Cuba va para la fiesta cuando ya se está terminando

Son más de cincuenta años de revolución, que fueron necesarios para que varias generaciones de cubanos limpiaran de su memoria los horrores y vicios de los años de batista, Machado, de la arrogancia Norteamericana, y el imperio español. Sin ese esfuerzo de cambio, sin "cambiar todo lo que debía ser cambiado" la juventud cubana de hoy no sería lo libre, culta y creativa que es, considerada en su totalidad.

Ahora ese espíritu gregario que esparce la ilusión capitalista de libertad, seguro que hace mella en esos jóvenes, los hace sentirse orgullosos a muchos en Cuba eso, de tener ellos también sus propios mafiosos, sus propios delincuentes desalmados, sus putas, en fin, Cuba y su reducto oscuro, su pequeño México, su pequeña Caracas o Bogotá en un pedazo de la isla, sin embargo no pasa de ahí, el fenómeno cautivador de vivir cosmopolita a la manera capitalista no pasa de tener algo que contar; podríamos decir que hoy en Cuba el capitalismo se puso de moda, lo que no deja de ser peligroso.

Pero la delincuencia en Cuba no llega ni siquiera a ser estadística, como en Río o en Nueva York, en Tijuana, como en toda Colombia o en Maracaibo. Eso lo saben en Cuba y fuera de Cuba. Uno de los objetivos políticos del gobierno de los Estados Unidos es corromper a la isla con vicios, y sobre todo con el gusto por lo frívolo y el dinero fácil. El capitalismo jode por el espíritu, ¡Tanto es así que todos los años de bloqueo económico no pudieron con la revolución!, porque el bloqueo económico fue contrarrestado con trabajo, verdad, sacrificio y consciencia; pero solo hasta que se rasgó ese muro de contención, fue que pudieron envenenar a la juventud cubana con el "fantasma de la libertad", vender el vicio disfrazado de libertad, el consumismo… y aun así, un joven cubano nacido en la revolución es mil veces superior de espíritu a otro nacido en Mayami, o a cualquier migrante de los de ahora, venido de la Venezuela post Chávez.

Una persona muy cercana a mí quiso argumentar en contra de mi ingenuidad, diciendo que yo no conocía como ella tantos cubanos en Cuba, que idolatran a Norteamérica, que todos parecen pitiyankis…. Es verdad, puede que sea un efecto negativo del asilamiento de la revolución cubana del resto del mundo capitalista, promovido por el gobierno de la revolución y por los mismos Estados Unidos: el primero, para conservar los cambios, sostener los cambios en el tiempo, y el otro, para evitar que esos cambios "contaminaran" al continente, que la chispa de su entusiasmo revolucionario se esparciera por el mundo, y sobre todo por américa latina. El efecto negativo en el cubano joven ha sido el tener éste que imaginarse al país de la libertad, e imaginárselo como un sueño donde todo es posible, solo tienes que sacar la mano y ¡ahí ´ta!; nada es limitado, si te esfuerzas puedes lograrlo todo, hasta lo máximo; quizás con esa tonta idea se embarcaron los balseros de Mariel, hasta que vieron horrorizados y sintieron el infierno y todas sus pailas.

Mis amigos cubanos de Caracas se maravillaron de la diversidad que ofrecía el capitalismo, lleno de avisos luminosos, construcciones locas y distintas, música, alegría groserías de más, pero cuando comenzaron a percibir la violencia y la indiferencia se asustaron; la ignorancia, se sorprendieron, el facilismo, el derroche, se indignaban como viejas campesinas. Ahora, en tiempos de austeridad madurista, impuesta por el capitalismo criollo, no por el imperio; no racional sino impuesta por el miedo y la estupidez, entendemos que esa actitud de mis amigos cubanos, más que de viejos o viejas era perfectamente correcta, que era insólito derrochar agua potable, bolsas, cauchos a medio uso, botar a la basura (por no saberla arreglar) una licuadora o una plancha descompuestas. Al tiempo, mis amigos cubanos, algunos cogieron gusto por lo fácil, por la oportunidad y el provecho propio, pero la mayoría se fueron invictos, reforzaron sus convicciones políticas que ahora son más que políticas, morales.

La injusticia vista fuera de su país, para un joven cubano nacido en revolución, debe ser algo altamente escandaloso, por la crueldad y saña como se ejerce en nuestros países; la extorsión, el chantaje, la mentira, la indiferencia, la violencia inhumana con la que se mata por cuatro luchas; todo aquello que fue la Cuba de Fulgencio Batista, pero real, en vivo, no aprendido de documentales y películas, nada referencial, todo real. Un ser acostumbrado a la seguridad que le ofrece su propio país, su gente, sus calles, de pronto se ve frente a la amenaza de un arma de fuego, recibiendo golpes inmerecidos, insultos, regaños, viendo gente despiadada quemando a otro ser humano en la calle… ¡No, querida prima, ese joven es sano, no hay duda!; comparado con una mujer que le saca las córneas a su hija de 3 meses y la tortura, esa hombre y esa mujer cubana que viajó de la revolución a este país de locos, es súper sano, súper normal; así hable mal de Fidel y lo tilde de tirano, en él, el trabajo de la revolución dio frutos, esos cincuenta años de revolución no fueron en vano. Si hay una conquista importante de la revolución cubana fue el hacer del hombre en Cuba un ser valiente y cándido a la vez, que conserva su inocencia de las más abyectas maldades del hombre, inocente de la furia destructora del hombre. Nadie tiene porqué acostumbrarse a ver la maldad; la maldad siempre nos debe indignar en donde quiera que esté, "Si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo; entonces, somos compañeros", le decía el Che a un periodista, y es así como el pueblo cubano conserva todavía esa cándida inocencia de quien se indigna ante quien comete una injusticia. Pero ese saber y entender que somos uno perfectos picaros frente a esos seres inocentes del capitalismo nos molesta la visión de nuestros prejuicios y nos hace ruido en la consciencia.

Pero los seres humanos somos flojos. En vez de cambiar y ser mejores personas preferimos que el resto se corrompa a nuestro propio nivel, para así sentirnos consolados, comprendidos, satisfechos con nosotros mismos. Por eso a muchos les cuesta creer que en Cuba ha habido una revolución humana y espiritual, prefieren ver perfidia, vicio, doblez, donde de seguro hay candidez, es decir, prefieren pensar en el fracaso de la revolución que en el triunfo de la revolución. Es eso de medir el mundo a partir de lo que somos, de nuestra propia miseria, prejuzgar al mundo por lo que somos, como si fuéramos, a decir de los maracuchos, "el güevo de Cantoya", y no los pendejos cansados de siempre, resignados de siempre, esperando nuestro consuelo cuando se acabe el mundo. Y lo curioso es que Cuba parece que va a la fiesta capitalista cuando se está terminando a golpes y botellazos.



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Marcos Luna


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