De Chavín de Huántar a Resolución Absoluta: Enseñanzas y espejos de operaciones militares efectivas

En esta guerra de percepción, la victoria está en resistir con conciencia, no en esperar confiado detrás de una mesa vacía. Paz, sí; pero una paz con dignidad, defensa y soberanía

La estrategia de presión, cerco económico, militarización del Caribe, y el abatimiento de lanchas con supuestos tripulantes narcoterroristas montados por la administración de Donald Trump contra Venezuela resulto ser una muy bien elaborada cortina de humo, diseñada para distraer al Gobierno Bolivariano mientras se preparaba el ataque quirúrgico que dio al traste con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, la doctora Cilia Flores, diputado a la Asamblea Nacional del país suramericano.

Fuentes de inteligencia han confirmado, y los hechos no les deja mentir, en el sentido de que el rejuego de Donald Trump, haciendo gala del manejo estratégico de la Teoría del Loco, las constantes advertencias, el endurecimiento de las sanciones, amenazas de todos los calibres y el ruido mediático internacional, conformaban una "Operación Chavín de Huántar 2.0", cuyo objetivo era abrumar a Caracas para que pasara por alto el macabro plan que se gestaba en la sombra.

La operación militar Chavín de Huántar, articulada en 1997 por el gobierno peruano reveló cómo una estrategia de engaño, distracción y falsas negociaciones pueden conducir a una derrota, enseñanza y espejo en el que hoy debe mirarse América Latina y el Caribe, en medio de un escenario en que Estados Unidos reactualiza la región como patio trasero, y la catapulta como la versión Doctrina Donald Trump, por lo que experimentados estrategas advierten que estos países no deben bajar la guardia ni mucho menos entregarse a la ilusión de un diálogo condicionado.

Operación Chavín de Huántar: Enseñanza

La Operación Chavín de Huántar en Perú fue celebrada como una hazaña militar de precisión quirúrgica, pero su éxito no se explica en la breve irrupción armada del 22 de abril de 1997, porque la clave estuvo en el desgaste psicológico previo. El Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) mantuvo durante cuatro meses retenidos a los invitados del embajador de Japón en Lima, convencido de que negociaba condiciones reales con el gobierno del presidente Alberto Fujimori. Creían estar en la mesa diplomática, cuando en realidad estaban siendo conducidos a su propia derrota.

Durante esos cuatro meses, el gobierno peruano construyó, articuló y manejó una estrategia de engaño que resultó perfecta. Fingió explorar la posibilidad de que los guerrilleros que mantenían como rehenes a los invitados en la residencia del diplomático nipón viajaran a Cuba o República Dominicana con garantías y dinero. Al mismo tiempo, infiltró micrófonos en objetos enviados a los rehenes, utilizó la presencia de un almirante retenido que actuaba como informante encubierto y, mientras aparentaba diálogo, cubría con música estridente el ruido de los túneles que prepararían la operación militar.

Fujimori, como parte del guion de distracción, viajaba a distintos países en aparente búsqueda de consenso diplomático, y mientras el ruido ensordecedor en Lima ocultaba los preparativos de la operación, el MRTA bajó el guardia confiado en un desenlace negociado, y cuando creían estar enfocados en un diálogo real, ya se habían creado las condiciones para el ataque que neutralizó a los 14 insurgentes y rescató con vida a 71 rehenes. La operación no triunfó por la fuerza, sino porque los rebeldes dejaron de percibir la amenaza.

En el Perú de Fujimori, la música servía para tapar el sonido de los túneles, en el Caribe, el ruido son titulares, supuestas filtraciones de inteligencia, análisis y reportajes que presentan hipótesis como certezas, publicados en medios como CNN, The Washington Post, Reuters y El País, que hablan de "evaluaciones", "escenarios", "plazos considerados" y "condiciones probables", sin una sola evidencia verificable. Su función no es informar, sino amplificar la expectativa de un desenlace que depende de la presión psicológica y no de hechos comprobables.

Operación Resolución Absoluta: Enseñanza

Hoy, esa lógica vuelve a escena en el Caribe. Desde agosto, Estados Unidos ha montado un enorme despliegue militar en aguas de la región, bajo el pretexto de combatir el narcoterrorismo que supuestamente "patrocina" el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela. Al mismo tiempo, anuncia que no descarta una intervención para deponer al chavismo, propone negociaciones condicionadas y establece plazos ficticios para un "cambio político". No precisa atacar para desgastar, solo necesita vender la ilusión permanente de que la intervención está cerca.

