Las recompensas de Bolívar

El rechazo de Bolívar hacia las recompensas y privilegios materiales llegó a rayar en la manía. Al liberar Caracas al término de la Campaña Admirable en 1813 rechaza un sueldo de seis mil pesos; al liberar Perú se niega a recibir una recompensa de un millón de pesos oro que le otorga el Congreso de ese país; en Cartagena en 1826 se ofende al saber que el sueldo de cincuenta pesos de su cocinero lo paga el Estado Mayor, y dispone que se cargue a su peculio. Gracias a ello murió casi pobre, esperando que le permitiera exiliarse en Europa la problemática venta de unas minas en Aroa.

Bolívar Libertador de Venezuela

Esta resistencia la extendió incluso a las recompensas morales. Las dos únicas retribuciones que recibe y acepta al término de sus fragorosas campañas son morales. El título de Libertador lo recibe el 14 de octubre de 1813 en Caracas tras la Campaña Admirable, luego de ceremonia solemne en la cual se conduce a la catedral la urna con el corazón del héroe Atanasio Girardot. El Cabildo Municipal decide conferirle a Bolívar un rango superior al de brigadier, que le había otorgado el gobierno de la Nueva Granada, por lo cual la Asamblea “resolvió aclamar como por el presente acto aclama solemnemente al Brigadier de la Unión y General en Jefe de las armas libertadoras, ciudadano Simón Bolívar, por Capitán General de los Ejércitos de Venezuela”. También lo honra “con el sobrenombre de Libertador de Venezuela, para que use de él como de un don que consagra a Patria agradecida a un hijo tan benemérito”. Y decide que en las municipalidades se coloque la inscripción “Bolívar Libertador de Venezuela”. Aquél a quien desde entonces se llamará el Libertador, contesta que lo considera “título más glorioso y satisfactorio para mí que el cetro de todos los imperios de la tierra”.

Ellos, señores, y no yo, merecen las recompensas

El calificativo, que no consiste en nada, para él lo es todo. No trae consigo mando, rango, escalafón ni sueldos ni jubilación. No es hereditario ni negociable en el mercado. Sólo subsiste mientras se esté a su altura. De hecho, reconoce Bolívar en diversas oportunidades que otros muchos han liberado la patria, que en el caso de faltar él otro hubiera cumplido la tarea. En comunicación de 18 de octubre de 1813 donde agradece el honor, enumera los oficiales distinguidos, menciona a las tropas, y añade que ellos “son verdaderamente estos ilustres libertadores. Ellos, señores, y no yo, merecen las recompensas con que a nombre de los pueblos quieren premiar V.S.S. en mí, servicios que éstos han hecho. El honor que se me hace es tan superior a mi mérito, que no puedo contemplarlo sin confusión”. El título también se adelanta a los hechos. Cuando se lo confiere, falta por liberar gran parte de Venezuela. Pero esa mera palabra, por su resonancia mágica, parecería situar a Bolívar en forma continua en el centro de lo que él llamó “el huracán revolucionario”, hasta que puede justificar que la merece no una, sino tantas veces como las seis repúblicas que emancipa. Numerosas intrigas y conspiraciones se traman para ofrecerle una corona; a todas contestará Bolívar que después de haber recibido el título de Libertador, no puede rebajarse a ella; siempre permanecerá fiel a su primera expresión, que lo considera título más glorioso y satisfactorio “que el cetro de todos los imperios de la tierra”.

¿Qué quiere decir Bolivia?

Al conocer en Lima la noticia de que el Congreso del Alto Perú ha decidido cambiar el nombre de ese país por el de Bolivia, el 25 de mayo de 1826 le contesta considerando tal gloria “no merecida”, y añade: “Mi desesperación se aumenta al contemplar la inmensidad de vuestro premio, porque después de haber agotado los talentos, las virtudes, el genio mismo del más grande de los héroes, todavía sería yo indigno de merecer el hombre que habéis querido daros, ¡el mío!!! (…) ¿Qué quiere decir Bolivia? Un amor desenfrenado de libertad, que al recibirla vuestro arrobo, no vio nada que fuera igual a su valor. No hallando vuestra embriaguez una demostración adecuada a la vehemencia de sus sentimientos, arrancó vuestro nombre, y dio el mío a todas vuestras generaciones. Esto, que es inaudito en la historia de los siglos, lo es aún más en la de los desprendimientos sublimes. Tal rasgo mostrará a los tiempos que están en el pensamiento del Eterno, lo que anhelabais la posesión de vuestros derechos, que es la posesión de ejercer las virtudes políticas, de adquirir los talentos luminosos, y el goce de ser hombres. Este rasgo, repito, probará que vosotros érais acreedores a obtener la gran bendición del Cielo —la Soberanía del Pueblo— única autoridad legítima de las Naciones”.

Un amor desenfrenado de libertad

A pesar de sus protestas, no puede ocultar Bolívar la satisfacción que experimenta. Antes había rechazado de plano que al monte del Potosí se le diera su nombre. En este caso, no se niega al honor: “¿Qué quiere decir Bolivia? Un amor desenfrenado de libertad, que al recibirla vuestro arrobo, no vio nada que fuera igual a su valor”. Al definirla, se define.

Bo suena mejor que Co

Por otra parte, el bautizo de Bolivia le satisface tanto, que se complace en triviales juegos para demostrar la eufonía del apelativo. Mientras espera en 1828 en Bucaramanga el resultado de las deliberaciones de la Convención de Ocaña, que lo forzarán a asumir la dictadura, ante Perú de Lacroix y otros edecanes compara los nombres de Bolivia y Colombia, “y sostuvo que aunque el último es muy sonoro y muy armonioso, lo es mucho más el primero; los analizó, separando las sílabas y comparando las unas con las otras. -Bo –dijo- suena mejor que co; li es más dulce que lom, y via, más armonioso que bia”.

En dos palabras se resume la recompensa por toda una vida de hazañas y amarguras. Tiene razón Bolívar en estimarlas: a lo largo de los siglos perduran, mientras se hunden en el olvido los rangos, los títulos, los grados, las fortunas y los imperios de la tierra.

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Luis Britto García

Escritor, historiador, ensayista y dramaturgo. http://luisbrittogarcia.blogspot.com

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