La pasión por la literatura rusa: Antón Chéjov, médico y escritor

"La medicina es mi esposa legal; la literatura, mi amante. Cuando me canso de una paso la noche con la otra".

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Antón Chejov mientras estudiaba medicina usó la pluma para sobrevivir. Luego, ejerciendo su profesión, escribió muchos relatos relacionados con la misma.

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Antón Chéjov, uno de los escritores rusos más universales, nació en Taganrog el 16 de enero de 1860 y murió en Banderweiler (Alemania) el 2 de julio de 1904, víctima de la tuberculosis. Su infancia estuvo rodeada de una pobreza extrema. Su familia muy numerosa debió separarse para poder sobrevivir. Realizó estudios de medicina en Moscú y para mantenerse empezó a escribir cuentos humorísticos que le pagaban en las redacciones de los periódicos por líneas. Ejercía la medicina y escribía.

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El médico Chejov ejerció su profesión como un apostolado, el literato alcanzó fama por su destreza en los relatos breves. Taganrog era una ciudad del Imperio Romano. Allí murió el Zar Alejandro I. Era una ciudad de comercio y contrabando. La ópera italiana se representaba en teatro local. El abuelo de Chejov era un siervo. El padre soñaba con un negocio propio. Era un déspota con sus hijos, Antón estudiaba en la bodega, despachaba y leía. En la primaria fue mal estudiante. En la secundaria mejoró sus calificaciones. A los 16 años era un buen zapatero y también sastre. Cuando empezó a escribir, de 17 relatos le devolvieron 10. No se amilanó y continuó trabando duro.

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Bunin dice que Antón Chejov era un hombre corpulento, alto, rubio, de movimientos ágiles, benévolo, sencillo. "En Yalta le encontré muy cambiado, continúa Bunin, había adelgazado, su tez era más oscura, sus movimientos se habían hecho más lentos y la voz sonaba apagada. Era afable, reservado, conversaba como pensando en otra cosa. Le gustaban las bromas, los apodos ridículos. Nunca se quejaba, detestaba la miseria y la tristeza".

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El Dr. Chejov en la mayoría de los casos no cobraba a sus pacientes. Tomaba parte como voluntario atendiendo a los más pobres en apartados rincones de la provincia rusa. En las epidemias era el primero en prestar sus servicios. Estando enfermo de tuberculosis viajó a la Isla de Sajalín. Sus amigos no se lo aconsejaban, pero el partió. Hizo el primer censo en esa isla, examinó a todos sus habitantes y escribió un libro. Al regreso afirmaba: "Lo hice para vencer la flojera. Hay que imponerse metas, vencer dificultades, domarse a sí mismo".

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Gorki dijo: "Chejov camina por la tierra como un médico por el hospital, hay muchos pacientes, pero no hay medicinas, y, además, el médico no está seguro de que las medicinas sirvan para nada".

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El médico Chejov decía:

-Los médicos tenemos momentos muy tristes cuando nos enfermamos porque conocemos los procesos patológicos.

-Para curar hay que llegar hasta las últimas causas de la enfermedad.

-La profesión médica es una proeza que exige abnegación, pureza del alma y de las ideas. No todo el mundo puede lograr esto.

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Cervantes dijo una vez que quien escribe para comer ni come ni escribe. Esta máxima no se cumplió en Chejov por cuanto el empezó a escribir precisamente para poder comer. Escribió más de seiscientos relatos en periódicos de provincia que le permitieron adquirir destreza en el manejo del arte y un estilo propio inconfundible.

Famosas son sus narraciones La Dama del perrito, El vengador, La Historia de mi Vida, El Gordo y el Flaco, Un Enigma y muchas otras obras, llenas de realismo, un poco de tristeza y un fino humor.

Sus piezas teatrales El Jardín de los Cerezos, Las Tres Hermanas y La Gaviota reflejan el hastío provinciano y la nostalgia por la cultura citadina.

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Chejov pensaba que su origen humilde le había servido de fuerza motriz para poder superarse, por eso afirmó una vez: "Es necesario que el escritor sea pobre; es preciso que su situación sea tal que comprenda que, si no escribe, si da rienda suelta a su pereza, morirá de hambre... ¡oh, cuán agradecido le estoy al destino, que me hizo tan pobre en mi juventud! Pero a veces se contradecía y afirmaba lo contrario: Un escritor debería ser fabulosamente rico, rico hasta el punto de poder en cualquier momento emprender la vuelta al mundo en su propio yate…

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Sobre la literatura y los escritores decía:

-Creo que después de escribir una novela conviene suprimir el principio y el final de la obra. Ahí es donde los novelistas solemos pecar de charlatanería.

-Es preciso abreviar, escribir con la mayor concisión posible.

-La brevedad es hermana del talento.

-El arte de escribir es el arte de acortar.

-Hay que escribir con talento, es decir de manera breve.

-Hay que hablar con pocas frases de cosas largas.

-Nadie debería leer sus propias obras en público antes de imprimirlas. Jamás hay que escuchar los consejos de los demás. Si te has equivocado, tanto peor, sólo tú deberás sufrir las consecuencias. En el propio trabajo hay que ser valiente.

-La falta de talento es la mayor injuria.

-Sólo hay que sentarse a la mesa de trabajo cuando uno se siente frío como el hielo.

-La palabra pesimista es la más repugnante.

-Es muy duro verse obligado a escribir por un cacho de pan, como tuve que hacerlo en mis tiempos, pero hasta cierto punto es preciso hacer de ello un oficio y no esperar los momentos de inspiración.

-Si un escritor, aunque fuese el sabio Salomón, espera la inspiración, no tendrá jamás la sensación de plenitud, y siempre le faltará talento.

-Empezar mal es maravillosos. Si un escritor empieza con un bocado de rey, después de esto ya está listo.



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Edgardo Malaspina

Médico. PhD en Medicina. Docente universitario y poeta.

 edgardomalaspina@gmail.com

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