Trump amaneció podrido de desconfianza electoral

¿Pero será posible? O son cosas de la imaginación, o fantasías de la mente reaccionaria de un presidente que aspira a estar cuatro años más en el poder, ¡vaya que puede haber Trump para rato! -sin Jalisco, ni nada parecido- solo la fuerza de su voluntad. ¡Aquí mandó yo y nadie más y, menos un dormilón!, buena consigna, quién puede dudarlo como el gran presidente que paso a paso ha tratado de ser y demostrar que a Venezuela la tiene pasando necesidades con hambre incluida y a Cuba ni se diga y, además, piensa y se afana de serlo de esa soberana nación que se llama los Estados Unidos de América: ¿en peligro de fraude electoral y, no de otra cosa? Y él como un americano más, prepotente, avispado, etiquetado de magnate como el que más, no quiere meter sus barbas en remojo, ni que fuera pendejo, mientras no sea demasiado tarde, por lo que se le cayó de madrugada la cara de vergüenza que, no aquieta sin importarle mucho, ha cantado fraude rodeado de colaboradores, y lo ha hecho como ha sido una virtud de la oposición venezolana tras de cada elección presidencial, las veces que han querido escondiendo las pruebas.

Trump, un presidente poderoso que amaneció dando lástima, buscando apoyo de un pueblo que pareciera que para él no existe, me refiero a los pobres que allá son muchos, incluyendo a los latinos que muchos votaron por él y orgullosos y llenos de vida entre ellos los venezolanos que consumen el consomé de la puta vida que muchos disfrutan después que perdieron la dignidad de la Patria y tras de un dólar viven de sueño en sueño y otros esclavizados a su suerte, entrampados de orgullo barato, haciendo lo que se pueda, barajando el porvenir de su suerte y pensar que cuando mueran más pobres se irán de su inquietante vivir.

Estados Unidos, la nación más poderosa del mundo que bajo el gobierno de Trump se ha visto de todo un poco y, su demencia palpante de auxilio sale en auxilio de su poder que no quiere soltar ni en juego que, como un moribundo comienza a denigrar de todo lo que le rodea que no le convenga y, desde hace meses atrás sembró de tempestades las elecciones por venir y ahora en pleno conteo de votos lanzó el dardo de la alarma de las dudas de su desconfianza con la que trata de abrigarse con la misma paciencia como las sembró, y por la que ha dicho que acudirá a la corte suprema sin pruebas aún del convencimiento.

Trump como buen conservador se ha declarado ganador sin fraude y lo peor sin los resultados definitivos que lo confirme y nervioso de convicción con inquietante demanda incita a que él y solo él es el ganador, y hasta razón tendrá para sus adentros que el poder le conviene y por el poder sigue luchando como si estuviera en campaña por demostrar que sin él los Estados Unidos no valen nada y más si llegase a la casa blanca un demócrata como usurpador.

En pleno recuento de votos el presidente Trump es partidario de anular votos a destiempo mientras que, Biden lo ve como un mal perdedor y entre ellos se lanzan la pelota de la discordia y de inconformidad que les pesa a ambos, que tú no que yo sí y el tiempo pasa y ambos sufren, pero quién sufre más por ser presidente, pero el que sea se va a quedar marcado de fraudulento con doble intención.

Ladrón, mala palabra en el léxico de Trump para dirigirse a su contrincante como demócrata que a lo mejor, posible es, le gane las elecciones, pero Trump apelará, sino quiere vivir en dictadura a que Biden llegue al poder. Tú no puedes, yo sí puedo, dirá Trump en lo adelante sin el poder, ya veremos.



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Esteban Rojas


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