La revoluciones sociales y la iglesia católica institucional no van de la mano

Nuestro interés metodológico era continuar con el análisis de la estructura de pensamiento de Barack Obama en Política Exterior para el “renacer imperial”. Las realidades cotidianas, generalmente, nos obligan a imponer lo urgente sobre lo importante; en esta ocasión consideramos que es necesario, imperiosamente, comentar el texto del Padre Luis Ugalde s.j., titulado “El último papa” (con minúscula) publicado, obviamente, en El Nacional; aunque, aparentemente, no habría relación entre el pensamiento “obamense” y el texto de Ugalde, es preciso recordar aquella clase magistral ofrecida por Barack Obama en el paraninfo de una universidad regida por los jesuitas en, si nos recordamos, la ciudad de Chicago. Para aquellos jesuitas que se sientan heridos con nuestras próximas palabras en frases que estarán contenidas en este texto, nos permitimos informarles que sentimos profundo respeto por la Orden y su labor en China, tema que conocíamos en su momento gracias a ciertos contactos que sostuvimos con algunos de sus miembros lo que nos permitió conocer historias post-1949.

El lector(a), generalmente, desconoce del porqué de esa militancia política del Padre Ugalde ya que desconoce cuáles son los orígenes de los “soldados de Cristo” que, con alto espíritu misionero, se dedicaron a promover la fe católica y a buscarse problemas con diferentes gobiernos alrededor del mundo. En algún artículo pasado, el Padre Ugalde mencionó a Matteo Ricci con algunas pequeñas y descartables imprecisiones históricas durante su vida misionera en China. Matteo Ricci, jesuita, llego a China por el sur, puerto abierto para el intercambio con extranjeros; después de muchos años se le permitió, primeramente, trasladarse a las afueras de Beijing para, algunos años después, permitírsele vivir dentro de los espacios citadinos de la capital de la dinastía Ming y Qin. Vivió sus últimos años de su vida sacerdotal, siempre vestido de mandarín, en la capital del Centro donde murió y fue sepultado. Su tumba, para rabiar de “titios y troyanos”, está en los predios donde funciona la Escuela de Cuadros del Partido Comunista Chino siendo mantenida, con carísimo cuidado y respeto, por los propios cuadros comunistas chinos. ¿Ironía? La tumba de Matteo Ricci está acompañada, a sus ambos lados, por las tumbas de otros dos jesuitas occidentales. ¿Por qué de ese profundo respeto de los chinos y de los chinos comunista hacia a esos tres jesuitas? Sencilla respuesta: comprendieron que el conocimiento y la fe no estaban reñidas con la política en tanto y cuanto, la religión supiera ubicarse en ese “mundo social”. Es decir, cuando la fe se transforma en vehículo político, deja de lograr alcanzar lo más hermoso que tiene todo “ser social”: su conciencia, es decir, su razonar y, posteriormente, su elección espiritual-humana. En ese marco, cuando se manipula con la Historia para, en lógica formal, como se viene expresando desde las derechas con el manifiesto desprecio y descrédito hacia Simón Bolívar y su pensamiento y su influencia histórica nacional y, ahora, gracias a la Revolución Bolivariana, continental (conciencia histórica), se alcanzan conclusiones tan peligrosas como las justificaciones del nazi-fascismo europeo que parece se estaría trasladando al continente americano, incluido los Estados Unidos de América, continente, por cierto, que representa la “tacita de oro” de El Vaticano.

La primera pregunta que nos deberíamos proponer es ¿Por qué las sociedades se expresan, hasta la llegada pacífica de la Revolución Bolivariana, en forma violenta? ¿Cuáles serían los motivos para que la sicología colectiva social “estalle” violentamente contra el establecimiento, independientemente, de la época histórica a la cual nos refiramos? ¿La política contra los cátaros y los templarios fue inocente? ¿Por qué miembros de la Iglesia Católica española bendecían a las tropas franquistas? ¿No debería ser la Iglesia Católica el fiel de la balanza de la paz? ¿Por qué un Papa, en tiempos contemporáneos, se “cuadra” con Ronald Reagan para “tumbar” gobiernos? Y ¿el caso de Venezuela en abril? Somos alegres “lanzando piedras”.

