El futuro de Bolivia sin Evo y Álvaro

Conocidos los resultados extraoficiales que dan el triunfo arrollador al binomio conformado por Luis Arce Catacora para presidente, y David Choquehuanca para vicepresidente, en las elecciones generales realizadas en Bolivia el domingo 18 de octubre de 2020, se puede afirmar que una nueva página se abre para la sociedad boliviana, sobre todo por el difícil año que ha transcurrido, luego del desplazamiento del poder del dúo conformado por Evo Morales y Álvaro García Linera, y la instalación de un curioso gobierno de transición presidido por Jeanine Añez.

La victoria de Arce-Choquehuanca significa, de hecho, que en esta nación sudamericana se ha producido un conveniente relevo del liderazgo conductor, y que, al menos en lo que es el ejercicio directo del poder, la presencia de Morales-García ya no será decisiva. Y no es que la conducción de este último binomio no haya sido beneficiosa para la mayoría de los bolivianos, sino que pareciera que el tiempo y los acontecimientos apuntan en el sentido de los correctivos necesarios que hay que introducir en el proyecto de desarrollo boliviano.

Los resultados electorales, en términos de la votación obtenida por Arce-Choquehuanca, hablan por sí solos. Este binomio ha logrado la victoria en la primera vuelta, con una ventaja de más de 20 puntos con relación a la segunda opción, y además, atrajo para sus arcas a los votantes del pastor evangélico Chi Hyun Chung, y a los grupos de bolivianos de clase media e indígenas que se habían alejado del proyecto del MAS-IPSP. El triunfo ha sido alcanzado. Queda ahora que la conducción técnica de Luis Arce, como economista exitoso, y la sabiduría de los aimaras de David Choquehuanca, hagan posible el buen vivir para la mayoría de los bolivianos, en paz y en armonía.



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Alfredo Portillo


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