Antiáereos para las FARC

Uribe internacionaliza el conflicto, yo también. Uribe apoya a la oposición violenta venezolana, yo a la de Colombia. Bajo la dictadura de Chávez todos somos protagonistas, y hay libertad de expresión: aquí todo el mundo dice lo que le da la gana, comenzando por el Presidente de la República. El gobierno bolivariano no mata opositores ni asesina sindicalistas y periodistas, como sucede en la ejemplar democracia afgana, perdón, colombiana.

Este es mi modesto análisis: los militares de Estados Unidos ponen énfasis en matar sin que los maten, porque las bajas producen efectos políticos negativos en su país. Para matar sin que los maten utilizan el poderío aéreo, en perfectas acciones “quirúrgicas” tipo Dr. Frankenstein, que no perdonan ni boda ni aldea, aniquilan ancianos, mujeres y niños. Negarles el dominio del aire es vital.

Los gobiernos latinoamericanos agredidos por Uribe tienen el derecho, y la obligación, aún sin acuerdo político con la guerrilla colombiana, de dotar a la FARC de medios antiaéreos parea negarle a Uribe y a sus amos la supremacía del aire.

EL CIELO DE COLOMBIA

Si los gobiernos no poseen el cinismo criminal de Uribe o juzgan útil mostrar algún pudor diplomático, y eso los limita para enviar antiaéreos a las FARC, no faltarán organizaciones no gubernamentales que puedan adquirir, en el mercado negro, el mínimo de 600 u 800 antiaéreos portátiles que darán a las FARC poder necesario para modificar las relaciones de fuerza en el cielo de Colombia.

Siempre existe la posibilidad de causar, de manera artesanal, daño físico irreversible al personal de vuelo, método más económico que atacar bases para destruir aviones en tierra, pero como su nombre lo indica, se trata de un método artesanal que no se compara con el efecto moral del derribo de aeronaves en la zona de combate.

PARA BELLUM

La capacidad antiaérea (que los rebeldes de Irak lograron en zona urbana con el RPG7) será clave para las futuras guerras irregulares que el Imperio imponga, directamente o por traidor interpuesto, a Latinoamérica. Con los antiaéreos y un cuidadoso desorden en la distribución territorial de altos explosivos, destinados a la producción de artefactos improvisados (antitanque, antivehiculares y antipersonal), podemos tener el material básico para las luchas venideras. La parte moral la tenemos de la misma Colombia con el ejemplo del bravo Ricaurte en San Mateo.

Considerando las dificultades que tuvo “Occidente” para dotar de antiaéreos a los afganos en su lucha contra la ocupación rusa (en la época en que Bin Laden comenzó a trabajar con la CIA), se concluye rápidamente en la necesidad de diseñar o copiar sistemas antiaéreos portátiles para producirlos localmente. ¿Qué mejor expresión de soberanía tecnológica?

ACLARATORIA

No soy militar. Odio la guerra porque la conozco. Creo que las actuales revoluciones pacíficas y constitucionales en América Latina son un ejemplo de la manera como la Humanidad puede ir saliendo de la barbarie capitalista. Pero, como dijo el hermano Evo Morales, la necesidad de cambio es tan evidente y urgente que quienes recurren a la lucha armada son los enemigos de la Humanidad. No nos interesa la guerra, pero la guerra está interesada en nosotros. Debemos ser pacíficos y democráticos, pero armados.

El Comandante Fidel Castro sostiene el criterio que para el final del gobierno de Obama habrá en Latinoamérica unos seis u ocho gobiernos de derecha aliados de los Estados Unidos. Me permito disentir: lo que habrá serán seis u ocho territorios en lucha de resistencia. Si amamos nuestra tierra, debemos alzar la mirada al cielo y apuntar bien.

rotheeduardo@hotmail.com


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Eduardo Rothe


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