Una gran carta democrática

Ejercitar la democracia está de moda. Y aunque acordáramos en primera estancia  diferencias en cuanto al retorno clandestino de Mel a Honduras, no podremos negar la extraordinaria importancia de lograr la restitución de un gobierno ultrajado en la dignidad que le confirió el elector, constituyente primario, sin interferencias y reconocido mundialmente.

Ojala y no pasen desgracias que lamentar. No vaya a existir algún plan siniestro para quitar a Zelaya del medio y desconocer olímpicamente el proceso librado en el hermano país centroamericano, que en tiempos de globalización significa más o menos, que si  Morazán está en emergencia desde Tlascala debe llegarle ayuda.

Veremos el acontecer de la historia y  latiera que a todo  mundo conviene la restitución de Zelaya, aunque atado por aceptar no poner acento en la constituyente, que además no per sé está vedada, a pesar que  así quieran escenificarlo los contendores del ajedrez derechista en el mundo.

De la misma manera como a través de EL TIEMPO, sigue cumpliendo editorial planeta en Colombia, censurando libertad de expresión y arrodillando el ejercicio de una carrera sublime, al alimentadero de opinión sesgada bien pago.  A la farsa que hace tiempo vivimos, todos sabemos, pero pocos evitamos.

Claro que: Al tiempo hay un gran torbellino de fuerzas llamando la atención y admitamos que también una realidad macabra en los mercados mundiales, como  una creciente ola de conciencia que en general recorre el planeta. Enfrentado adversidades y enemigos desalmados, infames, cínicos y sobre todo peligrosos. Adversarios dispuestos a jugársela hasta atómicamente con tal de amarrar la batalla.

Ok! ¡No problem! Hay unas realidades que,  en buena hora históricas, no tienen nada que ver con la suerte,  las escrituras sagradas, ni menos aún con la careta que han tratado de obligarnos, especialmente alrededor de los medios y sus verdades a medias, o sus titulares con intención y más o menos siempre sabemos a favor de quienes.

Hay un país y una resolución trabajando, activados, coordinados y viéndoselas por debajo de los corredores. También en su interior hay provocadores, anarquistas y quinta columnas queriendo golpear la esencia democrática del reclamo, mediante la delación, el miedo, la represión y las más locas medidas de una clase sumida en el desconcierto ante su aventura bien soportada y bien defendida a los más altos niveles de las oligarquías continentales y mundiales, algunas aupando mediante la demora,  el silencio o el lloriqueo, hasta algunas abiertamente hostiles, como la anclada en Miami Florida, y después por seguro podremos encontrarlas en Bogotá o en Lima (no nos cabe duda)

Para ello cuentan con su reproductor mundial de noticias y hasta con sus críticos de cabecera, blandos, dóciles a la contra-causa como poco probados en la que dicen defender.  Es el escenario perfecto, es la tramoya ideal, es la truculencia maligna,  que ostenta el egoísmo de sus intereses malevos, a sabiendas, a mansalva y sobre seguro.  

Lo principal ahora es buscar las garantías para la supervivencia digna y segura de Mel Zelaya, lo demás lo sabrá hacer el pueblo, ya la semilla está regada


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