¿Silencio de complicidad o de ídolos rotos?

El de ídolos rotos no sé, porqué lo digo –pesimismo habrá. Eso entró y lo escribí, pero, lo otro sí es inquietante, hay muchos y muchas, distraídos quizás cómo si nada, silenciosos, opacados que, pareciera ser que, La Hojilla, para ellos y ellas no existió ni embistió o, acaso también le tenían miedo con pavor, un pavor inmerecido tal vez. ¿Y, miedo a qué? Si todos andamos en él mismo barco, pero cada quien buscando afianzarse para su lado como si fueran imprescindibles o, únicos, acaso.

Se me ocurrió pensar y, así lo manifiesto: si este servidor (lo fui) hubiera estado en algún cargo público de importancia (aunque, haya quien diga que todos son importantes) para el Estado, haciéndolo bien, en pro de una sana revolución y sus gobernantes y seguidores, jugándonos el pellejo de la entereza servidora con lealtad y, un día cualquiera –quizás inesperado- te mandan a freír monos sin manteca y, sin ninguna explicación tienes que irte a la ducha, ni por ningún hecho punible en contra que nos hunda o nos quite el sueño y, meses después: te vuelven a buscar para ocupar él mismo desempeño de donde te corrieron. Mi respuesta, hubiera sido. No. Gracias, caballero. Ahora tengo mal de dolencias intrínsecas de incitación inconveniente, por lo tanto, no puedo.

Y, diría además. Ese muerto, déselo a otro que, a lo mejor que a lo mejor con repetición, algún tiempo más adelante, me pagan con la misma moneda y quién me asegura que no voy a salir por la puerta trasera, pues yo salí de allí y hasta el día de hoy, no sé, ni porqué me dejaron: viendo el cielo tal cual es. Así que gracias, muchas gracias.

¿Es acaso qué, la condición humana no vale? ¿Y mis valores sociales? Soy y seguiré siendo revolucionario, pero no doy, para más –diría. Y, amablemente cobraría con satisfacción.

Y, lo otro que me distrae y, me pone contra la pared de lo imaginario: ¿qué somos? O es que ayer no fue él y, en el mañana podré ser yo. Hay que verse bien como somos en el espejo de la realidad que, tarde o temprano te vas a dar cuenta de tu figura, tal cual eres. No sueñes demasiado que los sueños, sueños son y, entre más enquistado estés el desplante puede ser mayor y te puede doler más de lo debido, si es qué hay un límite del dolor.

Al que cayó en desgracia, hay que tenderle las manos erguido y, no verlo de reojo. Hay varios y varias obnubilados, se creen la quinta esencia de una justicia sin dios, indomables, perversidad de insensibles que se ven por tv incólumes, critican tal vez, lo que no pesa y siempre del otro bien identificado, pero no se meten para lo hondo como lo hacía Mario sin miramientos –acaso cobardía. ¿Cuántos casos hay y los seguirán habiendo? Que cuando pisamos tierra movediza es qué nos damos cuenta que no hice ni dije, lo que tenía que decir, aunque fuera en privado, por mí ni por él, sino por la moral, por la dignidad humana, por la grandeza de los pueblos, por el conjunto de sus gentes.

No escupan para arriba para disimular que, por la ley de gravedad sin estar avisado les va a caer la saliva en libertad de tempestad. Mientras el gozo sirve, y a lo mejor piensan, yo soy mejor que esos. Soy intocable, los tomo y me toman en cuenta, qué placer momentáneo. No sabiendo que hay muchos ojos mirando y oídos oyendo y cuando te percatas no eres nadie.

Dice el dicho, el que no la debe no la teme y, cuántos nos pensarán a su antojo y libre albedrío: estoy en la buena. Qué vaina tan buena, el sermón de la montaña mío y sólo mío –hasta eso pensarán.

El egoísmo y la mala fe no se percatan del daño que la ruindad sonámbula implica y atenta sin comprensión sin distingos y, la crítica como certeza se vuelve traicionera, desubica y, nadie quiere que se le toque ni con una mirada incomprensiva y, el que más jala se entierra en vida y, debe sufrir doble.

Ha muerto, La Hojilla, que en paz descanse y, sus dolientes -¿los tendrá?- A llorar al Valle de la inoportunidad o, sino que se callen como callaron al otro. Somos lo que irónicamente se puede decir desleales. Y la paz, ¿cuál paz? Si aquél está temeroso –con razón- como si hubiera matado a Jesucristo, pero pareciera que ya está sepultado vivo sin derecho al pataleo, no existe la casa del ahorcado y ahorcado quedamos a la intemperie, una gran mayoría que somos y no somos…

Muera callado compatriota o, lo mandamos para Katanga que usted como pecador solitario, ni el papa Francisco le tomará la confesión y con la misma vara con que midió será medido, por intolerante lenguaraz.

Y, me voy para Katanga y no vuelvo más como liante.


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Esteban Rojas


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