Washington alterna amenazas y mensajes de diálogo como quien cambia de uniforme, pero sin alterar el libreto. Exige concesiones unilaterales, ofrece alivio temporal de sanciones y luego lo revierte alegando "incumplimientos". Esa aparente apertura diplomática no es un intento de resolver el conflicto, sino una forma de ablandamiento político. Obliga a Venezuela a responder, mientras el verdadero agresor nunca asume un compromiso verificable, pero, como respuesta, el Gobierno venezolano cuenta con un "plan de contingencia comunicacional", una respuesta estructurada ante lo que percibe como una ofensiva que combina "presión diplomática, operaciones psicológicas, campañas de desinformación y guerra cognitiva".

Donald Trump se ha convertido en el principal vocero de las contradicciones estratégicas de Estados Unidos frente a la República Bolivariana de Venezuela. Un día amenaza con intervenir; al siguiente afirma que podría conversar con el presidente Nicolás Maduro; después endurece el discurso; luego retrocede y asegura que "todas las opciones están sobre la mesa". Esa oscilación no es improvisación, sino el reflejo de un imperio que avanza con estridencia, pero retrocede cuando mide los costos reales de sostener sus amenazas.

No importa si la voz es de Trump, Marco Rubio o el secretario de guerra, lo esencial permanece: la negociación se utiliza como un túnel encubierto, no ofrece salida, sino distracción, pretende bajar la guardia del adversario para que ceda antes de resistir. La oferta jamás es neutral: funciona como prolongación del chantaje imperial, que busca una derrota diplomática sin necesidad de disparos. "Venezuela es la mayor garantía de estabilidad y paz de Suramérica y el Caribe, por la cohesión y la fuerza de un país que ha vencido todas las adversidades"

"El hecho de que Venezuela está en paz al día de hoy, a más de 90 días de una guerra brutal psicológica, simbólica, y una presencia militar no despreciable en el Caribe, significa que hemos vencido de alguna manera esas batallas", dejó bien claro el gobierno en el foro "Nueva Era Digital, Fake News y Guerra Cognitiva" efectuado en Caracas con la participación de expertos rusos, chinos e iraníes, y advirtió que el objetivo es fortalecer la defensa de la soberanía digital y fomentar el debate sobre los desafíos que enfrenta la sociedad venezolana en la era de la información.

Los centros de pensamiento se convierten en parte del operativo, sus informes no son diagnósticos objetivos; funcionan como dispositivos para construir narrativa geopolítica. En este ruido mediático se pretende que el mundo asuma como inminente lo que solo es estratégico: desgaste, intimidación y condicionamiento de la opinión pública. El túnel no está bajo tierra, sino en la construcción de una percepción. "Allá el norte imperialista y sus palabras y sus amenazas, allá ellos, con sus ambiciones criminales, de colonizar y conquistar a nuestra América", destacó en rebeldía, advierte Venezuela.

Venezuela: paz, pero en guardia

La Revolución Bolivariana no se entrega a una negociación que no respeta su soberanía ni acepta condicionamientos, por lo que no espera ingenuamente una salida pactada diseñada por quienes bloquean su economía y amenazan con su derrocamiento. Venezuela levanta la bandera de la paz, con la fuerza militar, policial y el poder popular en estado de defensa activa. No ruega diálogo: exige respeto. "La paz y la soberanía no tienen alternativa", reiteraba como estribillo el presidente Maduro.

El país no baja la guardia ni construye ilusiones, maneja y advierte el objetivo del engaño, lo denuncia ante organismos internacionales, expone la incongruencia mediática y fortalece su doctrina cívico-militar. Al no entregarse a la ficción negociadora, el túnel psicológico no avanza, y la operación imperial queda al descubierto. La fortaleza no está en atacar, sino en resistir sin ser engañado.

Mientras Trump presume de haber desplegado 15 mil soldados en el Caribe y de autorizar operaciones encubiertas de la CIA, el gobierno bolivariano advierte que, si Estados Unidos rompe la paz y lleva a cabo sus intenciones neocolonialistas, puede llevarse "una enorme sorpresa" y un "duro golpe". Venezuela insiste: nuestro horizonte es la paz, pero nos preparamos para la lucha armada.

En Chavín de Huántar, el MRTA fue derrotado antes del asalto porque dejó de percibir la amenaza. En el Caribe, el objetivo es que Venezuela caiga en ese mismo error: confiar, ablandarse, distraerse o dividirse. La victoria estratégica de la Revolución Bolivariana consiste precisamente en lo contrario: reconoce el engaño en curso y se prepara sin ilusiones ni provocaciones.

Estados Unidos no necesita invadir para ganar: solo necesita que Venezuela crea en una salida sometida, pero esa trampa no funciona cuando el país identifica el engaño, no baja la guardia y articula paz con preparación militar. En esa guerra de percepción, la victoria está en resistir con conciencia, no en esperar confiado detrás de una mesa vacía. Paz, sí; pero una paz con dignidad, defensa y soberanía.


 



Esta nota ha sido leída aproximadamente 162 veces.



Noticias Recientes:

Comparte en las redes sociales


Síguenos en Facebook y Twitter