En los últimos años, Estados Unidos ha sido testigo de un cambio ideológico significativo que ha sacudido los cimientos de su política y economía. Este cambio, encarnado en figuras como Steve Bannon y movimientos como el MAGA (Make America Great Again), ha puesto en el centro del debate público tres pilares fundamentales: el nacionalismo económico, el antiglobalismo y el populismo. Estas ideas no solo han redefinido el discurso político, sino que también han convertido a sus defensores en portavoces de los llamados «estadounidenses olvidados» y de una amplia audiencia del «corazón de Estados Unidos». Curiosamente, estas corrientes encuentran ecos en otras partes del mundo, como en Venezuela y Rusia, donde el antiglobalismo y el rechazo al libre comercio han sido parte integral de sus políticas recientes.
El nacionalismo económico y el proteccionismo como bandera El nacionalismo económico ha surgido como una respuesta a los efectos negativos percibidos de la globalización, especialmente en Estados Unidos, donde figuras como Steve Bannon atribuyen la erosión de la clase media al libre comercio y la mano de obra barata extranjera. La deslocalización de industrias y la competencia de países como China han dejado a muchos trabajadores estadounidenses en una situación precaria, lo que ha llevado a la adopción de políticas proteccionistas para defender empleos e industrias nacionales.
Este enfoque no es único de Estados Unidos. En Venezuela, el gobierno de Presidente Nicolás Maduro también ha implementado políticas proteccionistas y antiglobalistas, argumentando que el libre comercio y la dependencia de mercados extranjeros debilitan la soberanía nacional. Aunque los contextos son diferentes, ambos países comparten una retórica común: la necesidad de proteger la economía local frente a las grandes corporaciones transnacionales y las potencias extranjeras.
Bannon, en su programa «Warroom», ha criticado duramente a empresas transnacionales como Huawei, acusándolas de dominar la economía mundial en detrimento de los intereses estadounidenses. Para él, estas corporaciones representan una amenaza económica, cultural y política, alineadas con lo que describe como élites globalistas, un grupo cerrado y perverso que busca imponer un orden mundial contrario a los valores nacionales.
El antiglobalismo y la lucha contra las élites
El antiglobalismo de Bannon y sus seguidores no se limita a lo económico. También tiene un fuerte componente cultural y filosófico. Influenciado por el tradicionalismo de pensadores como René Guénon y Julius Evola, Bannon ve la historia como un proceso cíclico en el que la modernidad representa una edad oscura, marcada por la degeneración de los valores tradicionales y la pérdida de las instituciones sagradas. Para él, la globalización no es solo un fenómeno económico, sino también una fuerza que corroe las identidades nacionales y las tradiciones culturales.
En este contexto, Bannon ha encontrado en Rusia un posible aliado en su lucha contra las élites globalistas. Aunque históricamente Estados Unidos y Rusia han sido rivales, Bannon ve en el gobierno de Vladimir Putin un defensor de los valores tradicionales y un baluarte contra el liberalismo globalista. Esta alianza, aunque polémica, refleja su visión de un mundo dividido entre fuerzas tradicionalistas y globalistas, donde las fronteras nacionales y las identidades culturales deben ser defendidas a toda costa.
Rusia, por su parte, ha adoptado una postura similar en su política exterior, promoviendo un modelo multipolar en el que las naciones mantengan su soberanía frente a lo que perciben como la hegemonía occidental. Esta coincidencia de intereses ha llevado a un acercamiento inusual entre figuras como Bannon y el Kremlin, quienes comparten una visión crítica de las instituciones internacionales y las élites globalistas.
Venezuela: un caso paradigmático de antiglobalismo
Venezuela, bajo el liderazgo de comandante Hugo Chávez y posteriormente de presidente Nicolás Maduro, ha sido uno de los ejemplos más claros de antiglobalismo en América Latina. El gobierno venezolano ha rechazado abiertamente las políticas de libre comercio promovidas por organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial del Comercio (OMC), argumentando que estas benefician a las grandes potencias en detrimento de los países en desarrollo. En su lugar, Venezuela ha buscado fortalecer su economía a través de la nacionalización de industrias clave y la implementación de controles en materia de seguridad nacional sobre las importaciones y exportaciones.
Aunque el resultado de estas políticas ha sido controvertido, con una economía en crisis y una fuerte dependencia de aliados como Rusia y China, el discurso antiglobalista de Venezuela ha resonado en ciertos sectores de la izquierda latinoamericana y en movimientos populares de otras partes del mundo. Curiosamente, este enfoque tiene puntos en común con el nacionalismo económico de Bannon, aunque provenga de un espectro político diametralmente opuesto, por supuesto.
El populismo y la «Revolución Conservadora»
El populismo de Bannon y el movimiento MAGA no es solo una estrategia política, sino también una respuesta a lo que perciben como el abandono de las clases trabajadoras por parte de las élites políticas y económicas. Bannon se ha erigido como un defensor de los «estadounidenses olvidados», aquellos que sienten que han sido dejados atrás por la globalización y el progreso tecnológico. Su retórica apela a un sentimiento de injusticia y a la necesidad de una «Revolución Conservadora» que devuelva el poder al pueblo y acabe con el «Estado profundo» de Washington y las élites liberales.
Esta visión populista ha llevado a Bannon a enfrentarse incluso con figuras como Elon Musk, quien representa el otro polo del movimiento MAGA: la derecha tecnológica. Musk, defensor de los visados H-1B para trabajadores altamente especializados, ha sido criticado por Bannon por priorizar los intereses corporativos sobre los nacionales. Bannon acusa a Musk de «tecnofeudalismo», argumentando que su visión de un mundo sin fronteras beneficia a una élite tecnocrática en detrimento de los trabajadores estadounidenses.
En conclusión, el nacionalismo económico, el antiglobalismo y el populismo representan una nueva ideología en Estados Unidos que ha encontrado un eco significativo entre aquellos que se sienten marginados por las fuerzas de la globalización. Ya sea visto como una necesaria corrección al rumbo de la modernidad o como un retroceso peligroso, lo cierto es que esta ideología ha redefinido el panorama político estadounidense y sigue encontrando paralelos en otras partes del mundo, como en Venezuela y Rusia. Estos movimientos, aunque diversos en sus orígenes y contextos, comparten una crítica común al orden global establecido y una búsqueda de alternativas que prioricen los intereses nacionales sobre los globales.
*• Lic. Ciencias Fiscales mención Aduanas y Comercio Exterior • Esp. Gestión y modernización de sistemas aduaneros
• Actualmente estudiante de Leyes de Universidad de Bicentenaria de Aragua • Diplomado en Negociación Comercial Internacional
Situación laboral
• Docente universitario en Escuela Nacional de Administración y Hacienda Pública (ENAHP)
• Asesor Político e internacional en medios de comunicación digitales
Responsabilidades políticas
• Fundador de la Liga de la Juventud Socialista
• Militante de Partido Socialista Unido de Venezuela