Retrospectiva de una derrota al imperio del narcotráfico occidental

Los hechos, para nada recientes, de la violencia en Ecuador, que se inician a lo interno de las cárceles ecuatorianas pero, ante la inacción del gobierno de Lasso, se generalizan hacia el resto de la sociedad con marcado golpe a la sociedad política ecuatoriana como ocurrió con el candidato presidencial, Fernando Villavicencio este mes de agosto, a los que se sumaría el asesinato del militante del Movimiento Revolución Ciudadana, Pedro Briones, impactado de bala el 14 de agosto, tras una emboscada en su residencia en el norte del país. En julio, los homicidios de Agustín Intriago, alcalde de Manta, y de Rider Sánchez, candidato a legislador, tiñeron de más sangre la campaña electoral. Situaciones de violencia todas, que visibilizaron el auge que cobró el narcotráfico en Ecuador. Nada casual que, mientras mayor ha sido el ingreso de la producción colombiana de narcóticos a dicho país, se haya incrementado la violencia criminal. Lo cual se ha facilitado, con la llegada a gobierno en dicho país, de los gobiernos derechistas neoliberales de Lenin Moreno y Guillermo Laso. Gobiernos que, como demostró Henrique Capriles Radonski, durante su tránsito de gobierno por el Estado Miranda, es política de la derecha, establecer alianzas con factores del narcotráfico internacional y facilitar las operaciones negativas de dichos factores, enemigos de la paz y seguridad ciudadana. Ecuador, como lo fuera el Estado Miranda, dirigido por Henrique Capriles entonces, se convirtió en un reducto del narcotráfico internacional. Por fortuna, el pueblo Mirandino reaccionó a tiempo y desalojó del gobierno estadal a dicho líder negativo. Pero, que pasó en Ecuador, cómo llega a convertirse en un Estado fallido, gobernado por el narcotráfico internacional? El Presidente Gustavo Petro, ahora con conocimiento de causa de lo que ocurre a lo interno de Colombia, lo explica –acertadamente- en la cumbre Amazónica: «Las rutas recorrían Centroamérica, las islas del Caribe y México hacia Estados Unidos. Estas rutas de manera progresiva, comienzan a cambiar. Ahora, van hacia el sur (…) Abandonan las costas y penetran al otro lado de la cordillera de los Andes, hacia la selva amazónica. Hoy, la mayor zona cocalera no se ubica en Tumaco, en el Pacífico nariñense, ni en el Catatumbo. La nueva zona de mayor producción de cocaína del mundo, se ubica en una franja de 10 kilómetros a lo largo de la frontera colombo-ecuatoriana, del lado colombiano. Desde esta zona, alejada del mar, se trazan las nuevas rutas por los ríos y van hacia el sur. Hacia Brasil, para llenar el mercado brasileño, hacia Brasil para pasar al África y de allí a Europa. Hacia Ecuador y Perú para pasar al Asia oriental, a Japón y Australia. ¿La razón? El mercado de la cocaína se desplomó en Estados Unidos, reemplazado por uno peor: el del fentanilo, que ya les mata 100.000 personas al año. La cocaína mataba 4.000 por sus mezclas venenosas, producto del mercado clandestino. Es por esta razón, por la que cae el precio de la hoja de la coca en las áreas dedicadas a la exportación hacia EEUU. Es probable, que con la nueva geografía del mercado de la cocaína, mafias paraguayas y uruguayas busquen construir una economía ilícita en Bolivia y es posible que ahora, los laboratorios de cocaína se ubiquen en Europa para competir con calidad ante la invasión de las drogas químicas y el fentanilo. Cambia la geografía, pero sigue el fracaso de la guerra antidroga, empeorando el panorama. Quizás Colombia, ante su incapacidad industrial para producir fentanilo, pueda escaparse de esta geografía narcotraficante, un escape que para nosotros sería la paz. El gobierno, debe prepararse a contrarrestar el consumo de fentanilo en nuestra juventud. La instalación de puestos civiles de detección gratuitos y libres para consumidores en zonas de rumba, y la pedagogía sobre los efectos mortales de esta droga, deben ser el centro de una estrategia de salud pública. Al fentanilo, lo esconden en otras drogas para garantizar la adicción del consumidor. De la marihuana del capitalismo del bienestar y sus juventudes rebeldes, pasamos a la cocaína, la droga de la competitividad y el neoliberalismo. Y ahora, entramos a la droga de la muerte, el fentanilo: la droga del capitalismo de la crisis climática y la guerra» (Intervención del Presidente Gustavo Petro en la Cumbre Amazónica, celebrada en Brasil el 08 de agosto 2023.

