Abuelas y abuelos a morir en cualquier calle del Reino Unido

Todos morireros: unos de dignidad y otros de vergüenza. La muerte a la expectativa. El coronavirus ataca. Los sueños se acaban. Cada país hace con sus muertos lo que quieran. ¿Rezar para qué? Dios no llega.

¡Auxilio! ¡Socorro! Dios de las amarguras que todos conocen. Dios que muchos alaban sin conocerlo. Barbarie sin sentido. Los viejos hieden y si son pobres mucho más.

Los abuelos del Reino Unido: mueren tras de la esperanza de ser libres. Sus familiares sufren por ellos por tenerlos en sus casas. Mejor morir en una calle donde son dejados abandonados a su suerte.

¡Dame tu mano mujer! Que morir no es ninguna tragedia. Somos abuelos y qué. Si alguna vez servimos para algo, ahora no. Somos estorbos de un Estado capitalista que vela por su economía y nos mata de hambre. Nuestra mejor suerte es irnos en paz, no más sufrimientos.

¡Sálvese el que pueda! Imposible. Nuestra suerte está en el más allá y, tras de ella iremos.

La familia. ¿Cuál familia? La tolerancia es el esfuerzo del no-ser. Benditos los que viven y conviven en socialismo.

El Reino Unido ha sido nuestra patria que desconocemos -dirán- los ancianos en cualquier calle de su abrigo. ¡Oh Padre Eterno! Hoy nos encomendados a la bendición de tu mano. Si alguna vez sientes compasión por los débiles, no olvides que somos hijos del mismo reino. Nuestra vida te pertenece Padre de la Gloria que no vemos. Haz de nuestro sufrimiento: lo que quieras.

Cómo es posible que, los ancianos de El reino Unido senn abandonados como sacos del mismo costal del mismo infierno que, una vez lucharon por su libertad. Hoy el destino los destierra a sus calles para que el mundo sepa que existieron y que la capital del mundo despiadado es Londres, y si Shakespeare viviera: moriría de la misma causa en una calle de Inglaterra. Por lo menos tuvo la dignidad de morir antes que el coronavirus se lo tragara de indolencia. Afirmamos que, con nuestra piel teñida por los años: seremos sembrados en algún cementerio como parias desconocidos. ¿A quién le importa nuestro destino?

Dentro del capitalismo todo se vale y, más cuando las desigualdades sociales que son muchas contagian y solo los poderosos vivirán eternamente. A nosotros los ancianos: déjennos con nuestro calvario de no depender de nadie. Solo la brisa de la risa será nuestro escudo protector. El padre de la misericordia se olvidó de nuestro auxilio.

Moriremos solos peor que morir ocultos y, no somos perros de la misma jauría que la dinastía olvidó.

Nuestro mejor padecimiento es ser enterrados en vida como corderos de Dios que no quisimos ser.

Se muere solo una vez y los ancianos de El Reino Unido que hoy en día son botados a las calles en silencio: si hubieran nacido en Venezuela: serían felices. Gozarían de respeto y consideración y, una justa proclama los cobijaría: mueran en paz en la Patria de Bolívar como servidores de los sueños ocultos

Y con Edgar Morin, podemos decir: "Así la muerte es el fenómeno de la vida en marcha. Es vida más enérgica y más valerosa, más heroica y más victoriosa". "No solo lo finito es perecedero y perece, sino que tampoco la desaparición, la nada son la culminación del proceso; a su vez también desaparecen.".

Y, así como en El Reino Unido los ancianos son dejados abandonados. Desde acá de esta Tierra de Gracia: no podemos dejar de exclamar con una estrofa de Antonio Machado: "Cuando recordar no pueda,/ ¿dónde mi recuerdo irá? / Una cosa es el recuerdo / y otra cosa es recordar".

Ancianos de El Reino Unido: no mueran de frío, no mueran de rabia que, mis condolencias se las llevará el viento.



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Esteban Rojas


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