Si no es guerra ¿qué carajos es lo de Colombia?

La guerra es la máxima expresión del terrorismo. No hay guerras medio bonitas en las que unos beligerantes son caballeros bien educados y los otros son asesinos depravados. En todas las guerras se cometen barbaridades de parte y parte, ya sean secuestros y violaciones o bombardeos indiscriminados, así como torturas a los combatientes y a civiles inocentes.

Los gobiernos colombianos, por alguna causa que no alcanzamos a entender, vienen negando que en su país haya una guerra aún cuando el mundo entero sabe lo que ocurre ahí.

Pretenden que, por un lado está el ejército colombiano, muy decente y disciplinado, asesorado por los militares gringos y, por el otro algunas bandas de facinerosos, sin propósitos políticos, sino exclusivamente hamponiles.

Venezuela, como nación vecina, sufre en carne propia los estragos del conflicto bélico en Colombia. Desde hace muchas décadas nuestro país ha recibido a los ciudadanos de la hermana república que, huyendo del conflicto, o de la miseria que éste genera, se han desplazado hacia nuestro territorio en cantidades tales que ya suman millones los nativos de Colombia o sus descendientes que habitan este lado de la frontera.

Nosotros, los venezolanos de vieja data, lejos de levantar muros o hacer deportaciones en masa, "cortesías" que les brindan a los latinoamericanos en los Estados Unidos, hemos tenido una política generosa y amplia de fronteras abiertas para nuestros hermanos menos afortunados. No se trata solo del régimen revolucionario cuando este comportamiento se ha acentuado, sino en general de todos los gobiernos criollos desde hace más de medio siglo.

De todos modos las fronteras son líneas en un mapa que los seres humanos, en especial los que huyen de catástrofes o buscan mejores condiciones de vida, no conocen o reconocen, pues la realidad se impone ante cualquier circunstancia artificial o teórica.

Lo curioso es que la plutocracia colombiana, lejos de agradecer o mostrar simpatía por la actitud venezolana, nos trata como a sus enemigos naturales, en tanto que se desviven por adular al gobierno estadounidense, que veja y degrada a sus compatriotas emigrantes.

Durante muchos años la cancillería venezolana, a pesar de los diferendos limítrofes, de las actitudes engañosas y poco sinceras hacia nuestro país, trató a Colombia como nuestro vecino más preciado. Poco importó que se apropiaran de la margen izquierda del Orinoco, que reclamen parte del Golfo de Venezuela o que nos metieran un barco de guerra en Los Monjes. Se les daba un trato preferencial y el embajador de Colombia tenía precedencia en los actos protocolares como el representante de las más preciada de la repúblicas hermanas libertadas por Simón Bolívar.

Para ser sinceros, tuvimos muchos diplomáticos serviles o abiertamente procolombianos que parecían más cachacos que criollos. Hubo otros casos como el del presidente Carlos Andrés Pérez, cuya nacionalidad no se conocía a ciencia cierta y la "doctora" Blanca Ibáñez, que mandaba más que todo el gabinete sin que se supiera su procedencia.

Por fortuna ahora tenemos a Hugo Chávez que no anda con culipandeos para cantarles las verdades por amargas que sean. Como el caso de la guerra.

augusther@cantv.net


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Augusto Hernández


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