El desplome del mercado estadounidense (cocaína), siendo éste sustituido por el de fentalino obligó a los cárteles colombianos a reubicar su frondosa producción en territorio colombiano y peruano. Y aquí, no vemos obligados a apuntar con precisión nuestro retrovisor, hacer una retrospectiva de la guerra unilateral que le hiciera Washington a Caracas, Venezuela. Recordemos, que la misma inicia en tiempos de Barack Obama y su vicepresidente Joe Biden, y la misma se ubicó en el ámbito de la economía o como diría Richard Nixon: «hacer chillar la economía». El Bolívar, fue devaluado millones de veces, según cálculos realizados por la investigadora Pascualina Curcio. El objetivo era claro: procurar un cambio de régimen, que fuera el propio pueblo venezolano que ejecutara dicha acción violenta. La llegada de Donald Trump a la Administración de Washington, cambia esos planes del llamado «poder suave» de los demócratas, por el otrora «poder duro» de los republicanos. Si bien, Trump tenía intereses claros en el manejo del petróleo venezolano, su equipo de combate para dicha guerra tenía otros intereses, claramente ubicados en el mundo del narcotráfico internacional, léase: Elliot Abrams, designado Representante Especial para Venezuela; el Departamento de Justicia de su país, lo encontró culpable y condenó a dos años de libertad condicional por haber mentido y ocultado información al respecto, ante el congreso estadounidense en el caso Irán- Contra, en los años 80. Narco traficante de amplia trayectoria, se le imputa la culpabilidad de haber sido el generador de la epidemia de adicción al crack-cocaína que azotó a comunidades marginalizadas negras y latinas en los Estados Unidos durante los 80. Los proveedores de la droga, habrían sido carteles colombianos, entre ellos el Cartel de Medellín y su jefe máximo, Pablo Escobar Gaviria. Iván Duque, narcotraficante colombiano, mano derecha del matarife y tan siniestro como perverso como su patrón, el narcotraficante N° 82, definido así por las fuerzas policiales estadounidenses. Y aparece entonces, un recién llegado al negocio del narcotráfico internacional, un joven entrenado por Washington en esas malas artes, léase: Juan Guaidó. Cuya principal virtud, si a eso pudiera llamársele virtud, era su ansiedad de obtención de dinero fácil. Con esa troica de narcotraficantes, Trump se lanza en la aventura de recolonizar a Venezuela. Recordemos también, que fue con un grupo de narcotraficantes de la costa norte colombiana, que Iván Duque logra organizar una fuerza de tarea cuyo objetivo explícito no era otro, sino ingresar al litoral venezolano por La Guaira, para intentar secuestrar al Presidente Maduro, tomar Miraflores y llevar la violencia al territorio venezolano. Por esos tiempos, una vez que fue derrotada militarmente la tentativa insurgente del narcotráfico internacional, se hace pública la relación de Juan Guaidó con el grupo de narcotraficantes colombianos: «Los Rastrojos», finales de febrero 2019. «Los Rastrojos», son una banda criminal, heredera de las desmovilizadas «Autodefensas Unidas de Colombia» (AUC) y está dedicada al narcotráfico y el contrabando, principalmente en la frontera entre Colombia y Venezuela en la zona que circunda Cúcuta. La Fiscalía General de la República, inició desde entonces, una investigación sobre las actividades de Guaidó con dicha banda criminal. Jorge Rodríguez, entonces ministro de Comunicaciones, hizo público los videos obtenidos del celular de algunos miembros de dicha banda criminal, que fueron detenidos posteriormente. En algunos de estos, aparecen miembros de la banda declarando, que los videos se hicieron como «base para el futuro», con el fin de que, en el caso de que Guaidó tomase el poder, los miembros de dicha banda «se pudieran mover libremente por todo el sector de frontera sin ninguna presión militar, sin ninguna presión del Gobierno». Indicativo, que desde entonces el narcotráfico internacional trabajaba en garantizar la Ruta Caribe, como paso abierto para la producción colombiana de cocaína, como vía expedita al mercado europeo. Otro hombre del narcotráfico internacional, como es el caso del nazi estadounidense, William Brownfield, entonces subsecretario de Estado de los EEUU, llegó afirmar: «De acuerdo a estimaciones, más de la mitad del producto ilícito en Colombia pasa por territorio venezolano» (Informe Anual Dpto. de Estado 2015). Y aunque sabía que mentía; Brownfield, para ocultar la verdad que toda esa droga se consumía, no en Venezuela sino en los EEUU. Y además, dicha producción se dirigía al mercado de EEUU y no al venezolano.

Los hechos ocurridos en Ecuador, certifican que el narcotráfico internacional fue derrotado y fracasó en su propósito de convertir El Caribe, como su territorio de exclusividad. La retrospectiva actual de los hechos ocurridos en Ecuador, demuestran que, cuando hay voluntad política y sinceridad en el combate contra el narcotráfico de drogas, se obtiene el resguardo no solo de la Soberanía Nacional sino que logra garantizarse la paz y seguridad nacional. Hecho denegado al pueblo ecuatoriano. Pero, aprobado para el pueblo venezolano. Como ocurre hoy, en la Venezuela de los tiempos actuales del gobierno del Presidente Nicolás Maduro Moros, gracias a la FANB, la PNB y un gobierno e instituciones comprometidos en garantizarle a su pueblo la mayor suma de felicidad, paz y tranquilidad nacional…

Postscriptum: De la derecha no te fíes ni un tantico así. Desconfía de ella, tan igual que del imperialismo. Son capaces de vender su alma por un puñado de monedas…



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Henry Escalante


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