Brasil. La hora de la verdad

La situación es muy complicada. La posibilidad de que llegue a la presidencia de Brasil un oscuro personaje que representa lo peor de lo peor es preocupante. Defensor abierto de la tortura, descaradamente racista, homofóbico y capaz de decirle a una diputada frente a las cámaras que "no la violaba porque no valía la pena", este individuo defiende que la población se arme para enfrentar a la delincuencia al igual que los amigos de la "Sociedad Nacional del Rifle" en EEUU. Pero es peor. En un encuentro reciente con mil empresarios que fervorosamente lo aplaudieron, defendió su propuesta para acabar con la criminalidad a la que llama al estilo nazi, "La solución final". Propuso sobrevolar con helicóptero un barrio popular (La Rocinha) y lanzar miles de panfletos pidiéndole a los delincuentes que se entreguen en un plazo de 6 horas. Caso estos no salgan daría entonces la orden de entrar y ametrallar a mansalva. ¿Qué es más terrible: que lo haya dicho o que lo hayan aplaudido?

Que los electores hayan votado en la primera vuelta de las elecciones por un candidato que promueve toda esa barbarie revela el aturdimiento que reina en buena parte del pueblo brasileño como consecuencia de los ataques sistemáticos que ha recibido desde que los gobiernos de Lula y Dilma osaron cuestionar el orden conservador.

Las fuerzas democráticas y populares brasileñas, confiadas en sus triunfos electorales y en la justicia de sus políticas sociales, olvidaron una vieja máxima de Marx: "Después de una revolución, la contrarrevolución permanente se convierte (…) en una cuestión de la existencia cotidiana".

Sí, porque en Brasil por moderada que fuese, se estaba llevando a cabo una revolución. Se redujo la pobreza en un 50% en uno de los países más desiguales del planeta, sacando de la miseria a 36 millones de personas e incluyendo a otras 40 en la clase media. Se triplicaron los presupuestos de salud y educación, se llevó luz eléctrica a 15 millones de personas que no la tenían y se crearon 19 nuevas universidades que junto a un programa de becas duplicó la matrícula universitaria, pasando de 3,5 millones a 7,2 millones de estudiantes.

Toda esa revolución silenciosa se estaba llevando a cabo reivindicando la independencia y la soberanía nacional y popular con la unidad de la Patria Grande Latinoamericana y Caribeña. Recordemos que Lula había sido junto a Chávez y Néstor Kirchner uno de los responsables por enterrar en la Cumbre de las Américas del 2005 el proyecto neocolonial del ALCA que quería imponer el gobierno de EEUU.

Que Brasil, gigante por la propia naturaleza como dice su himno, hiciese parte del nuevo despertar de nuestro continente era algo muy peligroso para los intereses geopolíticos del imperialismo. La burguesía brasileña y sus jefes del norte no podían tolerar el prestigio de un proyecto que dejaba a Lula con un 87% de aceptación después que salió de la presidencia. Ahí fue dada la orden de acabar con el mejor presidente de la historia de Brasil. Esa es la verdad de fondo. Todo lo demás es pura instrumentalización mediática de la derecha y de los que se dejan manipular por ella. ¿Acaso Salvador Allende fue derrocado porque era corrupto?

Fue así que empezó la operación contrarrevolucionaria para desfigurar y borrar de la memoria del pueblo brasileño esa revolución que lo estaba beneficiando pero que todavía no había hecho suya. Desde el primer gobierno de Lula empezó esta operación, ¿Alguien lo duda?

Poco a poco a través de los medios de comunicación se fue construyendo el efecto hipnotizador que logró imponer la matriz del anti PT que hoy se respira en Brasil. Aplicaron un coctel mediático-ideológico compuesto del viejo y del nuevo anticomunismo (o sea, el anti Chavismo-Bolivarianismo) aprovechándose de algunos errores de los gobiernos de Lula y de Dilma que fueron claramente manipulados. Todo esto en complicidad con un sistema judicial conservador, infiltrado por los servicios de inteligencia de EEUU dentro de la nueva modalidad de guerra jurídica (Lawfare), definida por Charles Dunlap como "el uso del sistema judicial para desacreditar a un adversario político".

Fue así que lograron montar una cruzada moral contra la corrupción (Operación Lava Jato) que asociaron exclusivamente al PT a pesar de que los principales corruptos pertenecen escandalosamente a los más influyentes partidos de la derecha, varios de ellos en completa libertad. Transformadas en verdades las mentiras, procedieron a destituir a Dilma y luego, sin pruebas, encarcelar a Lula.

Ese aturdimiento que generaron en el pueblo se ha visto también reflejado en los sectores populares, intelectuales y dirigentes que integran el campo democrático y popular, alcanzando incluso a los liberales. Por eso, el momento para reaccionar y salir al contraataque es ahora. Están dadas las condiciones para dar la batalla y construir la verdadera unidad de todos los sectores progresistas. Hoy más que nunca esa unidad en la diversidad se hace necesaria por amor a Brasil. Será ese amor de justicia y dignidad por la Patria que nos permitirá contrarrestar la traición a la democracia que está en curso por parte de los que se dicen llamar "demócratas".

