Evo Morales: ¿Quién no quisiera ser como el Che o Fidel?

Una mañana temprana en el Palacio Quemado, en La Paz, hablé con el Presidente boliviano Evo Morales sobre su relación con los demás Presidentes latinoamericanos. Dialogando sobre el papel de Fidel en la revolución latinoamericana, le hice la siguiente pregunta: “¿Cuando tú mueras quisieras ser recordado como Fidel?

Evo dio la siguiente respuesta que refleja tres elementos centrales de su psicología y praxis política: su profunda admiración y cariño por Fidel, su modestia personal y el inquebrantable punto de referencia de todo su pensamiento, que es el pueblo.

Evo: Yo no podría autocalificarme, o autodesearme qué quisiera. Será el pueblo que valore. Pero por ahora, estoy aprendiendo de Fidel, de Chávez, de Lula, de Kirchner, su solidaridad y su trabajo por el pueblo; como Kirchner, por ejemplo. Hace cinco o seis años atrás, permanentemente se cambiaban presidentes en esas crisis económicas, y ahora Kirchner es el tercero en crecimiento económico, según la CEPAL. Veo abocado al compañero Kirchner, resolver problemas por aquí, por allá y, últimamente he empezado a admirar al Kirchner igual que a Fidel, igual que a Lula, igual que a Chávez, que hablan de solidaridad, de ayudarme, de enseñarme. Lo digo con franqueza, con sinceridad y que tal vez, por lo que conversamos, ellos también se orientan. Yo aprendo bastante y tengo mucha confianza en ellos, así como en algunos presidentes de Europa, algunos gobiernos de Asia y hasta de África. Tenemos excelentes relaciones con Sudáfrica, queremos establecer buenas relaciones con Libia y Argelia. Son procesos de cambio que hay que aprovechar para nuestro país y hay así estos líderes políticos, que son mi guía, mi norte: son mis orientadores.

Es más, cuando hablamos de Fidel pues, yo siento que el Che vive, sigue presente. Y después del Che, y perdona que me adelante, Fidel será un eterno compañero, Fidel será un eterno líder para los pueblos que quieren vivir en solidaridad, en igualdad, con dignidad y sobre todo pensando en cómo salvar a la humanidad. Por tanto, pues, ¿quién no quisiera ser como el Che, como Fidel? Todos seguramente, si pensamos en la humanidad. Pero eso no depende de autocalificarse, ni autodesearse, sino será el pueblo que califique o defina finalmente.



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Heinz Dieterich


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