada (artilugio de la mercadotecnia). Y vuelve al frente, sorteando el abarrotado pasillo, al lado del chofer, al que ha sobornado con una muestra gratis. Allí hará gala de su recién adquirida habilidad de persuasión y apelará a las insuperables destrezas de sus ancestros marchantes para deshacerse en alabanzas, en medio de un recitado rosario de bondades con las que han fabricado al extraordinario producto. El más maravilloso del mundo. El milagroso, siendo el caso de algún producto medicinal, capaz de curar desde los inofensivos salpullidos, los insaciables sabañones, hasta el sida, el cáncer, o cualquier otra enfermedad terminal. Si es del rublo alimentación, chuchería, accesorios, de lo que sea, aquello no tendrá comparación. Pero sobre todo será el mejor de todos los tiempos por tratarse, en esta oportunidad, de una impelable promoción que incluye dos por el mísero precio de uno, que no enriquece ni empobrece a nadie.

La segunda parte consiste en que el sacrificado vendedor procede a retirar el dinero, o en su defecto, la mercancía, con lo cual, por segunda vez, da una exhaustiva revista a los pasajeros ¿Vaya usted a saber con qué intención? En este tramo, la ventaja se pone de parte del posible comprador. Con la táctica del “distraído”  (como la del “dormido” en el Metro, para no ceder el puesto a los demandantes de este: ancianos, mujeres embarazadas, personas con bebés en los brazos y discapacitados), algunos vivarachos, se hacen del producto sin pagarlo. Y acto final: la despedida. Por lo general apresurada, muchas veces sin que la unidad se detenga, entre buenos deseos y bendiciones para quienes cayeron víctima de un negociado embauque.

Decía que es notoria la factura de un método didáctico detrás de estos vendedores por el contenido de su retórica, la entonación, el esfuerzo por proyectar la voz, la modulación, algunos giros y voces, pero sobre todo, por la valiente técnica que le permite doblegar, más allá del miedo escénico, la propia dignidad, y lanzarse, por sobre cualquier estigmatización denigrante, a la tarea de vender los productos de una organización que se intuye en la medula de los bajos fondos. Es todo un ejercicio de movilización en las más congestionadas rutas caraqueñas y cuya matriz, por lo dicho anteriormente, se sospecha situada allende nuestras fronteras.

Hay algunos rasgos culturales, nacidos en el devenir de las relaciones urbanas, me refiero a las urbes de nuestro cono sur, mejor conocido como el Abya Yala, que por razones meramente idiosincrásicas, no han podido emerger en las nuestras, pero que las emigraciones, sobre todo las dirigidas hacia nuestra ciudad capital y potenciada por el mejoramiento del nivel de vida propiciado por el gobierno bolivariano, poco a poco, han empezado a permear en las capas más vulnerables, las más desfavorecidas. Es así como vemos que manifestaciones de tribus citadinas, propias de Ciudad de México, Lima, Bogotá, Medellín etc., florecen en nuestros conglomerados proletarios, mas por implantación forzada que por desarrollo sociológico. Estas manifestaciones están cargadas de violencia, perspicacia, competencia, individualismo, egoísmo, acompañadas de los códigos de las parafamilias, códigos de asociaciones que sustituyen la vinculación que brindan los nexos consanguíneos, pero que por sus condiciones extremas, carecen del factor fundamental de estas: el amor. Y son las que a diario vemos como ganan terreno, abonando en el deterioro de nuestra espiritualidad y en el aumento de la violencia generalizada.

Este escenario es aprovechado políticamente por grupos fascistas, los que al cabalgar sobre los factores que nutren la violencia, por ejemplo, siembran células de paramilitares en las barriadas más populosas, en los mercados y cascos centrales. Los emparentan con actividades laborales lícitas pero que lindan estrechamente con la delincuencia. Es así como encontramos en nuestros barrios, amplios corredores prostituidos, infectados de armas, municiones, pornografía, cerveza a granel, música a decibeles insospechados, jugadores, prestamistas, banqueros etc., que no hacen más que exacerbar una violencia delincuencial que si bien tiene orígenes en la aun estructura desigual de nuestra sociedad, es alimentada artificialmente por estas claras acciones desestabilizadoras.

Comunicalle se va a batir con esta realidad como parte de lo que sucede en lo profundo de nuestras calles. Como estrategia revolucionaria, aquella que pretende vencer la comodidad de las avenidas, los parques y los corredores culturales, que es lo común y lo panfletario, para internarse en la experiencia extraordinaria, aquella que enfrenta los riesgos de lo nuevo, la que nadie sabe cómo hacer, pero que exige buena dosis de audacia creativa. Aquella que exige la elaboración de teoría derivada de la práctica inaudita, la que orientará la futura práctica.

¡Chávez vive, La Hojilla sigue!



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Milton Gómez Burgos

Artista Plástico, Promotor Cultural.

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