Corrupción en el lenguaje revolucionario

Engels, a los líderes de la revolución de 1848 los acuso de desplegar delante del pueblo, actitudes burguesas con mentalidad, léxico y costumbres fuera del orden revolucionario.

Marx declaro: Que los hombres son explotados por razón de clase no de conducta, concedía que el individuo capitalista es un explotador, por eso se imponía en una revolución la lucha de clases.

La penetración del capital desde la segunda mitad del siglo XX deformo la cultura latina, determinada en gran medida por la dependencia económica y militar con los Estados Unidos. Cada vez es más importante comprender los procedimientos destinados por los gobiernos, usando medios de comunicación, para quitarle al ser humano su juicio individual. Todos los gobiernos usan métodos para la manipulación mental. Estudios basados en la observación directa y en la investigación psicológica, sociológica intensiva, nos enseña que el lenguaje es un medio influyente y desorientador cuando no es bien utilizado en pos de la revolución, se convierte en corruptor ideológico.

Cuando Lenin llego al poder, la ideología debía ser parte de la vida decía, de no hacerlo así, no exterminaríamos la burguesía como clase, desde el gobierno. Latsis, uno de los principales hombres de la Checa, policía secreta, manifestaba: Los funcionarios afectan de hecho o de palabra el poder soviético, lo primero que hay que hacer es preguntarles: ¿A que clase pertenecen, cual es su origen, su instrucción y su convencimiento? Eso purifica el lenguaje empleado en una revolución.

Actualmente la colectividad en China y Rusia, el significado del lenguaje socialista esta claramente contrapuesto con la practica colectiva imposibilitando la igualdad. Economía sin conciencia social que los pueblos reciben como ideología; no es de la gente. Los ambientes y experiencias condicionan el lenguaje del gobierno con la masa, son diametralmente opuestas para el crecimiento de su población en condiciones de igualdad. Sabemos que las diferencias entre pobres y ricos no solo pertenece a la órbita capitalista globalizada, son realidades de China y Rusia también, sus diferencias son cada vez mas grandes, priman las ya históricas diferencias entre las necesidades de la clase pobre con los intereses políticos de la clase gobiernista y de los nuevos ricos que pertenecen al gobierno controlados por los partidos comunistas.

Fracaso socialista de esas dos naciones, en donde palabras como: camaradería, igualdad, colectividad, inclusión, participación, significan pura corrupción para el lenguaje revolucionario. Estas palabras están pasando a la historia por la vía del capital mixto y por la continua penetración neoliberal en la cultura. Expresiones que no son sentidas, no va de la mano con el desarrollo social. No pueden servir de modelo para la construcción socialista en Latinoamérica.

El proceso bolivariano habla de igualdad, pero la cultura no libra la batalla de las ideas para superar o al menos equilibrar la mentalidad y hábitos capitalistas de la gente. El gobierno, a pesar de su enorme contribución con la clase pobre y obras de todo tipo para el desarrollo de la nación, no valora lo positivo de la crítica y, no me vengan con ese cuento de la crítica constructiva, pues, la crítica se hace constructiva cuando hay a quien manifestarla para discutirla y mejorar.

La escasa ideología no le permite al equipo de gobierno el convencimiento para superar la mentalidad representativa. Continuamos de mil maneras hablando de clases: la clase obrera, la clase gobiernista, la clase dirigente, el pueblo, clases y más clases, otra inconsciencia de la mentalidad representativa.

Guerras de las ideas si, pero entre quienes. La clase dirigente no escucha, solo oye los ruidos del pueblo no hay un verdadero dialogo. Demasiadas antesalas existen para que la gente llegue a un funcionario medio, siempre hay una “altura” que separa la igualdad. Lo mismo ocurre con los estudiantes, los campesinos y la población. Tenemos un gobierno de clase cuya altura pretende imponerse.

Allí radica la corrupción del lenguaje revolucionario para nosotros, la subyugación de las palabras en nuestro intercambio común a un rígido dogma de clase. Algunos funcionarios hablan un lenguaje de clase y a menos que lo controlemos y descifremos lo que dicen estaremos peligrosamente a merced de su táctica que requiere de aplausos, cuando en realidad lo que están diciendo es, una sentencia de muerte a nuestros valores revolucionarios y a nuestra transición socialista.

En la práctica, el lenguaje de clase se divide en varias categorías:

-El lenguaje de acusación: Marx decía, explotadores por su conducta, hábitos en relación a su clase, critican la individualidad acusando, pero reclaman derechos individuales por no estar convencidos del colectivismo para todos los fines: trabajo, recreo, estudio, salud y pensamiento.

-El lenguaje de la exculpación: Agrupándose a la clase de poder, satisfaciendo las necesidades del pueblo simplemente porque existen, no sirve a la estrategia política revolucionaria para multiplicar. El capitalismo para resolver problemas como la pobreza da limosnas, no ayuda a la transferencia de tecnología para crear industrias. Una vez que se termina la ayuda, sigues con la dependencia. Propósito que debe diferenciar un socialista con su conocimiento.

-El lenguaje de la benignidad: Ofrece una guía fraternal, de una clase nueva, discriminando la igualdad, siempre utilizando técnicas de buena voluntad: expresiones como: “sin cobrar, gratis” se dice, no se menciona derecho del pueblo.

Lenguaje revolucionario corrupto, de a poco se lo esta incluyendo como lenguaje ideológico de responsabilidad socialista. La falta de un partido político de masas, hace casi imposible erradicar la mentalidad representativa del pueblo y de los funcionarios. Los encargados directos de relacionarse con el pueblo, alcaldes, gobernadores y vice ministros del partido prostituyen el léxico revolucionario. Sostienen una estructura pública piramidal que va de la mano con el burocratismo, con esta, la práctica representativa que sumado el poco conocimiento y convencimiento colectivo en la práctica revolucionaria, fácilmente confunde la lealtad al líder con la lealtad al proceso y al pueblo. Parte de la corrupción del lenguaje revolucionario trabajar solo para el despacho presidencial, no por la responsabilidad de construir un socialismo.


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Raul Crespo


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