Toreando a Globovisión

Si bien no entiendo la política informativa del gobierno ello quizás
se deba a que no existe o se limita a dos fórmulas: 1) Las cuñas de
radio y televisión de transmisión obligatoria y gratuita establecidas
en la Ley Resorte, muchas de ellas originales y bien concebidas. 2)
Las alocuciones radiotelevisadas del Presidente Chávez, sean en cadena
o restringidas a los canales oficiales.

Tal vez deba incluir la programación de VTV que presenta algunos
espacios de calidad a favor del gobierno y otros dedicados a
despotricar de la oposición.

Sin embargo me inclino a pensar que en este momento no existe una
política informativa y, además, el asunto le importa tres pitos al
sector oficial.

Dentro de este esquema el gobierno no ha querido lidiar con los
medios de comunicación de masas, especialmente los radioeléctricos,
aplicando las leyes que existían y que ahora han sido reformuladas
para hacerlas más efectivas. Como se sabe, en cualquier país del
mundo, capitalista salvaje o civilizado, si las radioemisoras y
televisoras se involucran en golpes de Estado, automáticamente les
retiran las concesiones y sus accionistas y empleados van presos.

Todavía no entiendo por qué Chávez no cumplió con la obligación de
aplicar tales leyes después del 13 de abril. La “carmonada” no fue un
juego entre particulares tras el cual el Presidente de la República
perdonó a sus enemigos sencillamente porque le pareció un gesto noble.

Más adelante se cometió la necedad de cerrar a RCTV dándole un
preaviso de varios meses que sirvió para emberrinchar a medio país. La
necedad, desde luego, estribó en el preaviso, no en el cierre.

Ahora, por lo visto, le toca a Globovisión, la cual ha dado motivos
de sobra para cerrarla e incautar los equipos sin andar con
miramientos.

Pero al gobierno le gustan las cosas difíciles o controversiales y,
por lo visto, pretende emular una corrida de toros, con picas y
banderillas que debiliten al astado antes de entrar a matarlo con el
estoque.

Me cuento entre quienes aprecian la fiesta brava, con sus rituales y
tradiciones. Lo malo de ese negocio es que el toro no siempre muere
con elegancia ni el torero sale ileso.


augusther@cantv.net


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Augusto Hernández


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