Mientras el diputado Pedro Ruas (Psol) que no logró ser reelecto, se compromete con la campaña como pocos, dirigentes de la derecha con pasado anti dictatorial y social demócrata guardan silencio o manifiestan tímidamente su oposición al candidato derechista. El partido REDES de la ex ministra de Lula, Marina Silva, solo recomendó a sus militantes que no votaran al fascista. Ya el tercer colocado en la primera vuelta, Ciro Gomes del PDT, el cual era proclamado como el único capaz de derrotar al fascista se limitó a declarar su "apoyo crítico" a Fernando Haddad para evitar "la derrota de la democracia". Sin embargo, no quiso posar al lado del candidato del PT ni asumió compromisos militantes para enfrentar al candidato de la extrema derecha. En vez de eso, mientras su partido ya lo anunciaba como su candidato para las presidenciales del 2022, él se limitaba a recordar su innegable trayectoria en "defensa de la democracia y contra el fascismo" mientras informaba a la prensa (11oct), que saldría de viaje hacia Europa por dos semanas. El día anterior, ya con Fernando Haddad subiendo en las encuestas, la compañera de fórmula de Ciro, la senadora Katia Abreu, publicaba en su cuenta twitter que Fernando Haddad debería renunciar para darle su lugar a Ciro Gomes. Según ella: "Sólo Ciro puede vencer el fascismo y salvar la Democracia en Brasil. Haddad renuncie y muestre que Brasil es más importante que el poder".

Dejando de lado ese disparatado mensaje, lo cierto es que todavía estamos esperando que la senadora le pida a Ciro que renuncie a sus vacaciones en Europa para que colabore activamente en defensa de la democracia. ¡Coherencia!

De consumarse una victoria de la derecha estaríamos asistiendo a una traición a la democracia. Por eso si vence la democracia como esperamos y apostamos que ocurra, la historia no absolverá a los que por falta de grandeza, mezquindad y cálculo se omitieron pasiva y activamente en este momento decisivo de la historia brasileña. Aquellos que se quedan cobrando "autocríticas" para entonces salir em defensa de la Patria, no son ni brasileños ni brasileñas.

Para que se pueda resolver a favor del pueblo esta dramática encrucijada, decisiva para el futuro de Brasil y con repercusiones para todo nuestro continente, dependeremos de la entereza, dignidad y compromiso de los verdaderos patriotas por la democracia. Por eso estamos en una hora de definiciones claras. Nos estamos jugando el destino de la Patria. Por amor a Brasil nuestra opción firme y plena, como la luna llena, es por el guerrero Fernando Haddad del PT y por la guerrera Manuela Dávila del PC do B.

En los días que restan apostemos, por un lado, a las auténticas reservas democráticas del pueblo brasileño y, por otro, a la clara comprensión de lo que está en juego por parte de la vanguardia del campo democrático y popular.

Fernando Haddad dio señales claras de cuál es el rumbo. En sus primeras declaraciones, después de la primera vuelta, alertó a Brasil y al mundo que se trataba "de una elección fuera de lo común" ya que "hay muchas cosas en juego en el Brasil de 2018 (…) muchas cosas en riesgo". Haddad tiene bien claro que en Brasil se está dando la misma batalla que están enfrentando otros pueblos en el mundo para conquistar su plena independencia y soberanía en el camino para construir juntos el Nuevo Mundo Multipolar, libre de imperios, que está emergiendo. Por eso afirmó: "Nosotros queremos unir a los demócratas de este país, a los que tienen atención por los más pobres en este país tan desigual" e completó diciendo que lo harían, colocando "(…) la soberanía nacional y la soberanía popular, que son dos conceptos hermanos indisociables, por encima de cualquier otro interés".

Combinando esa clara y firme orientación estratégica con una amplia, generosa y flexible movilización táctica, la victoria será nuestra. No importa cuánto nos hayan atacado y vilipendiado los derechistas y falsos demócratas. Ya estamos acostumbrados. Los verdaderos patriotas por la democracia haremos todo lo posible en esta recta final para aglutinar a ese amplio Movimiento Democrático por la Soberanía Nacional y Popular que habrá de derrotar al fascismo.

Tengamos confianza en nosotros y en el pueblo. Que por todas partes se escuche el grito de guerra por la Patria del himno nacional brasileño: "Verás que un hijo tuyo no rehúye al combate"

¡Que viva el pueblo brasileño!

¡Que viva la Patria Grande Latinoamericana y Caribeña!

¡Que viva el Nuevo Mundo Multipolar!

Brasil quiere ser Feliz otra vez. Por la Patria ¡Vota 13!

 





 



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Anisio Pires


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