Táctica y estrategia frente al colapso del panperonismo

Con el estallido interno del Frente de todos (Fdt) queda consumado el fracaso panperonista. Se acelera la crisis política cuando faltan dos años para completar el mandato de Alberto Fernández. Su segunda no tiene en ninguna hipótesis la posibilidad de reemplazarlo. Más del 70% de la población rechaza a Presidente y Vice. Alimentada por la inflación, desocupación y abrupta disminución de salarios y jubilaciones, palpita la protesta social y la violencia.

Bajo este escenario de colapso, no hay red. Las clases dominantes comprueban la imposibilidad de gobernabilidad estable y, en el límite, arrastran las instituciones y al país con ellas.

Con alguna inaudible excepción, la intelectualidad establecida, no ve -o hace como que no ve- la catástrofe ya plasmada en las calles del país. Indigentes en cantidades jamás vistas, ciudadanos desesperanzados y enajenados en su conducta diaria como nunca antes en la historia nacional, crecimiento en flecha del narcotráfico y la delincuencia. Más distantes de esta realidad están las cúpulas políticas y sindicales. El hecho sobresaliente -y determinante para el futuro inmediato- es que también las izquierdas, desde su flanco más reformista hasta el ululante infantoizquierdismo socialdemócrata, se aferran al statu quo y giran como poseídas a la búsqueda de un voto más para las próximas supuestas elecciones.

Hay una distancia insalvable entre quienes ejercen o sirven al poder del capital -así como de aquellos que en los buenos viejos tiempos, mal o bien, supieron oponérsele- y el conjunto social, atónito, paralizado ante el derrumbe nacional, sin distinción de clase ni edad.

Como telón de fondo está el irreparable desbarajuste macroeconómico, coronado por el endeudamiento, externo e interno, imposible de pagar. El ajuste en curso desde hace un año y medio para afrontar ese imposible, ingresa a partir de marzo en un plano de mayor exigencia. Tal como se repite en estas columnas, la urgencia por ajustar las tarifas es ahora inaplazable. Su eventual ajuste, obrará sobre la población como una descarga eléctrica de cien mil kilovatios. Un ala del gobierno quiere despegarse de esas inexorables medidas, así como de la sumisión explícita al Fondo Monetario Internacional. Eso, sumado a la aplastante derrota electoral del peronismo en noviembre pasado, más la certeza de que por este camino la derrota se repetirá, corregida y aumentada, en las presidenciales de 2023, provocó el estallido interno del panperonismo, los movimientos desatinados de la vicepresidente Cristina Fernández y las peleas en público de todos contra todos en el elenco gobernante.

En la oposición hay dos flancos principales. Uno, heredero de la tradición de los partidos del capital, se acomoda como veleta al viento y espera así juntar votos para las remotas presidenciales. El otro, casi explícitamente adhiere a la línea de gran capital local: esperar la explosión social, el derrumbe del frágil entramado institucional y prepararse para ocupar todo el poder a favor del maremoto. Esta línea de acción es cuestionada incluso por sectores del imperialismo –entre ellos el Vaticano y el propio Papa- que temen "perder Argentina". No hay hegemonía de unos ni otros. Por el momento en torno a esos polos está realineándose la desperdigada burguesía argentina y sus servidores sindicales y de pseudo izquierda. Eso aumenta la incertidumbre general. Y el temor de tirios y troyanos.

Cristina Fernández hizo renunciar a su hijo a la presidencia del bloque oficialista de diputados. Se verá en las próximas semanas el desdoblamiento de esta medida desesperada de quien afronta una escalada de juicios con pruebas irrefutables por corrupción en escala mayor. En cualquier caso, la fractura oficial quedó a la vista y es irreparable. La única incógnita es qué hará el costado izquierdo del Fdt: ¿saltará a la oposición con perfil propio o seguirá medrando en los restos cadavéricos del panperonismo? Anecdotario útil para alimentar columnistas de la prensa burguesa, empeñados en escamotear la realidad y reemplazarla por chismes.

Por lo pronto, en su gira por Rusia, China y Barbados (¿¿!!) Fernández ofreció a Argentina como puerta de entrada para Rusia a América Latina y se asoció a la "Ruta de la seda" impulsada por China. Mañana podrá negar tales afirmaciones. Debe congraciarse también con los señores feudales peronistas, todos asociados con Washington. No obstante, la izquierda del Fdt tiene con esto un problema adicional, incluso si soslaya la denuncia por la manipulación del lugar de Argentina en el mundo para pujar en una mezquina pelea interna del fenecido Fdt.

Ya una diputada del Frente de Izquierda (FI) salió al ruedo para disputar el favor del hijo de la vicepresidente. ¡Qué vergüenza! Es la táctica ultraoportunista de la ausencia de estrategia. Pero es también el abandono de todo parámetro para una acción que se dice anticapitalista. En eso está el FI, mientras los restos del PC y sus aparatos menores sigue las órdenes del viceoficialismo, aunque por lo visto están a la retaguardia del FI que quiere seducirlo…

¿Por qué en este panorama desolador la derecha local e internacional con algo de materia gris teme "Perder Argentina"? Porque hay fuerzas latentes en la historia, que perviven y pueden renacer y multiplicarse. Bergoglio lo sabe. Y actúa como un puntero de La Matanza.

Las tácticas de sobrevivencia, sean de la burguesía, la iglesia o las izquierdas desnortadas, sólo ahondarán la crisis. Pero hay otro camino. No es preciso repetirlo. Cientos de miles lo conocen. Sólo hay que empeñarse en recorrerlo.



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Luis Bilbao

Escritor. Director de la revista América XXI

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