El pueblo gran perdedor en Nagorny Karabaj

Con mucha facilidad se puede leer o decir que en el recién finalizado conflicto entre Armenia y Azerbaiyán por la posesión del enclave de Nagorny Karabaj, ubicado en la zona sur del Cáucaso, las cifras de muertos se acercaron a las cinco mil personas, mientras que los heridos y desplazados sobrepasan los diez mil, en un período de mes y medio, tiempo de duración de las operaciones bélicas.

Han sido tan desastrosos los resultados de esta contienda, que ni en el conflicto de Afganistán, que se prolongó por espacio de diez años, hubo tantas bajas de vidas humanas como ha ocurrido en esta región del Cáucaso.

Haciendo un sencillo ejercicio de imaginación nos damos cuenta que las víctimas de este conflicto armado son, en primer término, los soldados que están en el campo de batalla, y en segundo lugar, le sigue la población civil que de manera eufemística ha pasado a denominarse daños colaterales, generados por los bombardeos y demás acciones militares.

De allí que esto nos lleva a afirmar que en las guerras que se suscitan entre naciones en diversos puntos del planeta, por causas que pueden ser justas o no, los mayores perdedores terminan siendo los pueblos, sobre quienes recaen todas las privaciones y rigores de las derrotas de los ejércitos regulares.

La finalización de las operaciones bélicas en esta zona se produjo el pasado 9 de noviembre, luego de la firma de los acuerdos entre las partes en conflicto y la intermediación de Rusia, país que dispuso el envío de una misión de paz compuesta por casi dos mil efectivos, para llevar a cabo el regreso de los desplazados hacia sus hogares, la prestación de la ayuda humanitaria correspondiente, así como el restablecimiento de la infraestructura, garantizar la paz y la seguridad en la zona.

Los días 20 y 21 de noviembre el Canciller ruso Serguei Lavrov, a la cabeza de una delegación de ministros, representantes de diversas instituciones públicas y privadas, estuvo de visita en Bakú, capital de Azerbaiyán, y Ereván, Armenia, para reunirse con las autoridades de los dos países y ratificar los compromisos asumidos por el Presidente Vladimir Putin, mediador en el conflicto, así como para coordinar la implementación de los acuerdos.

Por los resultados que se han conocido una vez finalizado el conflicto, las fuerzas armenias han llevado la peor parte. Además de sufrir una importante cantidad de bajas, tuvo que ceder la posesión de alrededor de siete poblaciones que formaban parte de la separatista República de Nagorny Karabaj, ante la ocupación de algunas de ellas por parte de las fuerzas azeríes, mientras que otras las ha ido devolviendo a raíz de la firma de los acuerdos.

Esta disputa territorial entre Armenia y Azerbaiyán ha durado casi treinta años, desde que en la guerra de 1994 ese enclave se autoproclamó como República de Nagorny Karabaj con el apoyo de Armenia. La población que allí vive es mayoritariamente de origen armenio, mientras los territorios legalmente pertenecen a la nación azerí.

La supremacía mostrada por Azerbaiyán en este conflicto viene dada no solo por las posibilidades económicas que le ofrece el hecho de ser un país productor de petróleo, sino también por el apoyo que de manera directa recibió de Turquía, una potencia regional que adquiere cada día una mayor relevancia en esa zona.

Especialistas en el tema del Cáucaso han destacado que durante los últimos años el gobierno azerí se preparó para recuperar los territorios que había perdido en ese conflicto. Para ello no escatimó esfuerzos ni recursos que le permitieran modernizar su infraestructura y capacidades militares, mediante la adquisición de sofisticados equipos de última generación, como drones y otros equipos que han hecho la diferencia a la hora de los enfrentamientos en el campo de batalla.

En el caso de Armenia la situación ha sido distinta, pues además de contar con una economía menos próspera que la de su contraparte azerí, no ha podido disponer de las bondades tecnológicas militares que ofrece el mundo actual.

Las operaciones bélicas se desarrollaron en territorio de la separatista república surcaucásica y no en Armenia, país que forma parte de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva a cuya cabeza como potencia militar y económica se encuentra la Federación de Rusia. Esta pudiera ser una de las razones principales por las cuales la nación euroasiática no se involucró directamente en las operaciones bélicas.

Desde el inicio del conflicto la vía diplomática ha sido una de las constantes propuestas de diversos voceros del gobierno ruso para resolver estas disputas territoriales, de manera de no llegar a la guerra como fuente generadora de momentos dolorosos para los pueblos.

Cabe recordar que este conflicto se arrastra desde la época de la existencia de la Unión Soviética, sobre todo desde los últimos años cuando el ex presidente Mijaíl Gorbachov hizo su aparación en el escenario político del país, con sus denominadas transformaciones de Perestroika y Glasnost, cuyas consecuencias llevaron a la caída del otrora poderoso Estado soviético.

Algunos de estos pueblos del Cáucaso que en el pasado reciente han sufrido guerras por disputas territoriales, muestran un aspecto deteriorado de su infraestructura, viviendas y edificios, que no es el más deseable, tal es el caso de Osetia del Sur, por poner un ejemplo, donde todavía hoy se pueden ver las huellas de las incursiones bélicas del ejército georgiano.

La historia de la autoproclamada República de Nagorny Karabaj no ha sido muy distinta. Muchas de sus edificaciones se encuentran afectadas por los rigores de la guerra que le ha tocado sufrir en todos estos años, en los que han estado buscando infructuosamente un reconocimiento por parte de la comunidad internacional.

*El autor es egresado de la Universidad Rusa de la Amistad de los pueblos, antigua Patricio Lumumba y ex-secretario de prensa de la Embajada venezolana en Rusia desde el 2010 hasta inicios de 2018

pybehgutierrez@gmail.com



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