Mi palabra

Kabul y la jocosa sinceridad del imperialista



“La sinceridad es la cara del alma, como el disimulo es la máscara”
Joseph Sanial-Dubay

El imperialismo, se ha levantado en medio de la hipocresía, la falsedad y el crimen, tan bien manejado que, al verse descubierto, no dudan un instante en utilizar la verdad para calmar la oleada de críticas en medio de sus horrorosas matanzas. Los medios, el ferrocarril mediático lo utilizan para aplastar cualquier pronunciamiento en contra, y todas las denuncias se convierten simples brisas, el cual se pierden en la inmensidad, como el día, cuando aparece la noche. Todo lo manejan a su antojo, porque en cualquier rincón de la tierra se encuentra un Guaidó, como un halcón vigilante, para serviles de verdadero “cantor” de zona, algo muy común en cualquier barriada de nuestro país.

Las invasiones las anuncian, como para no agarrar desprevenido a los incrédulos, para después presentar los desastres, como necesarios, y luego aparecen las justificaciones, para no seguir con el rollo a un lado, sin poder ocultar la mentira, el cual no les pesa, pero les incomoda, como el caso reciente sucedido en Kabul, donde una humilde familia fue aplastada por un dron, por una supuesta equivocación del ejército estadounidense, resultado: 10 muertos, y entre ellos 7 niños inocentes, así como el supuesto sospechoso, Zemari Ahmadi, un padre de familia que colaboraba con una ONG estadounidense en el reparto de comida a refugiados en torno a Kabul y que acababa de aparcar el vehículo.

No es el primer crimen en contra de indefensos pobladores, ni será el último, donde siempre está la presencia de niños golpeados por la guerra, porque del imperialismo se puede esperar de todo, menos la rectificación de sus malsanos propósitos; caso contrario deja a un lado su razón de ser: el fiel defensor del gran capital, y eso va acompañado por la muerte y la miseria. La invasión a Irak bajo la dirección de George W. Bush, con el pretexto de poseer armas químicas, se convirtió, como la mayor falacia inventada por gobierno alguno de los Estados Unidos; semejante adefesio recorrió el mundo alertando, como una vulgar patraña para saquear. Terminó su mandato el inventor de tamaña mascarada y todavía no han presentado, ni van a presentar una prueba.

El reciente caso de Kabul, confirma el peligro del imperialismo en cualquier parte, donde han hecho acto de presencias con sus operaciones, amparados en el subterfugio de salvar a la humanidad del terrorismo, cuando precisamente lo han venido apoyando, y en nuestras propias fronteras –Colombia– atizan la guerra utilizan el doble servir: Iván Duque, quien hace lo que diga Álvaro Uribe Vélez, y el gobierno de turno de los Estados Unidos, más arrastrado imposible, así, lo condecoren en la puerta del cielo. Es tanto el peligro que representan estos últimos gobernantes estadounidenses que, un alto militar de la armada, mantuvo conversaciones secretas con el gobierno chino, al presagiar un ataque que por lógica desataría una guerra de proporciones incalculables, recordándonos al genial Albert Einstein, cuando dijo: “No sé qué armas se usarán en la Tercera Guerra Mundial. Pero puedo decirle cuáles se usarán en la cuarta: ¡piedras!”.

Kabul, muy lejos de nuestras fronteras y Colombia, un vecino hermanado por la historia, se encuentran pisoteados y bajo amenazas latentes de masacres, el cual muchas veces pasan desapercibidas, antes el apabullante poder de los medios, y qué medios. El profesor José Sant Roz, los califica, como los p… medios, y no es para menos. Todas estas muertes violentas y en masas, las tapan de manera simultánea, de la misma manera, como montan su show para atacar a Venezuela. Trump, Duque y Guaidó se convirtieron en un trio tan maligno que, no dejaban pasar un día sin pronunciarse contra el gobierno de Nicolás Maduro, con las consabidas medidas coercitivas para aplicar un bloqueo criminal, como medida de presión, con repercusiones lamentables y no se ha llegado a un enfrentamiento directo, porque ha prevalecido la diplomacia y el buen sentido común del gobierno venezolano.

¿Qué dicen los pitiyanquis, antes estas masacres y la “sinceridad” del imperialismo para justificar las muertes antes la opinión pública? El grupito – por suerte muy reducido– de venezolanos que, todos los días se acuestan y se levantan pidiendo a grito una invasión, pueden fácilmente trasladarse imaginariamente a Kabul, donde los invasores yanquis, crearon un caos y ahora no consiguen la fórmula para calmar la tempestad desatada y antes cualquier movimiento sospechoso disparan, sin importarles, si, están a favor o en contra para después de manera hipócrita dar las condolencias. El militar, que, se declaró responsable del ataque y su trágico resultado, transmitió las condolencias a los familiares de las víctimas: “Este ataque se decidió con la convicción de que evitaría una amenaza inminente para nuestras fuerzas en las tareas de evacuación del aeropuerto, pero fue un error y ofrezco mis más sinceras disculpas”. El cuento de nunca acabar. Un motivo para reflexionar.







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Narciso Torrealba


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