Vayamos al texto referido del Padre Ugalde s.j. Comienza con una cita referida a las realidades que se vivieron durante la Revolución Francesa cuando las expresiones populares, “el populacho”, los calificaron los que se oponían a esa manifestación violenta de toda la sociedad de “sangre roja, rojita” francesa, que arrasaron, literalmente, con el establecimiento que los trataba, no como seres humanos y creaturas del Divino, sino como “desperdicio social”, “desclasados”, “ignorantes”, “carne de cañón”, y siervos cuasi-esclavizados. Pareciera, Padre Ugalde, que a los miembros de cualquier sociedad de cualquier país no les agrada que los traten como “objetos de uso” y no los consideren como “hijos de Dios” y es ahí donde la Doctrina Católica, si lo prefiere, la esencia de la Cristología, en sus instituciones terrenales debe responder, responsablemente, frente a aquellas realidades de la relación de “explotadores y explotados” porque lo que no es ni objetivo, ni ético y mucho menos moral, disfrutar de las mieles y “rasgarse las vestiduras”, cual fariseos de “purezas inmaculadas”. Regreso a Matteo Ricci. El respeto que el comunismo chino tiene y mantiene hacia aquellos jesuitas, se sostiene en los importantes aportes en el intercambio del conocimiento científico entre aquellos conocimientos en matemáticas, astronomía, biología, etc., llevados desde aquellas Europas renacentistas. Podríamos, así mismo, mencionar a aquellos jesuitas que lograron mantener relaciones militares con los Shogunatos japoneses gracias a aquel famoso buque negro. Y preguntarnos ¿Por qué la Compañía ha sido perseguida, políticamente, en España, Portugal e, inclusive, acá, en nuestra Patria? La Historia es una realidad que se debe tratar con prudencia porque puede revertirse su discurso según las realidades políticas que se estén desarrollando.

En el marco del discurso del Padre Ugalde lo que se trata de demostrar son dos ideas: que la Iglesia está por encima de las violencias sociales y que Chávez es comparable con Hitler. En la primera idea, de una manera que nos resulta, por demás, incompresible, se refiere el Padre Ugalde a que “…el incrédulo Napoleón restauraría la religión católica…” (El Nacional, Opinión.9, Caracas, jueves 14 de enero, 2010) Como el texto del Padre Ugalde está sustentado en una versión de la Historia de la Revolución Francesa, nos vamos a permitir referirle dos títulos: “Metternich” de Arthur Herman, Aguilar, Madrid, 1952; y el segundo, la tesis doctoral de Henry Kissinger sobre Metternich. Con ello no lo remito a alguna versión histórica donde el “populacho francés” sea el héroe-protagonista de aquella realidad que ha influido en la Historia y en las historias sociales, económicas, ideológicas, por mencionar. Ambos textos referidos tratan del Poder y su control; trata de las conspiraciones y difamaciones; trata de las traiciones y de los errores. Con respecto a la segunda demostración lógico-formal, es decir, comparar a Chávez con Hitler, es la tesis más aberrante que estamos presenciando desde que no pudieron con el pueblo revolucionario venezolano después del 13 de abril. Es una tesis absurda y sin fundamento ni filosófico y mucho menos humano. Es una tesis como dirían los británicos “…it just descating…” Claro si se estaría manejando la “tesis Petain” resultaría hasta lógico que las derechas, nativas y foráneas, propaguen la comparación del asesino austriaco Adolf Hitler con quien ha venido desarrollando políticas sociales para aquellos que durante la Revolución Francesa se los calificaba como los “desclasados” y que nuestra derecha democrática (sic) los llama “ignorantes, perraje, chancletudos, juanbimbas”. ¿Lucha de clases?

Por último, son evidentes las enseñanzas del actual Santo Padre, Benedicto, acerca de su preocupación por la ecología, hacia la pobreza, hacia la realidad actual tanto de la feligresía como de los pastores, con respecto a las miserias humanas de prelados pero ¿regresamos a las realidades históricas cuando S.S. León XIII presentó su encíclica “Rerum Novarum”? Entonces ¿estamos analizando con objetividad las realidades sociales que estamos viviendo? Nos podríamos preguntar con crudeza ¿Cuáles son las verdaderas causas de la hambruna, la pobreza, la esclavitud infantil, el narcotráfico, el egoísmo, las guerras justificadas? ¿Las causas que esas realidades-consecuencias sociales tienen en el sustento objetivo de las realidades económico-consumistas? ¿El sistema capitalista es intrínsecamente malo, equivocado o, sencillamente, ya está superado en teorías y ciertas praxis? ¿Cuál fue la razón teológica de las relaciones políticas entre S.S. Juan Pablo y Ronald Reagan? ¿Es el cristianismo-catolicismo sustento filosófico del sistema capitalista? ¿El contenido y sentido de las enseñanzas de Jesús de Nazareth son justificación suficiente y necesaria del y para el sistema capitalista? Podemos entender y aceptar que hay diferencias entre el pensamiento de Santo Tomás de Aquino y Friedrich Hegel; podríamos comprender y aceptar las diferencias en los pensares de Hugo Rafael Chávez Frías y Eduardo Fernández pero lo que no aceptamos ni aceptaremos nunca son las ligerezas intelectuales para justificar actitudes “meterchninianas” para aplicar las “Nuevas Técnicas” de “Golpe de Estado” que superan a las tesis de Curzio Malaparte.

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Miguel Ángel del Pozo


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